¿Cómo viven los refugiados indígenas venezolanos en Brasil, especialmente en el noreste?
¿Cómo los niños son los más afectados en la migración?

 

Texto: Evandro Almeida Jr e Luiza Palermo

Los Warao son el segundo grupo étnico más poblado de Venezuela con aproximadamente 49 mil  individuos. Son indígenas originarios de una región que se extiende por todo el estado de Delta Amacuro, lugar de origen de quienes viven hoy en Brasil. La región tiene una de las peores economías de Venezuela, la cual está basada en la pesca, la ganadería, la agricultura y la tala, principalmente, y el comercio local.

El nombre “Warao” significa “gente en canoa”, lo que explica la conexión del grupo con el objeto. Para ellos, la canoa no es solo un medio de transporte. Desarrollan su vida alrededor de la canoa y, en muchos casos, también su muerte. Sin embargo, la relación histórica establecida con las aguas se transformó como resultado de los procesos migratorios a la ciudad. Sin embargo, al contrario de lo que muchos piensan, los Warao no son una población nómada, sino una etnia que inició ciclos migratorios hacia los centros urbanos debido a las diferentes intervenciones en el territorio de origen.

Hay tres situaciones históricas consideradas claves para el inicio del “éxodo Warao”. El primero ocurrió en la década de 1920, cuando los buritizais, donde se constituyó la forma de vida tradicional de los Warao, fueron reemplazados por plantaciones de ocumo chino, una especie de yuca. La segunda situación importante es la construcción de la represa del río Manamo, en la década de 1960, que hizo que el suelo no fuera apto para la agricultura y comprometió la reserva de agua potable. En tercer lugar se encuentra la exploración petrolera en Pedernales, en la década de los noventa. La llegada de la industria no solo dañó el hábitat del grupo, obligándolos a migrar a la ciudad, sino que también introdujo nuevas enfermedades como el VIH y la tuberculosis.

En definitiva, el principal incentivo para la migración a las ciudades fue la búsqueda de mejores ingresos monetarios y calidad de vida, ambos asociados a la vida urbana, frente a la economía agraria subdesarrollada de las comunidades rurales, que apenas alcanzaba para la subsistencia de las familias. Sin embargo, una característica importante es que no existe desconexión de la comunidad de origen. Estos indígenas mantienen un movimiento constante entre ambos espacios, limitando su tiempo en cada ciudad de acuerdo con su capacidad para recolectar bienes, ya sea comida, ropa o dinero.

En los últimos años, la movilidad migratoria de este grupo se ha intensificado, debido al contexto político y económico en el que se encuentra Venezuela. Anteriormente, los desplazamientos se producían dentro del territorio nacional y, en algunos casos, a países cuyas fronteras están cercanas al Delta, como Trinidad y Tobago y Guyana. Ahora, sin embargo, incluye a otros países como Brasil, Ecuador, Perú y Colombia.

La primera vez que la prensa brasileña registró la presencia de Warao en Brasil fue el 10 de julio de 2014. En una publicación  del Portal Exame se informaba sobre la deportación de 28 indígenas Warao por parte de la Policía Federal de Boa Vista, en Roraima. Según la Policía Federal, los indígenas se encontraban en situación irregular en los términos del Estatuto de Extranjería. El hambre aparece como el principal motivo por el que se sienten satisfechos de venir al país. El acceso a los alimentos, aunque de manera precaria, hace de Brasil, a los ojos de los indígenas, un país rico.

Y esta migración se ha intensificado en Brasil en los últimos cuatro años, incluso con el aumento del número de niños. Especialmente en la región norte del país, donde se concentra la mayoría de los casi 5 milregistrados y monitoreados por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Refugiados (ACNUR). Hoy, la misma institución registra su presencia en los 26 estados de la federación y el Distrito Federal. Sin embargo, hubo un distanciamiento entre las culturas brasileña e indígena venezolana.

