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Diego González, el tico detrás de la opinión consultiva que abrió la puerta al matrimonio igualitario en toda América Latina

González es un joven abogado costarricense. Él estuvo detrás de la idea de plantear la solicitud de opinión consultiva sobre el matrimonio igualitario ante la Corte IDH cuando trabajaba como asesor legal en Casa Presidencial en el gobierno del entonces presidente Luis Guillermo Solís (2014-2018).

 


 

El 9 de enero de 2018 fue un día de celebración para colectivos LGBTI+ en Costa Rica. Cambió el rumbo de las elecciones presidenciales y legislativas que estaban por celebrarse en ese país centroamericano. Ese día, la Corte Interamericana de Derechos Humanos (Corte IDH) respondió una solicitud de opinión consultiva sobre los derechos de las parejas del mismo sexo y el derecho a la identidad de las personas trans que el gobierno costarricense había planteado un año atrás. 

La opinión consultiva de la Corte abrió la puerta al matrimonio igualitario no solo en tierras ticas, sino en todos los países de la región que integran el Sistema Interamericano de Derechos Humanos. Su impacto alcanza al proceso que llevará al matrimonio igualitario en Costa Rica en 2020 —también sirvió de base para la aprobación del matrimonio igualitario en Ecuador este 2019, el reconocimiento de la identidad de género en Chile el año pasado, y nuevas acciones por matrimonio igualitario que esperan respuesta en Honduras y El Salvador—. 

Pero, ¿de dónde surgió la idea de presentar esta solicitud desde el seno de la presidencia de Costa Rica? En Distintas Latitudes entrevistamos a Diego González Fernández (San José, 1991), un joven abogado costarricense. Él estuvo detrás de la idea de plantear la solicitud de opinión consultiva ante la Corte IDH cuando trabajaba como asesor legal en Casa Presidencial en el gobierno del entonces presidente Luis Guillermo Solís (2014-2018). 

González habló sobre el proceso tras bambalinas que dio luz verde a la opinión consultiva, sus recientes estudios en España y sus principales preocupaciones sobre el futuro de Costa Rica.

¿Cómo surge la idea de la opinión consultiva? 

Lo primero que hay que aclarar es que el gobierno, como institución formal, es parte de algo más grande, que es el sistema político, el cual incluye a la sociedad y a los actores que están dentro de ella. El gobierno como tal responde a las demandas que se le presentan de forma directa o indirecta. 

Lo que el gobierno trata de hacer es dirigir esas demandas. A lo interno del gobierno, un poco más anecdótico, la idea ocurrió cuando mi entonces jefe, Marvin Carvajal, el exdirector jurídico de presidencia, veníamos en la calle de una reunión que tuvimos hacia Casa Presidencial. Se acercaba el día contra la discriminación por motivo de orientación sexual e identidad de género. Yo le pregunté qué podíamos hacer en ese tercer año de la entonces administración del presidente Solís Rivera. Él me dijo que revisara un poco el tema de la Corte Interamericana y del proceso de planteamiento de solicitudes de opiniones consultivas. Entonces, a partir de esa carta que mi jefe me dio, yo empecé a investigar. Hice una ruta política, una ruta jurídica que estudiamos en conjunto. Y en esa parte técnica, otro compañero que trabajaba en el viceministerio de la Presidencia, William Vega, también ayudó. Pero en corto, la idea surgió en un viaje en carro del ICE a la Presidencia, en esa conversación entre mi jefe y yo.  

¿Cómo fue el proceso interno en Presidencia? 

Luego de que el señor presidente delegara el trabajo político en la vicepresidenta, Ana Helena Chacón, convergimos y realizamos un trabajo por un lado técnico, que era la presentación de la solicitud. Esto en coordinación con la Cancillería, y junto a eso, más que todo el despacho de la vicepresidenta y el viceministerio de la Presidencia. […] El día de la presentación estuvieron presentes muchas organizaciones de sociedad civil, jerarcas de instituciones públicas en el momento en que Ana Helena Chacón y otras autoridades firmaron la solicitud de opinión consultiva. Después de eso, al día siguiente fui yo a presentarla personalmente a la Corte (Interamericana de Derechos Humanos). Lo cual es un lujo que tenemos como país de poder hacerlo, al tener la corte acá. Normalmente los escritos se envían por correo electrónico o fax, pero una experiencia muy bonita poder ir a entregar esa solicitud tan importante en forma directa a la corte. Lo único que lamento de esto es que, si bien consta el documento digital de que fue presentada, guardé también el documento físico que no sabemos dónde está. 

