Rosario Ponce siempre tuvo la vocación de ayudar a las personas. Cuando era chica quería ser médica, pero no tuvo la posibilidad de estudiar. Desde los ocho años debió salir a trabajar para mantener su hogar.
Ya de adulta, cuando su esposo falleció, Rosario se encontró sola pero con una certeza: “quería hacer algo por los demás”. Y así lo hizo. En 2001 abrió el comedor comunitario “Unión de Madres”, en la localidad porteña de La Boca, donde más de 140 personas van de lunes a viernes a buscar comida. Desde ese momento, su vida se transformó en “un jardín lleno de flores”.
Su voz suave y dulce emana amor y ternura por el prójimo. “La sonrisa de ellos es el mejor regalo, lo que me mantiene viva”, dice entre lágrimas. Y es que en los últimos años, la vida la golpeó mucho. Sus tres hijos fallecieron en diferentes circunstancias de la vida. Pero su fortaleza la hace seguir en pie, ayudando a quienes más lo necesitan.
“Me importa haber pasado por esta vida y dejado una enseñanza de hacer algo para ayudar al otro”.