Jennifer Alvarez, asistente de Proyecto de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), responsable de las poblaciones migrantes e indígenas refugiadas en Brasil, destaca un punto que muchas veces genera esta “extrañeza” por parte de la población brasileña y que interfiere con la comprensión de la cultura Warao. Especialmente en lo que llaman “coleta”, que es pedir dinero en la calle. “En la transición de un medio rural a uno urbano, existen costumbres, hábitos y habilidades que provocan un alejamiento social que difiere de lo que se espera de la población urbana. Hablamos de un perfil de competencias relacionadas con la navegación, la pesca y la agricultura. Además de ocuparse del medio acuático, se utiliza muy poco en las zonas urbanas”.

Debido a esta falta de comprensión, la violencia provocada por la xenofobia es un obstáculo, incluso para los niños. “La persecución no es la forma de afrontar esta situación. El impacto está principalmente en el tema de los niños, el desafío es la comunicación tanto en la traducción literal, como en la forma en que ven el mundo.  A veces hay un enfoque agresivo, amenazas de sacar a los niños, niñas y adolescentes indígenas sin el apoyo de la Fundación Nacional Indígena (Funai)”, enfatiza Sebastián Roa, Asociado Senior de Protección y Soluciones Indígenas de ACNUR.

Al final, ¿son migrantes o refugiados?

“El camino o estado sería una autodeclaración. Lo que informamos a los pueblos indígenas es sobre sus derechos, de qué se trata y los caminos para llegar a este estado migratorio. Entonces parte del indígena opta por refugio o residencia temporal”, explica Álvarez de la OIM.

El tema de la documentación se atasca en ocasiones y se convierte en un obstáculo. Las instituciones locales o internacionales ayudan a los pueblos indígenas a comprender sus derechos y hacerlos realidad. Incluido el reconocimiento de la nacionalidad de los niños nacidos en Brasil.

Sin embargo, para Ailton Krenak, líder indígena brasileño, la definición es diferente. “Reconocemos a nuestros hermanos indígenas de cualquier región del continente como nuestros hermanos. Los Warao no son refugiados en Brasil. Son pueblos originarios que caminan por el continente americano”.

Krenak cita como pilar el Convenio 169 de la OIT sobre Pueblos Indígenas y Tribales, que otorga el estatus de libre tránsito a los pueblos indígenas que viven en las regiones fronterizas para que puedan cruzar sin tener que presentar documentación. Sin embargo, el caso de los Warao es más específico y por razones legales de la Policía Federal y del Ministerio de Relaciones Exteriores (Itamaraty) se les ofrece otro estatus, para que puedan ingresar a programas sociales del gobierno, que en algunos casos no se ofrecen a la población indígena brasileña en su conjunto. Aun así, no excluyen ni olvidan su condición de pueblo indígena, aunque sean extranjeros. Funai también es responsable de responsabilizarse de ellos.

Y de tantos estados de Brasil, ¿por qué emigrar al noreste?

La gran mayoría de los Warao viven en la región norte, especialmente por razones culturales y por contacto con el bosque. Pero en los últimos dos años otro territorio les ha llamado la atención. Y no tiene nada que ver con la geografía y el entorno del Delta Amacuro, pero lo han convertido en su hogar. 

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Este informe fue apoyado por el programa ‘Early Childhood Reporting Fellowship: Inequality and Covid-19 in Brazil, Venezuela and Colombia’ del Dart Center / Columbia University.

Entenda como indígenas venezuelanos refugiados estão vivendo no país em especial no nordeste e como as crianças são as mais afetadas na migração.

 

Texto: Evandro Almeida Jr e Luiza Palermo

Os Warao constituem a segunda etnia mais populosa da Venezuela com aproximadamente 49 mil indivíduos. São índios provenientes  de uma região que se estende por todo o estado do Delta Amacuro, local de origem de muitos que, hoje, vivem no Brasil. A região possui uma das piores economias da Venezuela. Baseada na pesca, pecuária, agricultura e extração de madeira, em sua maioria para subsistência e comércio local.

O nome “Warao” significa “povo da canoa”, o que explica a conexão do grupo com o objeto. Para eles, a canoa não é apenas um meio de transporte. Eles desenvolvem sua vida em torno da canoa e, em muitos casos, também sua morte. Porém, a relação histórica estabelecida com as águas, foi transformada em decorrência dos processos de migração para a cidade. Entretanto, diferente do que muitas pessoas pensam, os Warao não são uma população nômade, e sim, um grupo étnico que iniciou ciclos migratórios para centros urbanos, devido às diferentes intervenções no território de origem. 

