Rabia. Eso sintió Lourdes Limón la primera vez que atestiguó la violencia en contra de las infancias y adolescencias en las aulas.
“¿Cómo acompaño?”, fue la pregunta que vino a su mente al descubrir que los casos de acoso y abuso en contra de las estudiantes eran una constante.
La respuesta la encontró en la colectividad y el feminismo, los mismos dos pilares que sostienen la Red de Maestras Feministas Guadalajara, agrupación que vio nacer y a la que pertenece desde 2020.
“Fue la necesidad de hacer un grupo… todas estábamos resistiendo en los espacios escolares”, dice.
Esta Red inició como un grupo de WhatsApp entre amigas. Ahora la integran más de 500 maestras de todo Jalisco.
“Yo creo que si el cuidado no es colectivo, es un privilegio”, asegura.
Y aunque su militancia le ha traído consecuencias –como el verse forzada a abandonar su espacio de trabajo en la Secretaría de Educación estatal por no “alinearse” a sus intereses–, su deseo de seguir “acuerpando morras” sigue intacto, porque la violencia constante así lo demanda.
“Las colectivas existen porque la violencia persiste, y nosotras seguimos juntas porque la violencia no acaba”, afirma.