¿Qué y cómo y quién escribe desde el presente en Argentina? Para (no) responder pienso en proliferación, brote: escrituras distintas que sin embargo pueden pensarse en conjunto a partir de ciertos gestos, de algunas preocupaciones. La poesía que escriben estas mujeres está lejos de la gran tradición lírica hispanoamericana, no van hacia poemas largos ni hacia formas cismáticas. Una enunciación discreta pero no por ello débil o innecesaria.

“Es lo contrario/ de irse por la tangente/ pero a la vez no es una opción/ realista-naturalista”: pienso que estos versos de Marina Mariasch son útiles para caracterizar ciertas manifestaciones. Fincadas en una aparente simpleza, muchas de ellas se abocan a esa estructura de la sorpresa por lo no dicho, por lo señalado apenas, muy cerca del desvío. Tengo en mente algunos poemas y poemarios publicados a partir de 2014, autoras de muy distintas edades: Liliana García Carril (1951) Marina Mariasch (1973), Clara Muschietti (1978), Elena Anníbali (1978), Mariana López (1981) y Tuti Curani (1990).

Escrituras oblicuas que eluden su centro y muestran en su lugar objetos, escenitas, alguna sorpresa pequeña. No es la emoción la que se evoca (ya lo sabemos bien: un poema no es escritura de emoción) sino la apariencia de algo insignificante o pequeño que luego se muestra perturbador, inquietante. Como los duraznos en este poema de Clara Muschietti que se encuentra en Podría llevar cierto tiempo:

Debería irme a dormir, pero me desilusioné mucho con los duraznos hermosos que compré hoy a la mañana a la salida del médico nuevo. Pensé que serían jugosos y riquísimos, pero no, son opacos y secos. No voy a comparar esto con mi vida. A veces no hace falta.

Pienso en los duraznos, ya sé que una desilusión tan tonta no tendría que ponerme así. El tema es que tengo un pasado.

Todo el día pensando en los duraznos, dejándolos para más tarde, haciéndome desear para nada. No los voy a tirar. Los voy a dejar en la heladera hasta que se pudran.

El tema es que tiene un pasado y a partir de esa frase se revela lo problemático de la fruta, su apertura hacia los sentidos apenas insinuados. Que la vida no se ponga literal, parafraseando otro fragmento suyo, parece ser la intención. Pero justamente eso no-literal es lo que se evade, lo que aparece sólo por ausencia o por alguna seña leve, como en una narratividad suspendida cuyos hilos se siguen pero no se concretan en conclusiones definitivas. Poemas que terminan antes de una última (y definitiva) irrupción de sentido: finales que son una última contención de aliento, pausa y no cierre.

Deberías pensar en el futuro, me dijo. No le hice caso, pensé que era metafórico, que en realidad me estaba hablando de otra cosa. Muchas veces pienso que hay un mensaje oculto en lo que la gente me dice, algo que tengo que descifrar, incluso creo que lo consigo. Ahora me doy cuenta de que era literal y que casi siempre pienso que las personas no me están diciendo lo que en realidad me están diciendo.

Oscilaciones entre literalidad y metáfora, entre objetividad y subjetividad —aunque ésta última ya no se asume por completo, puesto que la figura autoritaria de poeta es cada vez más débil.

El cuerpo es una casa tomada

Lo político en algunas de estas escrituras no es necesariamente explícito en términos del compromiso evidente sobre todo en las poéticas militantes de los setenta y ochenta, sino que se manifiesta a partir de la predilección por los espacios íntimos y domésticos, tradicionalmente excluidos de lo que la tradición ha considerado grandes poemas. No es, sin embargo, eso doméstico un sitio de abrigo: la casa es ominosa —y en esto sí empatan con un hilván mucho más largo, que viene de autoras como Olga Orozco o Marosa di Giorgio—. En el mismo libro de Muschietti aparece la infancia visitada una y otra vez, como la fundación del amor y de las estructuras: todo lo que nos duele sucedió ya cuando éramos niñas.