Existem três situações históricas consideradas peça-chave para o começo do “êxodo Warao”. A primeira aconteceu na década de 1920, quando os buritizais, onde era constituído o meio de vida tradicional dos Warao,  são substituídos pelas plantações de ocumo chino — espécie de madioca. A segunda situação importante é a construção da barragem do Rio Manamo, na década de 1960, que tornou o solo impróprio para a agricultura e comprometeu o reservatório de água potável. Em terceiro lugar está a exploração petrolífera em Pedernales, na década de 1990. A chegada da indústria não só prejudicou o habitat do grupo obrigando a migração para cidade, como introduziu novas doenças, como HIV e tuberculose. 

Em suma, o principal incentivo para a migração para as cidades foi a busca por melhores receitas monetárias e qualidade de vida, ambas associadas à vida urbana, em oposição à economia agrária subdesenvolvida nas comunidades rurais — que mal dava para a subsistência das famílias. Porém, uma característica importante de citar é que não ocorre um desligamento da comunidade de origem. Estes indígenas mantêm um movimento constante entre ambos os espaços, limitando seu tempo em cada cidade de acordo com a capacidade de arrecadação de bens, quer seja alimentos, roupas ou dinheiro.

Nos últimos anos, a mobilidade migratória deste grupo se intensificou, em razão do contexto político e econômico em que se encontra a Venezuela. Anteriormente, os deslocamentos aconteciam dentro do território nacional e, em alguns casos, para países cujas fronteiras são próximas ao Delta, como Trinidad e Tobago e Guiana. Agora, porém, inclui outros países como o Brasil, Equador, Perú e Colômbia. 

A primeira vez que a imprensa brasileira registrou a presença Warao no Brasil, foi em 10 de julho de 2014. Em uma reportagem veiculada pelo Portal Exame, era informado sobre a deportação de 28 indígenas Warao pela Polícia Federal de Boa Vista, em Roraima. Segundo a Polícia Federal, os indígenas estavam em situação irregular nos termos do Estatuto do Estrangeiro. A fome aparece como o principal motivo para se sentirem satisfeitos com a vinda ao país. O acesso à alimentação, ainda que de forma precária, torna o Brasil, aos olhos dos indígenas, um país rico. 

E essa migração  se intensificou no Brasil nos últimos quatro anos, inclusive com o número de crianças aumentando. Especialmente na região norte do país onde se concentram a maioria dos quase 5 mil registrados e acompanhados pelo Alto-comissariado das Nações Unidas para os Refugiados (Acnur). Hoje é registrada pela mesma instituição a presença deles em todos os 26 estados da federação e no Distrito Federal. No entanto, houve um estranhamento cultural entre a cultura brasileira e a indigéna venezuelana.

Jennifer Alvarez assistente de projetos da Organização Internacional para as Migrações (OIM), responsável por populações migrantes e refugiadas indígenas no Brasil, ressalta um ponto que muitas vezes gera esse “estranhamento” por parte da população brasileira e que interfere no entendimento da cultura Warao. Especialmente no que chamam de “coleta” – que é pedir dinheiro na rua. “Na transição de um meio rural para o meio urbano há costumes, hábitos e aptidões que causam estranhamento social que diferem daquilo que é esperado da população urbana. Estamos falando de um perfil de aptidões relacionadas com embarcações, pesca e agricultura. Além do trato com o meio aquático, muito pouco utilizados no meio urbano.”

Devido a essa falta de entendimento a violência causada pela xenofobia atrapalha e sobra até para as crianças. “A perseguição não é o caminho para enfrentar essa situação. O choque se dá principalmente na questão infantil, o desafio é a comunicação tanto na tradução literal como no mundo que eles enxergam. Às vezes há uma abordagem agressiva, ameaças de retirada de crianças e adolescentes indígenas sem o apoio da Fundação Nacional do Índio (Funai)”, ressalta Sebastian Roa, associado Sênior de Proteção e Soluções Indígenas da Acnur. 

Afinal, são migrantes ou refugiados?

