Conversamos con Ricardo Milla, artista plástico, que cimenta su obras en la parodia política y en la sintaxis visual que construye cargada de referentes al contexto duranguense en el que vive, así como en la desoladora situación mexicana. 


 

Ricardo Milla tiene una fijación con el tiempo y las cifras. Es un artista que bien cuelga un escudo del equipo de fútbol de Barcelona en el Edificio Metrópolis de Madrid, como compara el Producto Interno Bruto per cápita de México y Estados Unidos mediante una instalación, o retrata, día tras día, el reloj inmóvil en una estación de ferrocarril.

Nació en la Ciudad de México (1974), pero vive y trabaja en Durango. Primero fue periodista, de 1998 al 2000; “lo que equivale al 9% de mi vida laboral”. A partir de ahí, todo ha sido arte. Ha expuesto en el Museo de Arte Moderno de la Ciudad de México, en el Instituto Cervantes de Nueva York y en la Galería Metropolitana de la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM), entre otros. Algunas de sus obras son “Futuro imperfecto”, “Matrix” y “¿De qué se ríe licenciado? y otras historias”.

La trayectoria de Ricardo Milla es imposible de resumir. Entrar a su cabeza y mantener el ritmo a su conciencia, es una misión imposible. Hablar con él, es trepidante. “Responder preguntas es una manera de educarnos”, dice. Así que, como un intercambio formativo, conversamos con él.

¿Es posible habilitar conciencia política y social a través del arte contemporáneo?

Creo que sí. Las obras de arte, sin importar que fueran creadas hace miles de años, hace un siglo o hace un minuto, desencadenan procesos. Al verlas, escucharlas o leerlas realizan conexiones dentro de uno y también nos conectan con los otros y con nuestro entorno. Muchas han sobrevivido miles de años y siguen arrojando preguntas y significados. Platón escribió que el arte no es algo agradable y desinteresado, sino fundamentalmente peligroso, y Picasso dijo: “No, la pintura no existe sólo para decorar las paredes de las casas. Es un arma que sirve para atacar al enemigo y defenderse de él”. El arte que más me interesa es aquel donde vemos reflejada al menos una parte de lo que somos y aquel donde puedo viajar a través del tiempo para acercarme a cómo era una determinada época: cuáles eran sus prioridades, sus fobias, sus filias, sus anhelos. 

¿Qué tensión existe entre lo local y lo universal? 

En una primera aproximación a esta pregunta te diría que mi percepción, hoy jueves 26 de marzo de 2020, es que esta tensión que siempre ha existido está llegando a su punto máximo. Es decir, nunca tanta gente tan diversa ha estado sumergida simultáneamente bajo un sentimiento común de miedo, impotencia y fragilidad como el que ha arrojado sobre el mundo la amenaza y la espantosa realidad del Coronavirus. Son las 17 horas y según la Universidad John Hopkins hay un total de 529,591 contagios donde lamentablemente 23,970 personas han fallecido distribuidas en 175 países. Según los datos del Gobierno de México acá sufrimos de 475 personas contagiadas y 6 víctimas mortales. El grupo británico The Smiths cantaba en 1987 en su canción “Ask” que si no era el amor, sería la bomba atómica la que nos uniría a todos: se equivocaron, fue un virus. Hoy acordaron los líderes del G-20 realizar una primera inyección de cinco billones de dólares a la economía para empezar a paliar los estragos. Ese es el fondo, la forma de cómo lo implementarán nos llevará a un nuevo punto de tensión elevadísimo. Hay un sentimiento de desesperanza inconmensurable y se tocan, como quizás nunca antes, lo próximo y lo lejano.        

¿Cuál es la historia de “La Estética de la Estática”? ¿Qué significa un reloj detenido en México? 

La primera serie artística que realicé profesionalmente fue en el año 2000 y llevó por título “La Estética de la Estática” que consistía en fotos de los rótulos que anunciaban algunas estéticas o salones de belleza de la ciudad de Durango. En 2007 inicié la serie de “La Estética de la Estática” que consiste básicamente en un registro fotográfico exhaustivo de relojes detenidos que contrastan con el transcurso dinámico del tiempo natural. Hay muchas constantes en las ciudades y en los poblados de nuestro país, pero dos que he abordado artísticamente son los relojes que no sirven y las bancas rotas en las plazas y los jardines. 