El último paseo familiar, con la familia ya quebrada, una mancha enorme, en todo lo que implique algo de cariño. (Muschietti)

Esa mancha enorme que ya para la edad adulta se resuelve con algo difuso (no un perro, o un gato, sino un animal doméstico) y no sin humor:

Un animal doméstico muy enojado me mostró los dientes, no le había hecho nada. Menos mal que no tengo cuatro años y sé, dentro de todo, separar las cosas. (Muschietti)

Baños, habitaciones, cocinas: espacios que las mujeres no tuvimos que reclamar porque ya eran nuestros y sin embargo nos han sido arrebatados discursivamente muchas veces: de eso no se habla porque no es relevante, han dicho, y entonces hay que nombrarlo de muchas maneras, configurarlo, posibilitar la presencia del poema ahí, como en el caso de Liliana García Carril:

ME SIENTO en la cocina en un banquito

como si me sentara en una piedra
y me sostengo la cabeza con el puño de una mano
pero no soy el hombre que piensa;

tenso el cuerpo es tiempo de la fruta

que madura se deja caer como una idea[…]

Intentos de objetividad que se sostienen algunos versos y luego se pierden. En el mismo libro:

SENTIRSE solo ¿es realista?

Voy a ser objetiva: estoy en la cocina

(solo)

 

la canilla gotea

 

                                   llueve

 

tomo whisky sin agua

tomo una ducha

me doy

una ducha

se hace un charco en el baño

el agua del charco no se mueve

no se va

el agua, aquí,

no conduce a nada

no puedo ser objetiva con el agua

la gata por ahí

lamiéndose.

Pero la voz se interrumpe justo cuando la objetividad se rompe, aparece la gata y distrae la atención de la escena del agua. La desarticulación de lo personal-referencial permite la conexión de quienes hablan en estos poemas con el resto de las personas; historias cortadas, fisuradas, en las que no hay un yo lírico estable sino un sujeto que va uniendo pedacitos.

En muchos de estos poemas hay voces infantilizadas y adolescentes pero no ingenuas, no primerizas: tienen conciencia de su incertidumbre y también del sitio en el que están paradas, aunque éste sea inestable, movedizo. Así, el inquietante inicio del libro de Mariana López, donde esa muñeca vestida y abandonada podría ser tanto el poema mismo como el sentido cerrado, eso que se prepara y se anticipa para no volver nunca a él:

Una nena prepara su muñeca para hacer un largo viaje. La peina, la viste con sus mejores ropas, improvisa un cinturón con un lazo, le calza unos zapatitos de plástico. Guarda otros vestidos y accesorios en una valija chica. Al momento de partir, deja la muñeca en la casa, abandonada para siempre.

Saltos imaginativos inesperados: aquí y allá como una niña que juega en el patio y luego, de un brinco, llega a su vida adulta. Sigue López:

A veces le digo algo a alguien y escucho el ruido

de un trapo que se rompe.

Coincide con alguna frase, como ser: “ayer, al final,

les conté de tu enfermedad”.

Entonces escucho el ruido de un trapo que se rompe.

Cuando me peleo con alguien no siento

olor a quemado, ni se me pone la cara colorada,

pero sí escucho el ruido

de un trapo que se rompe.

Veo mi futuro reflejado en el picaporte de la puerta:

voy a estar leyendo en un bar, pelada.

Para evitarlo tengo que volcar en la cama tendida:

jugo de naranja,

tierra.

En la mesa del bar se cae una maceta,

queda la forma cilíndrica.

Apreté fuerte la tierra, me acordé de mi padre. Todavía latía, o era

un terremoto muy suave, de grado bajo, como el que hubo esa vez

que decidí no llamarte, y vos tampoco me llamaste,

y no nos vimos más.

Saltos, más precisamente: montajes: no asociación libre ni conjuntos programáticos, retazos cuyo sentido no se concreta; de nuevo la predilección por lo inasible, lo que se anuncia sin enunciarse. Es en el hueco entre una imagen y otra que reside el sentido, la incomodidad que percibimos.

