Natalia Espitia fundó Niñas Sin Miedo, una organización colombiana con el objetivo de empoderar y fortalecer habilidades, y brindar herramientas para la construcción de un proyecto de vida de niñas y adolescentes a través de la educación, el deporte y el apoyo psicosocial para prevenir la violencia sexual y el embarazo no deseado en menores.

 


 

Natalia Espitia tiene 31 años. Es publicista y famosa por sonreír con los ojos. La gente que la conoce murmura que ella siempre tiene en la mente alguna canción de Soda Estéreo o Fito Páez y cuando menos te lo esperas está cantando a todo pulmón. Creció en un barrio popular de Bogotá, Colombia. Cuando era pequeña una de las cosas que más disfrutaba era jugar a la profesora con sus peluches y su amiga Luisa, con quien había montado una mini empresa de helados y postres. Tenía esa rebeldía de crear cualquier cosa que se le ocurriera. Nunca soñó con que quería ser de grande, pero cuando se subía a la cama de su abuelo creía que era una artista y la gente cantaba con ella. Eso la hacía feliz.

Era tanto la ilusión de crear y tener algo que le importara para siempre y, además, tuviera que ver con su historia de vida que Natalia nunca se imaginó que una idea se convertiría hoy en una revolución por los derechos de las niñas en una país como Colombia.

En Colombia, según cifras del Instituto Nacional de Medicina legal reveló que en 2019 entre enero y abril habían sido abusadas sexualmente 6,085 niñas menores de edad y asesinadas 33. Lo que revela que en este país cada día 55 niñas sufren de abuso sexual; es decir que cada dos horas una menor de edad es víctima de violencia sexual.

La violencia sexual en Latinoamérica es un virus que se propaga sin ningún freno y las principales víctimas en los países de la región son las niñas y adolescentes. Lo más alarmante de todo es que esta violencia se produce en los entornos más cercanos y los perpetradores, en su mayoría, son parte de la familia: padrastros, padres, tíos, hermanos y/o primos.

Natalia es la fundadora de Niñas Sin Miedo, una ONG colombiana que se encuentra en el municipio de Soacha. Tiene como objetivo empoderar y fortalecer habilidades para brindar herramientas para la construcción de un proyecto de vida de niñas y adolescentes a través de la educación, el deporte y el apoyo psicosocial para prevenir la violencia sexual y el embarazo no deseado en menores.

Supe de la existencia de Natalia y Niñas sin Miedo en mi último semestre de universidad, en una de mis clases nos mostraron un video que estaba colgado en Youtube y ahí estaba ella. La fuerza que tenía para hablar me marcó tanto que soñaba con conocerla, pero ni en mis sueños más locos me imaginé que años después la conocería al otro lado del charco, en Barcelona.

Natalia es mi niña sin miedo a seguir.

¿Quién es Natalia Espitia?

Soy la hija única de Martha y Francisco, nací en Bogotá. Soy mujer amante de montarme a la bicicleta, de mi trabajo con las niñas sin miedo y con las mujeres que me acompañan, tengo la piel oscura y la sonrisa grande. Soy amor, vida y amiga.

¿A qué le temía Natalia?

En esos años, a la mamá brava y cansada, a que papá se sintiera triste, a la muerte de alguien cercano y a perder una amiga en una pelea tonta.

¿Tu helado favorito?

El ChocoCono que me tiene mi abuela guardado en la nevera cuando voy a visitarla y el de mimos con crispís y chocolate.

¿Hoy qué le dirías a tu yo de pequeña? ¿Algún consejo?

Nati pequeña, acompáñame, acompáñate, porque te van a romper el corazón y como sé que es tu talón de Aquiles te diré que no te vas a morir de eso. Que siempre estarás rodeada de personas amorosas y que eres maravillosa, así tal cual eres debes amarte mucho y nunca dejarte sola ni hacerte daño.

¿El recuerdo más feliz de tu niñez?

Ver a papá graduarse de su carrera de Arquitectura, ir a conocer el mar con papá y su mejor amigo en un Renault 9. También nuestro viaje al Decamerón con papá y mamá en la playa juntos.

