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Casa Tochan y su corazón salvadoreño

Por abril 29, 2019 septiembre 13th, 2019 Sin comentarios

Ilustración: Alma Ríos

Casa Tochan, el primer albergue que da asilo a migrantes y refugiados centroamericanos en la Ciudad de México.


En un colonia popular al poniente de la Ciudad de México, entre calles empinadas y un entorno que simula un laberinto se encuentra Casa Tochan, el primer albergue que da asilo a migrantes y refugiados centroamericanos en la Ciudad de México. El proyecto nació hace siete años y desde hace seis es coordinado por Gabriela Chalte (Ciudad de México, 1960), salvadoreña de corazón y defensora de los derechos humanos.

La mayoría de quienes habitan Tochan, que en náhuatl significa “nuestra casa” son hondureños, pero también hay salvadoreños y un nicaragüense. Además de Gabriela, siete jóvenes voluntarios trabajan junto a los migrantes en actividades académicas, artísticas y aquellas que permitan generar ganancias monetarias, como ofrecer platillos de sus lugares de origen con el fin de venderlos a los vecinos.

El éxodo centroamericano  marcó la agenda en 2018. ¿Qué vendrá en el futuro?  Para abordar esto y otros temas, Distintas Latitudes platicó con Gabriela Chalte, una mujer de espíritu aventurero y solidario que después de viajar sola a El Salvador cuando tenía 20 años y conocer la lucha que hizo durante la guerra civil de ese país Óscar Arnulfo Romero, mejor conocido como Monseñor Romero, decidió dedicarse también a defender los derechos humanos de las personas migrantes.

¿Cómo funciona Casa Tochan?

Casa Tochan empezó como un proyecto colectivo. Fue la necesidad de Sin Fronteras (organización civil mexicana dedicada en protección, promoción y defensa de los derechos humanos de las personas migrantes) por tener en la Ciudad de México un albergue para migrantes centroamericanos. Pidió apoyo a organizaciones que trabajaron con población centroamericana desde los años 80 y por eso llama a Casa Refugiados, Casa de los Amigos y al Comité Monseñor Romero que es de donde yo vengo.

El Comité Monseñor Romero recordó que tenía esta casa que se compró en los ochentas con el objetivo de proteger y dar cobijo a familias guatemaltecas que venían huyendo de la guerra pero que después de los acuerdos de paz todo el mundo regresó y este lugar quedó en desuso.

Fue así que llegamos aquí y fue así que surgió el albergue Tochan como el producto de la necesidad y solidaridad de estas organizaciones. Después el Comité Monseñor Romero se quedó como coordinador del albergue. Desde entonces, aún dentro de la estructura del Comité, el albergue ha tenido su propia dinámica y autonomía.

¿Cuál es la diferencia entre una persona migrante y una refugiada?

A nivel internacional, de acuerdo a los tratados de derechos humanos universales, hay ciertas características que distinguen a los refugiados, que son todas aquellas personas que llegan en busca de salvaguardar su vida porque en su país hay un conflicto interno, situación de violencia que no atiende su gobierno, que el Estado de su país no le garantiza una vida digna y tranquila. Un migrante es aquel que puede huir de la violencia, pero además tiene como añadido la situación económica de su propio país que no le da las condicione para vivir y que entonces trata de buscar otro lugar donde haya mejores oportunidades y que sólo están de paso en un país como México con el objetivo de llegar a Estados Unidos.

¿Qué relación tiene Casa Tochan con el barrio?

No te voy a decir que es una relación super fraterna. Es interesante porque cuando nosotros llegamos [los vecinos] sabían que la casa estaba pero no sabían que se convertiría en albergue para migrantes. En ese momento, no teníamos recursos para alimentar a los migrantes que estaban en el albergue y estudiantes de Trabajo Social de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) organizaron una feria multicultural en la calle y los migrantes hicieron un platillo de su país y se canjeaba por despensa. Esa fue nuestro primer acercamiento y fue bueno.

[…] La zona es una zona pesada. Hay mucha venta de droga y por ende mucha drogadicción. En un principio nos traían a migrantes que habían sido víctimas de delito y en particular la PGR nos entregó a tres migrantes que habían sido secuestrados, parecía que venían presos más que rescatados y los de la PGR con su indumentaria tan fea y dicen, no nos consta, aquí abajo guardaban droga y un señor nos reclamó por la presencia de los de la PGR. Le explicamos la situación y desde entonces se volvió un aliado del albergue. […] Las cosas están tranquilas y además nosotros siempre tratamos de tener acercamiento con ellos por ejemplo: tenemos un proyecto por parte de ACNUR para incentivar la actividad deportiva, pero aquí no hay espacio, entonces tenemos planeados colocar una portería de baloncesto afuera en la calle y quizá los migrantes no salgan a jugar pero queremos que sepan los vecinos que por nosotros están poniendo eso.

De los migrantes que han pasado por Tochan, ¿qué historia es la que más te ha impresionado?

Era un hondureño que tendría unos 45 años sino es que un poco más. Venía mutilado de las dos piernas, en silla de ruedas. Y si tú ves cómo es la infraestructura del albergue pues no da para tener a personas con sillas de ruedas. Me impresionó porque tenía una fortaleza que las escaleras no le pesaban y que él solo cargaba su silla. En ocasiones regañaba a los muchachos porque veía que pocos solidarios eran, pero el señor no dejaba ser ayudado y no por orgullos sino por creerse capaz.

No recuerdo su nombre. Perdió sus piernas en La Bestia (el tren) y eso no lo detuvo para seguir. Consiguió refugio en México y por ahí debe andar. No tenemos contacto pero lo que sabemos es que él quería vivir en el campo.

