Cada defensor y defensora del territorio y el medio ambiente tiene su propia historia; todas, quizá, encabezan los esfuerzos para preservar los ecosistemas y salvaguardar los derechos humanos. Las historias de mujeres defensoras en América Latina son las voces que nos cuentan a lo que se enfrentan en su lucha por sus territorios y por su liderazgo. 


 

En el momento en el que a una comunidad le es arrebatada su tierra con la tala de sus bosques, la contaminación de sus ríos, sin su permiso o sin su conocimiento, las personas que habitan esos espacios se colocan ante un instante de decisión y, después, asumen una postura: alzan la voz contra el despojo y se convierten en personas defensoras de la tierra o del medio ambiente. 

De acuerdo con Global Witness, una persona defensora asume liderazgos y toma medidas para proteger los derechos ambientales. Con frecuencia es alguien ordinario que, incluso, puede no definirse como “persona defensora” (líderes campesinos, guardaparques, abogados, personas de organizaciones civiles), pero que desde montañas remotas o bosques aislados preservan las tierras ancestrales y los medios de vida tradicionales que se ven en riesgo a manos de proyectos mineros, agronegocios a gran escala, represas hidroeléctricas y hoteles de lujo. 

“Las personas defensoras del medio ambiente y la tierra suelen enfrentarse a intereses políticos, comerciales y criminales, que se confabulan para robar sus recursos naturales. A menudo, estas poderosas fuerzas buscan marginar a las personas defensoras, calificando sus acciones de ‘antidesarrollo’. Muchas personas defensoras enfrentan años de amenazas de muerte, criminalización, intimidación y acoso; pero reciben poca o ninguna protección por parte de las autoridades”, apuntó el organismo internacional en su reporte de 2017

Por eso, al defender derechos humanos internacionalmente reconocidos (como el derecho al medio ambiente saludable), los gobiernos están obligados a proteger a estos activistas y las empresas a respetar sus derechos. Sin embargo esto no ocurre. 

Mientras se expande la tala de bosques, la agroindustria, la generación de ganancias para la industrias extractivas (como la minera), la propagación del crimen organizado; se incrementan los ataques contra las personas defensoras de la tierra.

En 2018 fueron asesinados 164 defensores del territorio y el medio ambiente en el mundo, de acuerdo con el informe de Global Witness. Lo que significa un promedio de más de tres asesinatos por semana. 

Más de la mitad de los homicidios se dieron en América Latina, colocando a este continente como el más afectado de manera constante, pues desde 2002 —año en el que el organismo internacional comenzó a publicar los datos sobre los asesinatos de defensores— Latinoamérica se coloca en los escenarios con más asesinatos; encontrando a Brasil, Colombia y México dentro de los primeros lugares. 

Según el informe internacional “¿Enemigos del Estado? De cómo los gobiernos y las empresas silencian a las personas defensoras de la tierra y del medio ambiente”, en 2018, en México fueron asesinadas 14 personas. Fuente: Global Witness.

Estos asesinatos de personas que defienden sus hogares, bosques y ríos, aunado a las personas que han sido silenciadas con ataques violentos o privadas de su libertad, muestran los escenarios de vulnerabilidad en los que se encuentran las personas defensoras del territorio y el medio ambiente. 

Mujeres de palma y maíz

Las mujeres indígenas están conectadas a la tierra, la saben; es como si la intuyeran. Perciben su olor, leen cuando algo irrumpe su ciclo. Cuando algo ajeno viola esta naturaleza, son las primeras que viven los impactos que auguran la devastación de su cosmos. Por eso defienden el territorio y el medio ambiente, y se colocan en la primera línea en la lucha para proteger sus tierras ancestrales. 

Esta defensa las coloca ante riesgos, muchas veces acentuados, que les representa un alto costo por el papel de liderazgo que asumen y que frecuentemente es invisible: son relegadas de la propiedad de la tierra, de las negociaciones comunitarias y, cuando dedican tiempo al activismo, son juzgadas por “descuidar” a los hijos o los deberes domésticos, así lo refiere el informe de 2017 de la organización  Global Witness, que incorpora aprendizajes de redes de protección y comentarios de defensoras de derechos humanos en más de 26 países de todo el mundo. 

Las defensoras a menudo tienen que librar una batalla en dos frentes: la lucha pública por proteger los recursos naturales y la lucha oculta para defender su derecho a expresarse dentro de sus propias organizaciones y familias. Rara vez las defensoras reciben el mismo nivel de apoyo que sus colegas masculinos, porque a menudo sus comunidades están dominadas por una cultura machista patriarcal. Esto significa que el papel que desempeñan las defensoras suele no ser reconocido y a veces, incluso, sus comunidades, organizaciones y familias ocultan activamente la violencia que las mujeres pueden enfrentar.

Global Witness Report 2017

Y es que aunque son asesinados más hombres defensores de la tierra y el medio ambiente, las mujeres resienten el impacto de forma distinta. Muchas veces se vuelven blanco de múltiples formas de violencia que es ejercida por el Estado, poderes económicos y políticos (cuando se oponen a proyectos extractivos, por ejemplo), fuerzas policiales y militares, que llegan a emplear la violencia física, la difamación y la violencia sexual para intimidar y reprimir toda resistencia. Y, por supuesto, las defensoras también son asesinadas. 

De acuerdo con Oxfam, “las mujeres defensoras son vistas como una amenaza porque cuestionan y ponen en riesgo las estructuras basadas en privilegios de clase y en discriminaciones de género”. Además se suman los obstáculos por vivir en la ruralidad, por pertenecer a comunidades indígenas, afrodescendientes, por su propio género. 

Las historias de las mujeres que defienden el agua, la tierra, los bosques, los ríos y los derechos de otras mujeres se vuelven las historias de las voces silenciadas, de quienes están al pie de la lucha por la preservación de los ecosistemas y la protección de los derechos humanos, y merecen resonar con estruendo. 

Por eso, presentamos “Mujeres de palma y maíz”, una serie de historias de mujeres defensoras del territorio y el medio ambiente en América Latina. Desde el Pacífico mexicano, representado en el estado de Guerrero, hasta Ecuador, Colombia y Chile. Voces de mujeres que nos cuentan a lo que se enfrentan en su lucha por sus territorios y en su liderazgo en su condición de mujeres.


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Ilustración: Alma Ríos. 

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Ketzalli Rosas

Periodista mexicana. Codirectora de Factual / Distintas Latitudes. Se desarrolló como investigadora en el periódico mexicano El Universal. Su crónica "El hombre que sueña con una 'Tierra de sordos'" obtuvo el primer lugar en el Premio Rostros de la Discriminación 2016 en la categoría de texto.

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