En el oriente antioqueño, en Colombia, un programa liderado por mujeres y que cuenta con el respaldo de ciudadanos y recicladores de oficio, ha conseguido que un pueblito con menos del 1% de la población del país consiga lo impensable: aprovechar la mitad de sus residuos


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Vivir en La Ceja del Tambo es despertarse con el cantar de los pájaros: desde bichofués y barranqueros hasta azulejos. Es recibir, de vez en cuando, la visita de las guacharacas en el balcón. Y es respirar aire limpio, pues la bicicleta es el principal medio de transporte de este pueblo del oriente de Antioquia, en Colombia, habitado por poco más de 50 mil personas. 

Vivir en La Ceja del Tambo es asomarse por la ventana y ver cientos de techos rojos y, sobre ellos, las montañas, cubiertas de neblina en las mañanas, luego de sol o de lluvia, porque en La Ceja el clima es impredecible. Es caminar entre personas amables en el parque y entre sembradíos de flores en el campo. 

Vivir en La Ceja es vivir tranquilo y hacerlo, a la vez, en armonía con el entorno al que todos pertenecemos. Porque vivir aquí es, también, separar los desechos todos los días para hacer compostaje y reciclar.

Desde hace 17 años, cada familia de la zona urbana del pueblo separa sus desechos y los saca a la calle a las siete de la tarde, de acuerdo con la ruta de recolección. Los lunes y jueves se recogen los desechos orgánicos, los miércoles los reciclables, y los martes y viernes los inservibles. 

Gracias a los folletos explicativos y a la capacitación que cada año hace en hogares, comercios y escuelas Empresas Públicas de La Ceja (EEPP), la principal entidad prestadora de servicios de acueducto, alcantarillado, aseo y mantenimiento de zonas verdes, todos en el pueblo saben dónde va cada residuo. Los especiales, como el aceite de cocina, las bombillas blancas, los muebles, los dispositivos electrónicos y los envases de agroquímicos, tienen una recolección y disposición especial. 

A diario, en La Ceja se recogen en promedio 48 toneladas de residuos. De estos, aproximadamente siete toneladas (15%) son de material reciclable y 17 (35%) de desechos orgánicos. El resto son residuos inservibles.

El programa de Manejo Integral de Residuos Sólidos (MIRS) ha generado decenas de empleos y un especial liderazgo femenino en La Ceja. Foto: Cortesía de Empresas Públicas de La Ceja.

Una vez recogidos los desechos, EEPP deposita la basura en el relleno sanitario, entrega el material reusable a los recicladores de oficio para su comercialización (algunos están autorizados para hacer la recolección de forma directa) y traslada los residuos orgánicos a la planta de compostaje.

El abono obtenido de la planta se entrega a la subsecretaría de desarrollo económico, quien la distribuye de forma gratuita entre los campesinos del sector para que lo usen en el mantenimiento de sus cultivos frutales, de hortalizas y pasto.

Este programa, denominado MIRS (Manejo Integral de Residuos Sólidos) ha generado decenas de empleos y un especial liderazgo femenino. Lo conforman alrededor de 16 personas entre conductores, operarios e inspectores de recolección.

A su vez, estos trabajan de la mano de 58 personas recicladoras de oficio, quienes se encargan de la clasificación, almacenamiento y comercialización; y en alianza con una empresa de gestión ambiental que se encarga de la transformación del material reciclable.

El liderazgo del programa es exclusivamente femenino. Se encuentra a cargo de Johana Carmona en la zona urbana y de Marcela Peñaranda en la rural. Pero ellas no son las únicas: la mayoría de sus integrantes, tanto en la logística como en el proceso de aprovechamiento, son mujeres.

“En el municipio las mujeres encabezan el proceso de reciclaje. Aunque se han incorporado más hombres, son ellas quienes más han perdurado y han sido más estables en el proceso”, afirma Carmona. “La mayoría son madres cabeza de hogar, y creemos que a esto se debe su compromiso y perseverancia”, asegura.

Actualmente, Colombia se mantiene entre los primeros diez países -de 34 vinculados a los Objetivos de Desarrollo Sostenible de Latinoamérica- en materia de reciclaje. En general, el país aprovecha el 17% de sus desechos. En contraste, La Ceja del Tambo ha conseguido superar esta cifra de forma ejemplar. Su sistema de recolección ha logrado que desde 2019 aproveche el 50% de sus residuos, con una proyección de 80% para los próximos años. 

A diario, en La Ceja se recogen en promedio 48 toneladas de residuos entre material reciclable, desechos orgánicos y residuos inservibles. Foto: Cortesía de Empresas Públicas de La Ceja

Si bien no hay una cifra concreta de cuánto representa este logro en términos económicos, el MIRS ha alargado la vida útil del relleno sanitario de La Ceja, que aunque se pensaba que serviría hasta 2008, todavía está en uso y servirá por un año más. El costo de un relleno sanitario de uso exclusivo es alto, pero el municipio ha podido postergar por 14 años la compra de uno nuevo, lo que representa un ahorro importantísimo.

Cuando nunca se ha reciclado, los parámetros pueden ser un poco confusos y abrumadores. Sin embargo, las capacitaciones del MIRS lo hacen todo más sencillo. 

Andrea Gómez, artista y tatuadora de La Ceja, de 26 años, recuerda cuando todo comenzó, en 2004. Entonces tenía 9 años y los promotores de la EEPP iban a su colegio a explicarles cómo, en lugar de una caneca de basura, usarían tres a partir de entonces, además de dónde y cuándo depositarían cada tipo de desecho. 