Durante su paso por tierras mexicanas, ¿a qué situaciones se enfrentan los migrantes?

A la indolencia del propio gobierno mexicano para entender y atenderlos, cuando hasta es un mandato constitucional. Y segundo a la delincuencia, de venir huyendo de la violencia llegan para enfrentar más violencia. Los migrantes son gente vulnerable y aunque vengan caminando son invisibles, o al menos así era hasta hace poco, pues obvio que son sujetos y sujetas de las violencias más fuertes.

Cuando abrimos el albergue fue en tiempos de Calderón (ex presidente de México) y su famosa guerra contra el narcotráfico, en ese contexto había más situaciones violentas para los migrantes porque la cuestión más curiosa era que la policía los agarraba como si fueran narcotraficantes o los sicarios los agarraba para trabajo forzado.

Luego Peña Nieto con su famoso Plan Frontera Sur que ya no los dejó subir a La Bestia (el tren) y que ante la necesidad de salvaguardar la vida ninguna frontera es realmente frontera y los obstáculos se saltan. Hoy con las caravanas, a nosotros como organización que sirve a la migración nos da temor recibir una cantidad tan grande, al gobierno más y al pueblo que está contaminado con ideas inválidas pues también. Nos asustó que vinieran 7 mil personas juntas pero si revisas los informes de las personas que entran al país son más, pero entran invisibles y con más vulnerabilidad. Creo que las caravanas muy probablemente sean algo más recurrente que de alguna manera los protege y que es un reto tanto para los gobiernos por donde pasan como para las organizaciones que atendemos a esta población.

Con la entrada del nuevo gobierno federal, ¿qué expectativas tiene Casa Tochan?

Estamos viendo una diferencia, pero le damos el beneficio de la duda. Nos da miedo esos dobles discursos: el gobierno dice que no vamos a ser un tercer país seguro pero en la práctica lo estamos fortaleciendo y realmente no estamos preparados. Y por otro lado el presidente (AMLO) dice que nada por encima de la ley.  Y es contradictorio tanto para la ley de migración en México como para las leyes migratorias de Estados Unidos que alguien solicite refugio y no esté en el lugar donde solicita el refugio.

Estados Unidos en su ley es clara: si pides refugio en mi país debes estar en territorio norteamericano. Y la ley mexicana es clara de si no solicitas refugio en México no tienes por qué estar en territorio mexicano y lo que yo (migración) tengo como tarea es deportarte. Y entonces ahí se viola el derecho de la no devolución.

En ese sentido es que decimos que están tratando de dar aparentemente una solución pero que también hace que evadan su verdadera responsabilidad de proteger y ayudar a los migrantes. Yo sigo pensando que la expectativa es estar pendientes e ir organizándonos.

¿Cual es el mayor reto de la población centroamericana frente a las próximas caravanas?

La organización. Yo creo que el mayor reto es que sean capaces de organizarse de la mejor manera y de acuerdo a las necesidades de cada grupo que va saliendo.

El gobierno mexicano está dando las tarjetas en el sur, sin embargo, 2 mil personas no quisieron acogerse y vienen caminando. Es un punto bueno decir que no los están deteniendo pero también ha hecho que esos grupos se dispersen, puedan ser sujetos de víctimas de delito y el gobierno pierde el control.

¿Se quieren quedar en México lo migrantes centroamericanos?

No. Ellos lo que quieren es cruzar el territorio mexicano. No les interesa quedarse en un territorio donde no van a ganar más que lo que tal vez ganan en su país, con la desventaja de que aquí compran cosas que en su país no pagarían, a lo mejor van a estar libres de violencia y eso entre comillas porque nosotros también ya somos un país bastante violento. […] Lo que tenemos que estar luchando es por cambiar las formas de querer estigmatizar a la población migrante, así como obligar a los gobiernos a que estudien realmente los casos y que vean que cada uno es particular.

Y que se reflexione, ¿no? Estados Unidos se enoja porque vaya gente allá, pero es el principal responsable de que toda América Latina estemos mal. Es una cuestión de estructura que habría que cambiar.

¿Cuál es tu comida y bebida centroamericana favorita?

De comida me gustan los pupusas. Y bebida, tal vez la horchata.

¿Cuál es tu lugar favorito en Centroamérica?

Yo digo que soy mexicana y tengo mucho corazón salvadoreño. Yo era una muchachita de ciudad, soy hija única y fui hija de un matrimonio mayor, por lo tanto, no tuve oportunidad de vivir cosas, de disfrutar paseos en campo, de un paseo en bicicleta porque resultaba peligroso. Después de que me pude liberar, el viajar sola fue una de las cosas más importantes que me tocó hacer y conocer la zona de Guazapa en El Salvador donde había una mayor victoria de la revolución (Guerra Civil) en ese momento pues me inspiraba mucho el campo, la montaña. A pesar de que El Salvador es un país parejo, esa era su virtud. Nuestros revolucionarios (mexicanos) tenían los cerros y montañas para esconderse pero El Salvador no. El ver que eran capaces de esconderse aun en la planicie era algo muy admirado para mí. Caminar esos campos tan parejos pero que tú sabías que abajo había escondites de la guerrilla era maravilloso. Esos caminos y esos paseos en Guazapa me gustan mucho. Y era así como lo ideal porque se estaba luchando por un cambio social.

mm

Georgina González

México (1991). Periodista independiente egresada de Comunicación por la Universidad Nacional Autónoma de México. Le interesa escribir sobre las infinitas posibilidades de habitar el género y la identidad, así mismo sobre las resistencias de los movimientos sociales. Ha publicado en varios medios digitales como Kaja Negra, El Beisman, Revista Hysteria. Colaboró en Desastre MX.

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