Conversamos con Diego Vallenilla, un fotógrafo venezolano que creó un proyecto fotográfico en donde venezolanos y venezolanas expresaron sus deseos por medio de carteles. Los deseos quedaron albergados en su cuenta de Instagram.


 

La biografía del Instagram de Diego Vallenilla tiene una descripción particular, casi atípica para un venezolano hoy en día. Aquel lugar donde describe quién es, qué hace, a qué se dedica, solo consta de cinco palabras: “Un venezolano viviendo en Venezuela”. Cinco palabras que, tratándose de alguien que vive en un país con un éxodo de 5 millones 082 mil 170  personas, dicen mucho más de lo que parece.

El resto, Diego lo dice con imágenes. Por eso, en medio del aislamiento, creó un proyecto fotográfico en donde venezolanos y venezolanas expresaron sus deseos por medio de carteles: desde finales de abril hasta el 27 de junio —cuando anunció con un video el cierre de la primera parte del proyecto— Diego fotografió a periodistas como Shirley Varnagy, influencers como Mariela Celis, médicos, sacerdotes, “personas de a pie” y más.

—Ya ves, Flavia, yo no inventé gran cosa. Para mí este proyecto fue como una mezcla de varias ideas que ya existen. Existen fotografías de gente en la cuarentena, existen hace años los carteles como medio de expresión y al final lo que yo hice fue una mezcla con un objetivo claro: registrar, desde un punto de vista un poco más ligero y ameno, la cuarentena. Por eso pedí a la gente que escriban sus deseos en carteles y les tomé una fotografía. Y como pido a las personas que me respondan con carteles, yo también armé un cartel.

Fiel a su biografía, esta vez las palabras que plasmó en él no fueron cinco, sino dos:

Diego, ¿cómo surgió el proyecto?

Bueno, yo estaba en cuarentena cuando se me ocurrió. Aquí ya teníamos un poco más de dos semanas de aislamiento decretado y yo no estaba tomando fotos, entonces me cuestionaba cómo era posible que no estuviera documentando todo lo que pasaba. El problema era, la verdad, que veía otros trabajos fotográficos y no quería hacer más de lo mismo. Ya había fotos de gente con las mascarillas, fotos de las calles desoladas, entonces decidí crear otra cosa y buscar un registro más parecido al mío. Mi Instagram es todo optimista, tiene un registro ligero, así que así fue naciendo el proyecto, que escaló un montón.

 

¿Todas las fotografías fueron espontáneas? ¿Una vez decidido el proyecto, agarraste la cámara, pintaste el cartel y saliste a la calle?

No, las primeras fotos fueron coordinadas. Yo llamaba a la gente, las contactaba por Instagram, les preguntaba cómo iba la cuarentena y les preguntaba qué quisieran en ese momento. Sé que todos queremos salud, pero además de eso, todos queremos algo muy personal, entonces eso preguntaba y sigo preguntando. Después pedía que me lo escribieran en un cartel y me acercaba a su ventana. También les preguntaba dónde vivían, porque lamentablemente no puedo fotografiar un piso 20 y así fui haciendo las primeras fotos.

 

¿Y hoy en día cómo es el backstage?

Ya ves, cuando el proyecto despegó era otra cosa. Comenzó a escribirme gente que yo no conozco, a contarme su historia, dónde está, qué quisiera y yo ya iba a su casa. Lo que traté, una vez que escaló el proyecto, es que los deseos no sean repetidos. También a veces salía con el aviso y buscaba una reacción espontánea, pero eso lo hacía más que nada en zonas populares porque lo permiten las casas, la distancia; yo podía hablar antes con la persona asomada y explicar el proyecto.

 

Cuéntame un poco más de esto: ¿en tu proyecto notaste que era distinta la fotografía según el barrio a donde ibas?

Pues mira, en las construcciones en los barrios no hay muros en las casas, tú caminas y ya la ventana da a la calle o al pasillo, entonces el contacto con la gente es muy directo. Se asoman de la ventana o del balcón y tú estás a la misma distancia. En otras zonas eso no pasa, por los caminos, los edificios.

 

 
 
 
 
 
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¿Y recorriste todo Caracas para este proyecto? 

