Rodolfo Palacios es un periodista argentino que ha dedicado gran parte de su labor a entrevistar y escribir perfiles de más de cien ladrones y asesinos. 


 

Rodolfo Palacios ha entrevistado a más de cien ladrones y asesinos desde que comenzó su carrera como periodista en la Argentina en 1995. Nació en Mar del Plata (1977), una ciudad con un mar helado, como de ojos celestes que no pueden ver, en donde siempre se ha sentido ajeno. Desde hace algunos años, Buenos Aires lo ha sostenido en su vientre subterráneo como un hijo adoptivo.

Con el tiempo, Rodolfo se ha convertido en otra criatura devorada por la furia, que ha respondido al ritmo salvaje del sur contando la vida de personajes rotos. Empezó cubriendo los casos policiales para diferentes periódicos en la Argentina como Perfil y Crítica, La Razón y El Atlántico de Mar del Plata. Desde entonces se ha ido metiendo en el universo de las oscuridades ajenas, desentrañando el alma de ladrones y asesinos, calculándoles la complejidad de su humanidad y tratando de salir iluminado del proceso.

A lo largo de estos años y después de incontables entrevistas hechas y perfiles escritos: como el de Carlos Robledo Puch (el llamado Ángel Negro), el de Arquímedes Puccio, el de Yiya Murano, el de Ricardo Barreda, entre otros.  Rodolfo ha ido trazando un camino que los conecta con nuestra propia fragilidad humana. “Lo que buscaba no es que esos personajes me contaran cómo mataban, sino lo desconocido, si podían tener algo de ser humano y lo más aterrador es que sí, que se parecen mucho a nosotros”.

De él dicen que es hincha de Independiente y de Andrés Calamaro, que practica el boxeo y que tiene una hija llamada Charo. También dicen que tiene una memoria prodigiosa, una habilidad extraordinaria para citar en el momento justo alguna frase de Lorca, de Borges o Cortázar que completa la anécdota y la ubica en ese liminal entre realidad y ficción.

Con Rodolfo cualquier tema termina en una profunda reflexión sobre los sueños, en la que casi siempre logra que la gente le confiese lo que ve cuando duermen o que caigan en la trampa de sus propias palabras y reflexiones, con el único objetivo de revelar aspectos ocultos. Es fanático de las cartas que se escriben a mano y se mandan por correo y de las notas de voz largas donde se cuentan historias, porque sospecha que en la voz se esconden rastros de la vida invisibles a los ojos.  

Si Buenos Aires es furiosa y Caracas muerde, ¿cómo describirías Mar del Plata? O un día en Mar del Plata ¿a cuántos días porteños equivale?

No sabía que Caracas mordía. Sé que Buenos Aires es furiosa, aún estando desierta la ciudad. Mar del Plata es una ciudad que congela y, a su vez, descongela. Mar del Plata es una ciudad que te dice: “No soy tuya, podés haber nacido acá, pero jamás pertenecerás acá”. Mar del Plata abofetea pero, a la vez, abraza. Creo que eso me pasa a mí por haber nacido ahí, pero aún así me siento un extraño cada vez que voy, como si hubiese nacido en otra parte. Quizás es una falla mía.

De todos modos, Mar del Plata se está pareciendo cada vez más a Buenos Aires, ya tiene más de un millón de habitantes. Ya no es la ciudad balnearia a la que la gente solo iba en verano. Mucha gente de Buenos Aires se radicó allí, de hecho es la ciudad donde más personas mayores hay, donde hay menos marplatenses que porteños u otras ciudades del país.

Pero creo que puede ser que —¡muy buena pregunta!— que un día y medio de Mar del Plata sea un día de Buenos Aires. O un día de Buenos Aires sean dos días de Mar del Plata: allá se puede dormir la siesta, uno puede estar tranquilo. Uno puede tomar hasta cuatro o cinco cafés con amigos o conocidos. Acá (en Buenos Aires) ya es todo más difícil por las distancias y se apuesta más a la virtualidad. Estoy hablando en un contexto sin cuarentena, claro está.

Si pudieras hacerle un soundtrack al libro de Robledo Puch, al perfil que hiciste de Cuca Antón y de Yiya Murano, ¿cómo sería? ¿cuáles canciones incluirías para cada uno?

A Robledo le pondría Creedence porque era una banda que él escuchaba en ese momento, en el 71–72. También le pondría Patricio Rey y Los Redonditos de Ricota, que si bien fueron posteriores a cuando él estaba preso, es la banda que más le gusta. Yiya Murano pondría un tango: Se dice de mí de Tita Merello o Muñeca Brava. Y Cuca Antón es el más difícil, pero elegiría una ópera. Hay muchos represores que torturaban escuchando ópera: Beethoven o Mozart, pero elegiría una ópera. Una ópera que tenga un pasaje trágico y que demuestre algo entre bello y siniestro.

Si ya no coleccionas objetos de asesinos, ¿qué coleccionas ahora?

Ya no colecciono objetos de asesinos. Esos objetos eran: un matasellos, una carta y una foto de Arquímedes Puccio, el famoso secuestrador. Una remera de Gordo Valor, un delincuente que robaba bancos y blindados. Un gauchito gil (un santo pagano en Argentina) de otro asaltante de bancos; un peine de Barreda —un hombre que mató a su esposa, a sus dos hijas y a su suegra a escopetazos—. Tengo más de Robledo Puch: tenía fotos, tenía su carnet y cuarenta cartas. Las cartas, sí, creo que las conservo, sí. Se las había dado a Luis Ortega en su momento para la película, pero me las devolvió.