Volviendo a la pregunta, esta serie donde he tomado e impreso más de 20 mil fotografías, siempre la visualicé fundamentalmente dentro de dos frases. La de Tolstoi de “pinta tu aldea y pintarás al mundo”; es decir lo más local, es lo más universal. Y la de Lampedusa que es uno de los ejes de su novela El Gatopardo: “Es preciso que todo cambie para que todo siga igual”. Y no es que yo la suscriba (todo lo contrario), sino que la detecto como uno de los principales usos y costumbres de la oligarquía, una de sus exitosas estrategias donde todo cambió tanto que quedó igualitito.

Siento un estremecimiento cuando a través de internet veo las fotos de ayer y de hoy que muestran los sitios más populares y visitados del mundo en completa soledad. Son estéticas de una estática, de una ausencia y del pánico-prudencia de estos días. Hace dos meses inauguramos mi exposición “7,300 Días Después” en el Museo de la Cancillería y comentaba hace unos días con su director, Miguel Casco, que la pieza central, un mural montado sobre una pared de 30 metros de largo donde se despliegan 4,940 fotos, se asemeja a un mapamundi donde los cinco continentes están formados por paisajes naturales cambiantes que enmarcan relojes detenidos. 

El mundo se detuvo. Dio un parón inesperado y violento.  Es como si una estática social local se hubiera propagado súbitamente por todos lados.  

¿Qué relación existe entre el arte contemporáneo y el impresionismo?

Hay muchas, más de las que vemos en la superficie. He comentado que a través de herramientas como la fotografía, el video y la instalación lo único que puedo ofrecerle a alguien que observe mi trabajo es mi impresión de la realidad, por eso me siento cercano a los impresionistas que precisamente hicieron eso.

¿Qué ha representado la colaboración entre artistas para tu obra?

La ha enriquecido y me ha enriquecido a mí. Suscribo la frase de “dos cabezas piensan mejor que una”. He tenido el privilegio de coincidir en espacio y tiempo con colegas inteligentes, talentosos y generosos entre los cuales puedo mencionar a Marco Alvarado, César Cervantes, Alejandro Lozano, Ray Cervantes, Ricardo Fernández, Miguel Vega, Carlos Luján, Tony Peyrani, Juan de la Cruz Megías, Ricardo Salcido, Miguel Márquez, Oscar Compeán y Christophe Casagrande, entre otros. Santiago Espinosa de los Monteros como curador y mentor ha sido invaluable. 

¿Qué significa la palabra “arte”?

Justo para la muestra del Museo de la Cancillería realicé, desde finales de 2019 con mi amiga Ixtaba, unos jabones orgánicos color verde que tenían inscrita la palabra ARTE en diez idiomas: chino simplificado, hindi, japonés, árabe, español, hebreo, inglés, ruso, griego y esperanto. Utilicé como tipografía la del dólar y cuando estaban montados le pregunté al curador José Manuel Springer que qué significaba para él esa pieza. Reflexionó y momentos después me dijo: “Hay muchos idiomas pero todos convergen en un lenguaje, el lenguaje del arte”. Y me pareció una definición espléndida. Como la exposición coincidió con la feria de arte ZonaMaco, yo coloqué algunos jabones extras en los baños de los hombres del recinto donde se realiza anualmente y un par de amigas me apoyaron para poner otros en los de las mujeres. Seguramente fueron las piezas más manoseadas de la feria. Algunos se consumieron en manos de artistas, coleccionistas, espectadores y diletantes y fueron a dar paulatinamente al drenaje profundo. Otros jabones corrieron una suerte distinta porque alguien se los llevó, imposible precisar quiénes fueron. Esta obra se originó a raíz de una serie de pláticas que sostuve con el curador peruano radicado en Estados Unidos Rodrigo Carazas, quien subió uno de los GIFs preliminares que hicimos en torno a esta serie en la página web washforeveryone.com. Cuando inauguramos la expo el último día del mes de enero los jabones generaban comentarios por su aspecto y por su aroma que fue una agradable mezcla entre té verde y romero. ¿Quién iba a adivinar que unas semanas más tarde se convertirían en más que un símbolo para tratar de burlar y/o alejar a la pandemia de nuestra generación en todos y cada uno de los países que planteábamos a través de su idioma? Es en varios sentidos una pieza escalofriantemente profética.     

¿Cómo transcurre el tiempo en Durango?