“O caminho ou status seria uma autodeclaração. O que nós difundimos é informar os indígenas de seus direitos do que se trata e os caminhos para se chegar a esse estado migratório. Aí parte do inidigena optar pelo refúgio ou de caráter de residência temporária”, explica Alvarez da OIM.¡

A questão da documentação emperra às vezes e se torna um entrave. Instituições locais ou internacionais ajudam os indígenas a entenderem seus direitos e conseguirem tê-los em mãos. Inclusive reconhecendo a nacionalidade de  crianças nascidas no Brasil.

Contudo, para Ailton Krenak, líder indigenista brasileiro, a definição é outra. A gente reconhece nossos irmãos indígenas de qualquer região do continente como nossos irmãos. Os Waraos não são refugiados no Brasil. Eles são povos nativos andando no continente americano.”

Krenak cita como pilar a Convenção n° 169 da OIT sobre Povos Indígenas e Tribais que dá status de livre-trânsito a indígenas que vivem em regiões de fronteiras para que possam cruzar sem ter que apresentar documentação. No entanto, o caso dos Warao é mais específico e por questões jurídicas da própria Polícia Federal e do Ministério de Relações Exteriores (Itamaraty) lhes é oferecido outros status, para assim entrarem em programas sociais do governo que em alguns casos não é oferecido à população indígena brasileira como um todo. Mesmo assim, não excluem nem se esquecem de seu status de povo indígena, mesmo que estrangeiro. Cabendo também à Funai, se responsabilizar por eles.

E de tantos estados do Brasil porque migrar para o nordeste?

A maioria maciça dos Warao vive na região norte, especialmente por questões culturais e contato com a floresta. Mas nos últimos 2 anos um outro território tem chamado a atenção deles. E não tem nada a ver com a geografia e o meio ambiente do Delta Amacuro. Entenda nas próximas duas reportagens como o nordeste se tornou o destino de muitos Waraos e porquê o estado da Paraíba virou seu lar. E como o estado entendeu a questão e atua com políticas públicas sólidas de amparo e mitigação de impactos. 

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Esta reportagem recebeu apoio do programa ‘Early Childhood Reporting Fellowship: Desigualdade e Covid-19 no Brasil, Venezuela e Colômbia’, do Dart Center/Columbia University.

Understand how indigenous venezuelan refugees are living in the country, more specifically in the northeast, and how the children are the most affected in the migration process.

 

By Evandro Almeida Jr and Luiza Palermo

 

The Warao people are the second bigger ethnicity in Venezuela, with about 49 thousand individuals. They are natives from a region in the Delta Amacuro State, the place many were born, before living in Brazil. It has one of the worst economies in Venezuela, based in fishing, livestock, agriculture and wood extraction, mostly for living and local commerce.

The name “Warao” means “canoeing people”, which explains the connection the group has with the canoe. For them, it’s not just a means of transport. Their lives are developed around a canoe, and in many cases, their deaths are too. However, the historic relationship established with the waters was transformed due the migration process to the city. However, unlike many people think, the Warao aren’t nomads, they are an ethnic group that started to migrate towards urban centers, due the different interventions on their native territory.

There are three historical situations considered key to the beginning of the “Warao exodus”. The first one happened in the 20’s, when buritizais, where the traditional Warao way of life was built, were substituted by the ocumo chino (a type of cassava) plantations. The second important situation is the dam construction of the Manamo River, in the 60’s, which made the soil unfit for agriculture, and compromised the potable water supply. In third place, there’s the oil exploitation in Pedernales, during the 90’s. The arrival of the industry not only damaged the group’s habitat, making them migrate to the city, but also brought new diseases, like HIV and tuberculosis.

In short, the main fuel for migration to the cities was the search for a better quality of life and higher incomes, both associated with the urban life, opposite to the underdeveloped agricultural economy present in rural communities — that was barely enough for the families to live with. Nevertheless, one characteristic worth naming is that there’s no complete detachment from the native community. Those indigenous keep a constant movement between both places, limiting their time in each city, according to the assets raised, them being food, clothes or money.

In the last few years, the migration mobility of this group has intensified, because of the political and economic scenario in Venezuela. Previously, the relocations usually happened inside the national territory, and in some cases, they would go to countries in which the borders were close to Delta, like Trinidad and Tobago and Guyana, for instance. Nowadays, however, there are other countries they go to, like Brazil, Ecuador, Peru and Colombia.

