Jaime, 71, Bogotá, Colombia

Por: Valentina Castillo
Fotografía: Valentina Castillo

“En cierta forma, él cambió mi vida.” declara Don Jaime Garzón con similar determinación a la de aquel curandero que juró a su familia hacerlo caminar, así fuera tomado de las paredes.

En los 50s, Colombia fue asaltada por la epidemia de la polio, un virus que embistió la vida de Jaime con 18 meses y paralizó la mitad de su cuerpo. De esa época sólo recuerda a su madre, quien, desesperada, mordía sus piernas diminutas buscando reacción. Pero eso solo lo conseguiría aquel brujo, tras sumergirlo por quince días y catorce noches en una vasija con yerbas cocidas.

El presagio no tardó en cumplirse. Jaime caminó. Más bien corrió, jugó al básquet y al fútbol, siempre defendiendo (beneficiado por un ángulo de pies que desestabilizaba a sus oponentes). También fue poeta y dibujante. 

En 70 años acumuló cirugías, zapatos hechos a medida y miradas de quienes le desestiman por su andar pausado. Impasible, asegura que gracias a esas aguas verdes pudo cargar a su primera hija en hombros, aprender a bailar, concurrir al teatro Colón y conducir su pequeño Renault 4.

Quizás la única deuda que tiene es no haber podido volar, pero eso se lo deja a sus hijos. 

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