En La casa de la niebla, el libro de Elena Anníbali, aunque no hay la casa: en su sitio surge una casa difusa: en ella se gestan las primeras amenazas. La casa como el sitio de los afectos y también de las cargas:

[…] la zona te devora

si permaneces

la zona te asimila

te otorga la palabra hijo

te obliga a lamer su leche somnolienta

cuando te rebelas, caminas

el laberinto y ves:

un despiadado color de sangre

la astilla triste de los huesos

entonces comprendes

y rezas

a mitad de su estómago,

donde la loba tiene sus cosquillas

Y sin embargo, resistir la opresión e insistir:

pero buscás, aún, el hueso

de tu dicha,

el cráneo de yorick en la maleza, buscás

la perla que el cuervo llevó a su nido

buscás

tu alegría como una idiota.

Lo político es personal

Incluso cuando hay un espacio público éste tiene un tono íntimo, así pasa en Mariasch, quien además ironiza constantemente ideologías y conceptos filosóficos con alegría adolescente. De ella me entusiasma sobre todo su habilidad para articular lo económico y lo exterior con temas íntimos, en el cruce de elementos se revela cuánto de lo que parece interpersonal es en realidad permeado por una serie de relaciones del individuo con el campo social.

Ojalá todo se quedara quieto

la semilla no brotara.

Es el día después de las elecciones

y ganó el pueblo, todo es promesa

y papelitos en el suelo, es el primer día

que espié tu perfil y te mandé

algo, ni un sí ni un no, todo es promesa.

Un terreno fértil donde las palabras van plantando

movimiento a la superficie plana.

En la articulación del discurso político y el discurso amoroso (“La atmósfera cargada de tensión económica y sexual”, dice en otro poema) viene la promesa de futuro que después se cancela (“vas a poner algo de Cris en tu muro algo de Cris/ no irónico y el kirchnerismo/ nos separará el kirchnerismo/ nos separará/la militancia nos separará”). Pero lo que importa es la promesa que desvanece aunque sea durante unos cuantos versos la angustia.

En Tuti Curani lo que se ve del afuera está medidado por los aparatos:

un poema de ciencia ficción

cuatro am
anuncian en el noticiero
que se avecina una nueva avalancha
de mosquitos portadores de dengue
culpa del viento norte en su desviación
esto sólo lo dicen
los canales de noticias
de la televisión por cable
el resto de las emisoras de aire
o lo ignoran o desmienten
o repiten notas en un loop infrenable
sobre fraudes políticos y el índice de inflación
cuatro am
un joven cruza mal una avenida
y por seis milímetros se salva
de ser atropellado por un drone
que manejando borracho un fiat 600
le grita
latino & maricón
esto es posible
gracias al redneck que infiltrado en la deep web
hackeó la programación de varios drones
con un dosis de homofobia y xenofobia
pero heredaron el alcoholismo por default
en la ciudad de buenos aires
los semáforos causan varios accidentes por día
la confusión viene por el cambio de color en las luces
rojo verde y azul
como Telefé
la vuelta de Chiquititas
recaudó millones
y el canal compra el manejo de los semáforos al gobierno
desde entonces suben sus ventas de merchandising
todo gracias a la teoría puesta en práctica
de la película Inception.
-Leonardo Di caprio muere
sin recibir ningún premio de la Academia.-

No es que los hechos se minimicen, vienen como avalancha y pasan a formar parte de lo cercano, se reinventan (¿casi a manera de conjuro? ¿será que decir “ciencia ficción” implica desear que estas violencias no sean reales, que no sucedan en la vida?). No hay indiferencia: sí cansancio, sí una sadness estructural”, como ella le llama a eso que quiere sacarse de alguna forma: con baile y con drogas en un entorno para el cual, escribe, los raves ya no son una alternativa: “si las fiestas en las que crecí/ aún existieran/¿serían frenadas por la policía/ todo el tiempo?” Tal vez de eso se trate todo: no sin dolor, pero hacer una fiesta tan discreta que nadie pueda frenarla.

 

 

Textos comentados:

Anníbali, Elena. La casa de la niebla. Ediciones del Dock. 2015

Curani, Tuti. El cuarto del pasillo (http://elcuartodelpasillo.tumblr.com/)

García Carril, Liliana. La dura materia del pensamiento. Zindo & Gafuri, 2015.

López, Mariana. Velorio y velódromo. Vox, 2015.

Mariasch, Marina. Paz o amor. Blatt & Ríos, 2014.

Muschietti, Clara. Podría llevar cierto tiempo. Bajo La Luna. 2015