Durango es un sitio muy particular con reglas y dinámicas muy especiales. Los creadores que hemos tenido la oportunidad de vivir en otras ciudades y en otros países valoramos mucho el peculiar desenvolvimiento del tiempo que de alguna manera te brinda días de 36 horas (en esta cuarentena son equivalentes a 48) y la abundancia de luz natural casi todo el año. El tiempo, no sé por qué, se dilata, como en los relojes del cuadro de Dalí.

¿Es peor una sala de redacción o el mercado del arte?

En la sala de redacción generalmente hay algunos pequeños “dictadores” que por lo menos ves a la cara. El mercado del arte es algo mucho más oscuro, denso, impredecible, subterráneo, aleatorio y salvaje.   

¿Qué te da envidia? 

Me imagino que esta pregunta viene de una definición que alguna vez recogí del galerista Michael Dunev, cuando un periodista le pidió su definición de arte y él respondió: “Es una pregunta que muchos han hecho, y una difícil de responder. La mejor definición que he oído hasta ahora, comienza con una pregunta: ¿Cómo sabes si es bueno? Cuando te da envidia”. Yo interpreto esto como el momento en que sientes que al ver o escuchar una obra ésta alcanza la categoría de arte (algunos lo llaman revelación estética, otros epifanía) y también sientes que a ti te hubiera gustado realizarla pero no tuviste los medios, la claridad, el tiempo o la confianza para hacerla. 

Y en ese sentido te confieso que me dan envidia las películas que han hecho Marino Cohn y los hermanos Gastón y Andrés Duprat donde retratan la picaresca de los mundillos del arte y lo que gira alrededor de ellos. Nunca aprendí a tocar un instrumento, así que me da mucha envidia parte sustancial de la discografía de Cocteau Twins, Pink Floyd, Siouxsie & The Banshees, The Cure, Ride, Curve, Depeche Mode, Joy Division y Lucybell. Mención honorífica al solo de guitarra que compuso e interpretó David Gilmour para la canción “Comfortably Numb”, específicamente, el que aparece en el disco en vivo Pulse que es más largo y elaborado que el de “The Wall”. Me da envidia el jaque que le propinó a la centenaria tradición artística Duchamp al abrir el juego. Tres obras de nuestra generación que me dan envidia son “Llegadas” de Diego Toledo, “La Lona” de Santiago Sierra y una, que no recuerdo su nombre, pero fue elaborada con fotocopias de esquelas por Diego Berruecos. Me da envidia casi todo el trabajo que hizo primero con Aubrey Powell y luego con Peter Christopherson bajo el nombre de “Hipgnosis” y posteriormente en solitario Storm Thorgerson. Finalmente mencionaría la obra de Vaughan Oliver y Peter Saville.

Y tú, ¿de qué te ríes? 

Tengo una colección de libros, revistas y antologías de humor muy variadas que van de El Chamuco y Los Hijos del Averno a MAD pasando por autores como Francisco Ibáñez y Roberto Fontanarrosa que me hacen reír mucho y que vuelvo a leer con frecuencia. Me gusta el cine de Chaplin, de Mel Brooks y algunas cosas de Baron Cohen. También hay caricaturas que me hacen reír y sobretodo platicar con mis amistades. Dos cuestiones que valoro mucho en las personas son el sentido del humor y la capacidad de síntesis.

Cuando montamos mi exposición “La Ciencia De La Conciencia” en el Centro Roberto Garza Sada de mi alma máter la Universidad de Monterrey, se acercó a mí uno de los organizadores y me dijo: “me gusta que a través de tus obras no te ríes de nosotros los espectadores, sino que te ríes con nosotros”, me desconcertó al principio su comentario pero segundos después me hizo sentir muy contento.

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Ilustración: Alma Ríos.

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Sac-Nicté Calderón

México (1991). Maestra en Literatura Hispanoamericana por la Universidad Complutense de Madrid y Maestra en Comunicación por la Universidad Iberoamericana. Fue becaria del programa Prensa y Democracia (PRENDE) y parte del MashUp de periodismo “Balas y Baladas” de 2016. Finalista del Premio de Crónica “Nuevas Plumas” 2017 y becaria del Programa de Estímulos a la Creación y al Desarrollo Artístico 2018-2019. Escribe sobre cultura y sobre moda. Busca aprender y escribir más sobre temas de género, LGBTTTIQ+ y salud mental.

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