The first time the Brazilian press registered the Warao presence in Brazil was on July 10th, 2014. An article released by the Portal Exame informed about the deportation of 28 Warao natives by the Boa Vista Federal Police, in Roraima. According to the Federal Police, the indigenous people were irregular according to the Foreign Statute. Hunger is one of the main reasons for them to feel satisfied with their arrival in the country, since the access to food, even though it is precarious, still made Brazil rich in their eyes. 

This migration has grown in Brazil for the last four years, and the number of children also increased. Especially in the north of the country, where most of the 5 thousand people registered and followed by the UNHCR (The UN Refugee Agency) are. Today the same institution registers their presence in the 26 States plus the Federal District. However, there was a cultural estrangement between the Brazilian culture and the Venezuelan indigenous one.

Jennifer Alvarez, project assistant of the International Organization for Migration (IOM) and responsible for the migrants and indigenous refugees in Brazil, highlights an aspect that creates this estrangement of the Brazilian population, that interferes in the understanding of the Warao culture. It’s mainly because of what they call “gathering” – asking for money in the streets. “In the transition from a rural space to an urban one, there are traditions, habits and skills that cause a social estrangement, since those are not expected by the urban population. We’re talking about a set of skills related to fishing, agriculture and boats. Besides the proximity to the water, not really present in the urban environment.”

Since they are not understood, the violence caused by xenophobia is a burden and even kids are affected by it. “Harassment isn’t the way to face this situation. The shock happens mainly in the childhood area, the challenge is in the communication, as much as in the literal translations as in the way they see the world. Sometimes there’s an aggressive approach, threats of taking away children and teens who don’t have the support from FUNAI (National Indian Foundation)”, says Sebastian Roa, Senior associate of Indigenous Protection and Solution from UNHCR.

Afterall, are they migrants or refugees?

“The way to face this situation would be self-declaration. What we preach is to make indigenous aware of their rights, what they are, and how to get this migrant status. Then it’s up to the natives to choose between shelter or temporary homes”, explains Alvarez from IOM.

The documentation gets stuck sometimes, and it becomes an obstacle. Local or international institutions help the natives to understand their rights and have access to them, including recognizing the nationality of children born in Brazil.

Although for Ailton Krenak, brazilian indigenist leader, the definition is different. “We see our indigenous brothers and sisters of any region in the continent as our siblings. The Warao aren’t refugees in Brazil. They are originary people walking on American ground.”

Krenak references the ILO 169th Convention about Indigenous and Tribal People as fundamental, since it gives a free pass to natives living in border regions, so they can cross them without having to present any papers. However, the Warao case is more specific, and for legal reasons from the Federal Police and Ministry of Foreign Affairs (Itamaraty), it’s offered to them another status, so they can join government social programs, that in some cases aren’t offered to the brazilian indigenous population as a whole. Even so, they don’t delete or forget their status as native people, even as foreigners. It’s also FUNAI’s role to be responsible for them.

And why migrate to the northeast among so many other states?

The Warao majority lives in the north, especially because of cultural reasons and the contact with nature. But in the last couple of years, another territory has caught their attention. And there’s nothing to do with geography or the environment of Delta Amacuro. In the next two reports you will understand how the northeast has become the destination of many Warao, and why the Paraíba state is now their home. Also how the State understands this matter and acts through solid public policies for support and impact mitigation.

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This report was supported by the program ‘Early Childhood Reporting Fellowship: Inequality and Covid-19 in Brazil, Venezuela and Colombia’, from Dart Center/Columbia University.

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Evandro Almeida Jr

Brasil (1997). Es periodista móvil (MoJo) desde 2017 haciendo reporterías en Brasil y en el extranjero. Economía, diplomacia, cambio climático, migración, conflicto armado, derechos humanos y ciencia son temas que le interesan. Graduado en Periodismo por FIAM-FAAM es miembro de la RedLatam de Distintas Latitudes. También es fellow de Dart Center de la Universidad Columbia y Youth Climate Leaders. Fue trainee de Economía en el periódico ‘O Estado de São Paulo’ y trainee de innovación periodística en TV Band/YouTube y Galápagos Newsmaking.

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