¿Qué es lo que motiva?

Me motiva crear, moldear lo que vaya llegando como fuente de inspiración. La transformación de los seres humanos y humanas cuando se dan la oportunidad de conocer algo distinto. El amor por supuesto. Ese amor palpable de las personas que hoy me rodean, las cercanas y las que por distancia no veo todos los días, pero que desde muchos lugares seguimos conectadas. Me motiva la fuerza femenina y claramente las niñas sin miedo a quienes he decidido ver crecer junto a mí.

¿Cómo y por qué razón nace Niñas sin miedo?

Ahora después de 4 años de trabajo considero que nace de un proceso creativo personal y colectivo. Yo estaba buscando algo, estaba tratando de entenderme en mi pánico hacía la vida. Ahí en ese camino me encontré con un pedazo de mi historia donde reconocí que había sido una sobreviviente del flagelo de la violencia sexual. Un episodio que no pasó a ser peor porque me pude defender en la mitad de una calle en Buenos Aires en el 2013. Pero todo evento nos marca, así que reconocerlo y entenderlo me llevó a ver que no era la única, que esto era un problema mundial y que las más afectadas por esta problemática eran las niñas. Eso me hizo pensar en por qué no hacer algo para generar un espacio de prevención a esta problemática. Quizás estaba buscando darle a esa niña Natalia todas las herramientas para que cuando esto pasara tuviera la fuerza para seguir adelante. En ese camino o proceso creativo me encontré con la bicicleta, un artefacto tan común en todas las ciudades del mundo y tan ajeno a mí. Que me dio la fuerza necesaria para entender que la vida era muy parecida al acto de pedalear. Caer y levantarse. Encontré muchas ideas cuando a los 27 años en medio de una crisis de depresión, ansiedad y pánico aprendí a montarla y a domarla. Fue entonces cuando conecté todas aquellas piezas, mi episodio, mi motivación por hacer algo por las niñas (que me recordaban a mí, claramente) y mi encuentro con la bicicleta.

¿Qué valor tiene la bicicleta en todo esto?

Cuando yo tomé la bici por primera vez, fue una de las acciones más heroicas de mi vida. Puede parecer tonto para la gente, pero para mí fue único. La bici, o cicla como le decimos en Colombia, tiene propiedades mágicas, pero en realidad es uno de los inventos más importantes en la humanidad, pero para las mujeres especialmente fue un medio de transporte donde por primera vez autónomamente no necesitábamos de un caballero para llevarnos a donde queríamos. Hoy es un elemento, de activismo, de bienestar, de poder personal, de autonomía, de libertad, de naturaleza.

Por eso la bicicleta en Niñas sin miedo, más allá de mi historia, es algo que nos permite salirnos de algunas realidades para conectarnos con nuestro cuerpo, con el aire y con nuestras emociones. Parece inofensiva, pero tiene un poder grande en la vida de toda mujer, una vez la montas y la domas, no te quieres bajar de ella.

¿Qué hacen en Niñas sin miedo?

Aprendemos herramientas para prevenir cualquier tipo de violencia de género, identificamos cuando hay una situación de riesgo. Rompemos estereotipos de género, nos permitimos soñar en grande y saber que podemos lograr nuestras metas trabajando en ellas cada día. Leemos, jugamos futbol, aprendemos inglés y le perdemos el miedo a conectarnos con el mundo, aprendemos sobre menstruación. Hacemos una red de apoyo, un espacio seguro entre niñas en donde derribamos la primera guerra que enfrentamos cuando vamos creciendo, la de nuestro cuerpo, la que tenemos con otras niñas porque creemos que somos competencia. Y con la bici jugamos mientras aprendemos sobre nuestros derechos o sobre la historia de las luchas de las mujeres, nos cuestionamos y hacemos uso de las calles del barrio con nuestras bicicletas para entender el espacio de una manera distinta.

Han pasado cinco años desde que nació Niñas sin miedo, ¿qué ha sido lo más difícil de continuar con este proyecto, sobre todo en un país como Colombia donde produce terror ser niña?