La estrategia fue impulsada por un programa nacional, el Plan de Gestión Integral de Residuos Sólidos (PGIRS), que fue rápidamente acogido por las autoridades del municipio, motivados por la necesidad de alargar la vida útil de su relleno sanitario ante el crecimiento poblacional de La Ceja.

Para Andrea, siendo una niña, la adaptación fue sencilla. “Recuerdo que no sabía que algo de la basura era aprovechable hasta que me empezaron a enseñar”, dice. Por eso, la capacitación en las escuelas es uno de los ejes principales del programa.

La capacitación en las escuelas es uno de los ejes principales del programa de Manejo Integral de Residuos Sólidos. Foto: Cortesía de Empresas Públicas de La Ceja

Pero no siempre fue tan fácil. Cuando el programa empezó, por  el Decreto Municipal 109 de 2004, impulsado por el entonces alcalde Jorge Bedoya, muchos habitantes se encontraban renuentes a cambiar sus hábitos. Al menos hasta diciembre de ese año, en más de una oportunidad varios pobladores llevaron sus bolsas de basura hasta la casa del alcalde. Se las dejaban afuera, a modo de protesta, relata Marcela Peñaranda, coordinadora del programa para la zona rural (donde el programa empezó entre 2008 y 2009). 

Esto cambió con la concientización, que se sigue haciendo de forma continua: “Les decimos que no podemos estar como seres aislados, porque, finalmente, todo lo que hacemos tiene consecuencias. Si hago algo bueno, alguna estrategia buena, estoy contribuyendo en beneficio de todos. Pero si estoy haciendo algo mal, eso también va a repercutir en cosas negativas para el planeta y para los otros seres humanos que están a mi alrededor”, explica Peñaranda. “No podemos separar lo ambiental de lo social y lo humano”.

Por ello, Johana Carmona hace énfasis también en que la efectividad del programa dependerá siempre de la constancia. “Este es un trabajo de nunca acabar. No podemos bajar la guardia, porque a medida que estamos implementando estrategias van surgiendo nuevos residuos a los que tenemos que darle una clasificación y un aprovechamiento”.

“Tenemos que ir de la mano con la normatividad y con el crecimiento poblacional, tratando de generar nuevos procesos y alternativas para optimizar al máximo los procesos de aprovechamiento. Esto no se logra solo ni es fácil. Debemos ser constantes y coherentes, para que la población al ver los procesos y resultados se pueda ir alineando y le dé continuidad al programa”, explica.

El programa de Manejo Integral de Residuos Sólidos de La Ceja ha generado decenas de empleos y un especial liderazgo femenino. Foto: Cortesía de Empresas Públicas de La Ceja

Aunque las grandes ciudades colombianas aún no se acercan a los logros de La Ceja, Colombia está a la vanguardia del reciclaje inclusivo en América Latina y el Caribe. Desde 2013, por ejemplo, la factura de cobro por el servicio de aseo público del país incluye un componente destinado al reciclaje bajo el nombre de “tarifa de aprovechamiento”. Se trata de una cuota que se paga a los recicladores de oficio y que depende de la cantidad de residuos aprovechables que recojan y comercialicen.

El decreto nacional 596 de 2016 estableció disposiciones adicionales para la formalización de los recicladores y los deberes de las empresas públicas con ellos. Empresas Públicas de La Ceja, a través del MIRS, se apegó a este decreto con medidas concretas: oportunidades de capacitación certificada para los recicladores en su área, dotación de uniformes y carretillas, y apoyo en su labor. 

Así, las tres organizaciones de recicladores del municipio: CicloTotal (ya constituida como empresa), AroFuturo y Faro La Ceja (ambas asociaciones) trabajan de la mano con la alcaldía para que cada vez sean menos los residuos que lleguen al relleno y más los aprovechables. Lo consiguen haciendo la recolección, clasificación y comercialización del material reciclable, una labor ardua y fundamental para el MIRS.

La estrategia, clara y amable, ha sido más que efectiva. Los logros de La Ceja del Tambo en materia de reciclaje han sido producto de un trabajo mancomunado entre entes oficiales, ciudadanos y recicladores. Este trabajo en equipo y con compromiso social ha conseguido lo que es apenas un sueño para otras ciudades y países. Además, deja un mensaje claro: unidos y pensando en el bienestar de todos, podemos salvar nuestro planeta.

 

Ilustración de portada: Alma Ríos

 

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Johanna Osorio

Es periodista desde 2013 (lo anhelaba desde los 12 años). Comenzó en la fuente deportiva, y a través del deporte infantil se acercó a las comunidades, sus ilusiones y sus necesidades. No pudo dejarlas. Por eso, ahora investiga y narra (casi siempre) sobre desigualdades. Cree firmemente que haciendo periodismo puede impulsar cambios (y mejor aún si es en equipo). Ha coordinado proyectos que la han llenado de orgullo, como La Generación del Hambre, ganador del premio Ortega y Gasset 2019 en la categoría cobertura multimedia; o Fraude Vertical, merecedor del segundo lugar del Premio Ipys Venezuela 2020. Finalista en el Premio Gabo 2018, en la categoría texto, por la serie "Son presos políticos, nosotros también", y nominada de nuevo en 2019 por la serie Voces del JM, ambas veces como parte del equipo de La vida de Nos. Integrante del equipo ganador del Premio a la Excelencia Periodística 2017 de la Sociedad Interamericana de Prensa, en la categoría cobertura noticiosa, por la serie de reportajes "Morir una, dos y tres veces de hambre"; y Mención Especial del mismo galardón, en 2019, en la categoría Derechos Humanos, por su participación en la serie de podcast "Voces del Desamparo".

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