Sí, busqué recorrer todo Caracas porque cuando comencé a hacer el proyecto lo hice en zonas de clase media, aquí entre los vecinos y en un momento me di cuenta que el proyecto iba a estar incompleto si lo hacía de pura clase media y de puro influencer, entonces fui a buscar deseos a otras zonas. También quería saber qué anhelaban allí.

 

¿Qué notaste?

Que hay un punto de encuentro en los deseos de todos en esta situación. Cuando fui a barrios populares temía que hubiera una diferencia marcada con lo que venía retratando. Yo no me meto en los deseos de nadie, pero creía que quizás iban a pedir trabajar, agua y resulta que, para mi sorpresa, los deseos son los mismos. La gente quiere abrazar a los hijos, reencontrarse con los amigos, no jugar más juegos por Internet. La cotidianidad se convirtió en un deseo. Una de las fotos de mi Instagram es de una señora que está cansada de jugar ludo virtual y quiere poder jugarlo en persona. Quizás en otra zona cambie el juego, pero al final el deseo es el mismo: no importa si es ludo o dominó, el deseo es reunirse.

 

Diego, te describes como “un venezolano viviendo en Venezuela” y has ido por todo Caracas buscando fotografías. ¿Crees que, finalmente, lo que estás retratando, es a Venezuela hoy en día?

Sí creo que he mostrado a Venezuela, pero he mostrado otra realidad. En entrevistas me han dicho que les gustó mi idea porque es otra manera de mostrar Venezuela y no siempre ver el tema político, la crisis venezolana. Me han dicho que el proyecto es distinto. Igual yo creo que los deseos son también un registro de lo que sucede hoy en día. La diáspora venezolana, que es una tragedia, se ve en los deseos de la clase alta, y en barrios populares: todos anhelan lo mismo que es abrazar a sus hijos, que viven afuera. Eso también es un registro del país y la época.

 

¿Cuál fue el primer deseo que retrataste?

El primero fue pactado, fue una amiga mía que tiene dos bebés muy pequeños y su deseo era mandarlos al colegio. Es la primera foto que publiqué. Fue muy cómico lo que pasó con esa foto, porque yo no subo nada a Instagram de mi vida privada; entonces ella estaba emocionada porque iba a aparecer, y creyó que lo iba a subir a stories o algo así, en la foto ella está en pijama con los nenes y se ve la desesperación de una madre en cuarentena. Al día siguiente la fotografía apareció en la BBC de Londres por la repercusión del proyecto.

 

 
 
 
 
 
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¿Esperabas esta repercusión?

Para nada, fue una sorpresa y ha sido también una lección para mí: aprendí que no hay que subestimar las ideas, no hay que sabotearlas. Que te la saboteen otros en todo caso, pero no tú. Yo soy muy fastidioso y no sabes todo lo que me lo pensé antes de lanzar el proyecto pero un día, de repente, me escriben de la BBC, Univisión, Telemundo y aprendí que no hay que subestimar las ideas y hay que ponerlas a rodar. Por eso, ahora yo ya tengo pensada la segunda parte del proyecto: una serie de los deseos cumplidos. Y mi deseo es que todos salgamos con salud para que los pedidos se cumplan y yo pueda salir nuevamente a fotografiar. Es mi deseo y el de algunos de mis entrevistados.

 

¿Cómo quiénes?

Pues mira, como la madre de la primera foto que no esperaba tanta repercusión. Ya ves que mi amiga es muy graciosa, entonces ahora que sabe que habrá segunda parte, me advirtió, entre risas, que al colegio a los niños los llevará bien arreglada, por si sale nuevamente en la BBC.

 

***

El 27 de junio, tras dos meses de toma de fotografías, Diego publica en su Instagram un video dando cierre a la primera parte del proyecto. Días atrás, mientras aún retrata deseos, se entera que la beatificación de José Gregorio Hernández, uno de los anhelos de la serie, ya es un hecho. Mientras lo escucha, sonríe. Algunos deseos se empiezan a cumplir.

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Ilustración de portada: Alma Ríos.

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Flavia Fiorio

Argentina, 1993. Le gusta contar historias en 20 mil caracteres, no en 180. Trabajó en Política Argentina, El Destape y colaboró en medios como Cosecha Roja. Es fanática de los perfiles. Disfruta ir por la vida buscando personajes curiosos, particulares, a los que ella llama “esos que parecen salidos de un cuento de García Márquez”.

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