¿Cómo te sentiste el 9 de enero de 2018? [El día en que la opinión consultiva se hizo pública] 

En ese momento, uno no tenía conciencia, por lo menos personalmente, de las implicaciones que a nivel no solo país, sino también interamericano, iba a tener la opinión consultiva. Pero al ver el contenido, que fue bastante integral en el tratamiento de los dos temas, parejas del mismo sexo e identidad de género, no pudo ser más que emocionante hasta las lágrimas. El ver cómo a nivel del Sistema Interamericano, no solo Costa Rica, sino cualquier país y los colectivos y las personas de todos los países se iban a ver beneficiados de esta resolución. 

Yo creo que, a final de cuentas, ahí entró el corazón. Fue emotivo ver el contenido del fallo, pero igualmente sorprendía en términos ya no solo emotivos, sino en términos técnicos. Esa integralidad que le dio la Corte al tratamiento del tema, donde no dejó ningún cabo suelto, y más bien reconoció a las parejas del mismo y a las personas con una identidad autopercibida diferente a la asignada al nacer, tantos derechos. Lo que mencionaba antes de que uno estaba muy emocionado. Pero cuando entra a la parte racional, al ser una opinión consultiva no todos los países tienen la jurisprudencia que tiene la Sala Constitucional de Costa Rica del acatamiento obligatorio de la opiniones consultivas de la corte. Entonces, creo que si bien uno se emocionó, y vio la calidad de la opinión consultiva, uno se la creyó cuando empezó a ver, no solo en Costa Rica, sino en otros países que se empezaba a aplicar la opinión. Fue algo que me dejó sin palabras y que me dejó con lágrimas de felicidad.

¿Qué lecciones te dejó ese proceso?

[…] A nivel personal, fue muy provechoso ver que cuando en conjunto, en este caso, con don Marvin Carvajal, se tiene una buena idea. Una idea que se logra construir a partir de la conversación con los diferentes actores gubernamentales, a nivel de Presidencia y de Cancillería, como se dice coloquialmente, hay que mandarse. Eso no solo aplica para quien, como yo en ese momento, tuvo un puesto de asesoría en el gobierno. Aplica para cualquier persona que tenga ese tipo de ideas, que son ideas disruptivas, y que siempre van a tener un impacto, en la parte del mundo en la que a uno le tocó vivir. La primera lección fue personal, de cómo hay que no tenerle miedo a las ideas y a la ejecución de esas ideas, siempre que vayan en protección del interés general, cuando uno es funcionario público. 

A nivel del sistema político, la mayor lección que me dejó es que siempre un país va a tener las válvulas de escape para poder dar respuesta a las demandas ciudadanas. Cuando hay problemas de gobernabilidad en un régimen político, y además instituciones como la Sala Constitucional, que desde el 2013 tenía una acción sobre el tema de matrimonio igualitario que no había resuelto, eso lo que crea es una serie de inercia, una serie de inmovilidad en la toma de decisiones. Y normalmente, lo que ocurre en los estados que tienen problemas de gobernabilidad dentro del Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, es que el Poder Judicial entraba y era el que venía a resolver las demandas que no eran estudiadas por esos dos poderes. Pero en este caso, el Poder Judicial tampoco estaba actuando. Fue muy preocupante esa parálisis en este tema. Fue bastante alentado ver cómo siempre en un sistema político democrático, como es Costa Rica, pudo tener una válvula de escape y de solución, como fue la Corte Interamericana, para la resolución de estas demandas. 

¿Cómo terminaste estudiando en España?

Me fui a estudiar a España porque concursé en la Fundación Carolina por uno de cinco puestos que habían para el máster en Derecho Constitucional que daba el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales de Madrid. Es un centro muy reconocido a nivel iberoamericano. Ese sueño de estudiar en España no lo construí de un día a otro, me acuerdo que desde quinto año de colegio y el primer año en la U, ya tenía como meta estudiar en España. Específicamente en ese centro. Específicamente esa maestría. Entonces, si bien mediante este concurso con la Fundación Carolina que entré y obtuve la beca y me fui a estudiar, fue un sueño que fui construyendo desde hace bastante tiempo. 

