No debía tener más de seis años. En mi pequeña casetera Fisher Price retumbaba lo más fino de lo fino del final de los ochenta: Llena tu cabeza de Rock… en Español. Una compilación que regalaba Coca Cola con grupos de Argentina, México, España, Chile y Colombia. Algunas bandas pasaron a la historia, como Los Prisioneros, Soda Estéreo y Hombres G. Otras difícilmente se encuentran en You Tube. ¿O La Sonora De Bruno Alberto, Alcohol Etílico y Casal aún le suenan a alguien?

Creo que fue una de las primeras veces que me dí cuenta que había algo más allá de Bogotá y de Colombia, gente y países con los que compartía algo. Las disqueras también lo entendieron, y el new wave en español invadió los diales de Ushuaia a Ciudad Juárez.

Hoy no son mis grupos favoritos, pero con seguridad puedo decir que fueron uno de los primeros puentes para que 20 años después me llamara la atención trabajar para Distintas Latitudes (DL). Si bien la revista todavía no la regalan por la compra de un litro y medio de Coca Cola, sé que hay algo que me importa en San Salvador, La Paz, Caracas, Tijuana o el DF.

No siempre es fácil trabajar en un proyecto como DL. Me ha tocado sacar tiempo los lunes por la noche o algún sábado para lograr cumplir con las entregas. A pesar de que no hay “platica” a final de mes por el esfuerzo, desde el principio me pareció una excelente idea, un proyecto que tiene potencial para crecer. A lo mejor en una de esas acabamos multimillonarios con DL

Igual todavía no conozco el primer periodista que haya escogido el oficio por dinero, así que en el fondo para mí no es un problema. Veo que el equipo de DL sigue firme, fiel, no ha dejado de trabajar y eso también me motiva para poner de mi parte.

A los lectores he tratado de darles una mirada sin complejos de Colombia y de mi trabajo. Muchas veces los colombianos, y creo que es una enfermedad que compartimos en toda América Latina, nos da pena mostrar nuestros defectos a los de afuera. Nos encantan los titulares como “Colombia, el país más feliz del mundo”, “Colombia es pasión” o “Colombianos: trabajadores y amables”. El que sale de esa línea es muchas veces tildado de traidor, pues “por culpa de gente como usted es que tenemos mala imagen”.

En DL justamente veo un continente que no es parecido a Miami, que es caótico (ver número sobre Movilidad y transporte público), un poco peligroso (crónica sobre el centro de San Salvador), con poca seguridad laboral (crónica sobre free lance en Argentina) y con una democracia enclenque (ver artículo sobre Golpe en Honduras y Manuel Zelaya). De hecho, en algunas cosas se parece mucho a lo que veo cuando me asomo por mi ventana en Bogotá. Y creo que en ese sentido DL es un éxito.

¡Feliz cumpleaños! Suerte y buen viento.