Tenía los anteojos y el rosario de Yiya Murano, una célebre envenenadora y ahora ya no, por suerte. En realidad, más que una colección eso se iba dando.No es que mi decisión era coleccionar objetos de asesinos. Me los iban dando, algunos los tomaba yo. Y era como una especie de… No los tenía exhibidos, los tenía guardados, pero se fueron perdiendo, extrañamente y por suerte.

Creo que una vez fui a una televisora para que me hicieran una entrevista y ahí se quedaron varios, nunca los reclamé. Al actor que hizo de Puccio le regalé las cosas de Puccio. Al actor que hizo de Robledo, le llevé unas cosas de Robledo. La idea era ir vaciándome de esa oscuridad. El objeto también tiene la oscuridad del que lo tuvo. Yo creo mucho en eso, cuando una persona muere y uno entra en esa casa y están los objetos que tocó antes de morir… El objeto habla mucho de las personas.

No, ahora no colecciono nada. Cada vez estoy más desapegado con los objetos. Bueno, sí libros. Lo que compro mucho son libros, películas en DVD porque tengo reproductor. Si tuviera un vinilo coleccionaría, buscaría discos, pero es peligroso coleccionar —no cosas de asesinos, sino en general— porque termina siendo una obsesión. Yo de chico coleccionaba revistas de fútbol, seguía colecciones o álbumes de figuritas y me terminaba obsesionando para tener todo y no lo podía disfrutar porque era inabarcable y no podía ni leerlo.

Creo que coleccionar es un arte. Hay gente que colecciona desde insectos hasta estampillas, hasta fotos de alcantarillas, monedas. Pero no tengo ninguna colección hoy por hoy.

¿Robledo Puch te ha vuelto a enviar alguna carta?

Robledo Puch jamás me envió carta alguna. Si envió cartas en las que habla mal de mí. Que dice que yo lo engañé, que soy de la CIA o de los servicios secretos. Que hasta le robé un casete del Indio Solari y los Redonditos de Ricota, que era su banda favorita; por eso se había rapado como el cantante el Indio Solari. La banda es Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota. Hay un tema que a él le gustaba, que era Queso Ruso y me acusaba de haberle robado ese casete y no me acuerdo. No, para mí no se lo robé, de hecho, se lo devolví, pero bueno él dice que le robé ese casete. Vaya a saber con qué intención. Que yo me vestía como un harapiento y, bueno, cuando uno va a la cárcel no me iba a vestir de gala, entraba como visita.

Ha dicho cosas horribles de mí, como que soy hasta un psicópata, pero buscó un sinónimo. No recuerdo la palabra. Ahora después te la digo, pero me odia. Sobretodo a partir de la película.

¿Qué dice de la sociedad o del público argentino sentir empatía por el asesino y ser implacable con el músico? 

Creo que no solo la sociedad argentina. Estado Unidos empezó un poco con esto de asesinos que tuvieron club de fans. Ted Bundy, Jeffrey Dahmer tuvieron club de fans. Incluso, Charles Manson, poco antes de morir, una mujer le ofreció casamiento. En Brasil un hombre que descuartizó a su novia se casó con una mujer. No pasa solamente en la Argentina pero una sociedad que siente empatía por el asesino y es implacable con el músico, claramente es una sociedad descalibrada, deshabitada de alguna manera.

Yo, igual, lo que creo que es que trata a los asesinos como famosos, como estrellas de televisión y a veces, como estrellas de rock. Conozco el caso de Ricardo Barreda —el hombre que mató a toda la familia— firmaba autógrafos porque salía en la televisión y porque era famoso. Y acá es implacable con el músico, pero a los ídolos como que todavía los respeta. Pero sí, es muy buena pregunta. No creo tener la respuesta, pero siempre al músico se le pide más y no puede equivocarse.

Ahora, al asesino, pedírsele más es que siga matando y que el asesino se equivoque es que no vuelva a matar. Hay una diferencia con eso. Por eso las series más vistas y los libros más comprados son policiales, detectives. Netflix está poblado de series donde hay un detective, un crimen, un caso policial.

¿Le lees cuentos a Charo antes de dormir?

Si, le leo cuentos a Charo. La madre se los lee mejor. Con Charo me pasó que me costaba mucho inventarle historias porque en mi cabeza todas terminaban mal, las que escribo, y ella me fue ayudando con cosas que dice. Tratamos de imaginar una historia. Pero sí, le leo cuentos y aparte ella ya aprendió a leer y también los disfruta.

Es uno de los momentos en los que siento una dicha plena, y eso que ella a veces me escucha por teléfono y dice: “estás hablando con algún bandido”. A veces por trabajo, no lo puedo evitar. Tengo que atender y ella escucha todo y como ve dibujitos donde hay robos de bancos y bandidos… Hoy los dibujitos tienen ya casi tramas policiales.

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Ilustración de portada: Alma Ríos.
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Ana Cristina Frías

Venezuela (1993). En 2017 se mudó a Buenos Aires debido a la situación política y social que se vive en su país. se graduó como Licenciada en Letras de la Universidad Central de Venezuela en 2016. Trabajó como redactora creativa para diferentes agencias digitales, hasta que empezó como coordinadora de prensa para bandas alternativas y proyectos culturales. Colaboro periódicamente para distintos portales web como No Son Horas y Revista NERVIO en Argentina y en Venezuela para UB Magazine, Mente Kupa, Cúsica Plus y Caracas Contexturas.

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