Ser niña en Latinoamérica no es fácil, las niñas son las más afectadas por la violencia sexual y generalmente asumen la maternidad solas. No terminan sus estudios y el círculo de pobreza y violencia sigue por generaciones. En zonas rurales, en la ciudades y en todos los contextos sociales las niñas son blanco del abuso sexual porque están asociadas a la debilidad. El sistema patriarcal ha hecho su tarea en ponerlas siempre como blanco en nuestro conflicto armado, pero hoy en el silencio de muchos casos no denunciados y de historias sin voz las heridas de las niñas siguen estando presentes.

El desafío para nosotras como mujeres que trabajamos en esta causa es entender que no somos heroínas, que desde lo local se pueden formar en derechos niñas sin miedo para que sean mujeres sin miedo que los ejercen y hacen red con otras.

Lo más difícil es venderle esta idea de cambio, de sororidad, de derechos cuando tienen, internet, el colegio, amigos y amigas. Les ofrecemos un espacio distinto y hay niñas que se resisten al cambio, entonces es allí donde nuestra creatividad empieza a funcionar para que desde la educación ellas sientan que es necesario este espacio y que no necesariamente tienen que recibir algo físico. Nuestro gran desafío es crear sentido de comunidad y co-creación con ellas y hacerlas parte del movimiento para que repliquen en todos sus contextos.

¿Tienen interés de expandirse en más ciudades de Colombia? ¿O llevar a Niñas sin miedo a otros países?

La cosa es que para llegar a esto necesitamos tener un modelo más fortalecido, no somos amigas de ir por todo lado y no tener herramientas para medir lo que hacemos. Hay gente que lo hace y está bien también. Por el momento queremos fortalecer lo trabajado en Soacha para que por medio de la investigación, un modelo más sólido y los recursos se puedan llegar a más regiones. ¡Allá vamos que vamos!

¿Cuál es el sustento de Niñas Sin Miedo? ¿Y cómo se puede aportar?

La fundación hoy se sostiene por medio de las donaciones recurrentes de ciudadanos y ciudadanas desde 10 dólares mensuales. Todas las personas pueden apoyar también comprando nuestros productos con causa. Camisetas, tarritos y apoyar nuestra campaña de crowdfunding.

¿En una palabra define Niñas sin miedo? ¿Por qué?

Esperanza. Esa palabra me acompañado desde que sé que concebí la idea de crearla. Sigue siendo una palabra que significa mucho para mí porque me da fuerza y me permite pensar que una utopía puede ser realidad cuando ya no este por este mundo.

A partir de tu experiencia, de lo vivido, de la fundación, ¿para ti qué es el feminismo? ¿En que aporta el feminismo para Niñas sin miedo?

Feminismo es una forma de ver el mundo de manera equitativa para las personas independientemente de su género, condición socioeconómica, orientación sexual, identidad de género y expresión de género. El feminismo viene a ser una idea intangible para debatir y unir fuerzas. Nos ha aportado conocimiento, historia, hitos para compartir y sobre todo una red maravillosa de personas que resisten y luchan con nosotras.

¿Qué le dirías hoy a las niñas de Colombia?

Que se unan, que no se peleen entre ellas porque no vale la pena iniciar esta guerra porque las luchas que ellas tienen que vencer solo la podrán conquistar si trabajan unidas para hacerlas posibles.

¿Un libro que recomendarías?

Conversaciones con violeta de Florence Thomas, Abzurdah de Cielo Latini, Cuerpos de varias autoras colombianas, Los años terribles de Yolanda Reyes.

 

Ilustración: Alma Ríos.

 

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Tatiana Rojas Sánchez

Colombia (1996). Periodistas. Ha escrito para medios nacionales e internacionales sobre temas de migración, política, derechos humanos, género y conflicto colombiano. Ha estado nominada a premios regionales de periodismo. Fue integrante de la 3ra Red LATAM de Jóvenes periodistas de Distintas Latitudes. Ganó la beca para cubrir temas de migración otorgada por la FNPI y OXFAM. Hoy es periodista freelance y migrante en Barcelona, España, desde allí se dedica a narrar a la Latinoamérica migrante.

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