¿Qué fue lo que no te hizo falta de Costa Rica?

Lo que no me hizo falta de Costa Rica fue la movilidad urbana. Madrid tiene muy claro la pirámide de prioridades en temas de movilidad urbana, de peatones, transporte público, bicicletas, y hasta el fondo se encuentran los carros. Y eso es algo que lamentablemente acá no forma parte de la cultura todavía. Y tampoco la movilidad urbana está en un nivel tan avanzado como ese.

¿Cuáles son tus artistas latinos favoritos?

Mi cantante latino favorito es Alejandro Filio, porque me transporta a los primeros amores y desamores de mi vida. De escritores, Gabriel García Márquez, no hay otro. No hay nada como su narrativa de la mano del realismo mágico. A García Márquez sí lo conocí al inicio por obligación, porque era un libro que había que leer en el colegio, Crónica de una muerte anunciada. Pero después de eso, fue un total enamoramiento de su narrativa.

Después de mayo de 2020, ¿qué pendientes le quedan a Costa Rica en derechos LGBTI+?

Muchas veces en los países el reconocimiento de derechos de determinados grupos de población, que son la diferencia entre vivir en la marginalidad y vivir una vida plena, se encuentran más avanzados que el propio entendimiento que la gente que forma parte de ese país. Pero, esa falta de entendimiento, siempre he considerado yo, que no puede hacer que el reconocimiento de esos derechos tenga que esperar. Es así que creo que el principal pendiente que queda en derechos LGBTI+ en Costa Rica es relacionado con la educación. Y no solo la educación de las personas del colectivo, sino de la sociedad costarricense. La educación sobre este tema, que al final de cuentas forma parte de la integridad y la autorrealización de las personas, pero en general del tema de derechos humanos. E igualmente, hay que esperar a mayo de 2020 para ver cómo los juzgados empiezan a aplicar la sentencia de la Sala Constitucional, para ver si a partir de ahí nacen nuevos pendientes. Pero por ahora, el principal es educación.

¿Cuál es tu película favorita?

Mi película favorita es estadounidense se llama Silver Linings Playbook. Es una comedia-drama que trata el tema de la salud mental, y además de que es una muy buena película, está muy bien hecha, la vi en un momento muy importante de mi vida, viviendo temas relacionados con la salud mental. Por eso, la tengo con mucho cariño. Está basada en un libro, y el libro es espectacular.

¿Cuál es tu principal preocupación sobre el futuro de Costa Rica?

No es una mentira cuando se dice que Costa Rica es la democracia más antigua de América Latina. Y aún hoy, junto con Uruguay y Chile, las únicas que son calificadas como democracias plenas por los diferentes índices que miden la calidad democrática de los países latinoamericanos. Pero hay algo que en esos índices no se ve reflejado, y que es mi principal preocupación sobre el futuro de Costa Rica. Es el tema de la gobernabilidad democrática. Si bien no podemos dejar de reconocer todos los logros que fueron alcanzados en materia de democracia y de su mantenimiento de forma ininterrumpida como ningún otro país de América Latina, hoy vivimos en una sociedad que tiene dos defectos. Son dos defectos bastante graves para cualquier sistema político: que sus representantes tienen poca legitimidad, y que existen problemas de eficacia, donde los representantes no se encuentran legitimados, y esos representantes que no están legitimados no realizan un trabajo eficaz para la solución de los problemas de la ciudadanía. Esto requiere una reforma estructural del Estado, y entrar al estudio de la relación entre el Poder Ejecutivo y el Poder Legislativo, para aumentar la gobernabilidad democrática. 

Entonces, mi principal preocupación es la dificultad que se ha tenido de hacer un balance entre las cuestiones de corto plazo que deben ser atendidas, y las grandes transformaciones políticas que tienen que realizarse para mantener esa democracia, la más antigua de América Latina, como tal. Esto no es un producto inerte que no puede cambiar. Sí puede cambiar. Y puede cambiar para mal si no se atienden estos temas estructurales, más de largo plazo.

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Ilustración de portada: Alma Ríos
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Diego Perez Damasco

Diego Pérez Damasco (1992) es editor y reportero de Distintas Latitudes para Centroamérica. Trabajó en el medio digital La Prensa Libre en Costa Rica. Es uno de los 16 integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos. Twitter: @diedamasco.

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