Skip to main content

Texto:  Diana Fuentes, Isaias Morales y Simón Antonio

En 48 horas la sociedad guatemalteca presionó al Congreso de la República para dar marcha atrás a dos reformas controversiales que beneficiaban directamente a reos de todo tipo, a los propios diputados y al presidente Jimmy Morales. Esa fue la primera batalla ganada, pero los ciudadanos no solo pidieron eso, sino depurar el Legislativo e impulsar leyes que garanticen un cambio profundo al sistema. Este es el recuento de la histórica jornada del 15 de septiembre de 2017 en Guatemala, el Día de la Independencia, que repudió como nunca antes la corrupción e impunidad.

Son cerca de las 12:00 horas en Ciudad de Guatemala. El Centro Histórico es el punto más recurrido por los chapines. No es la excepción durante las fiestas patrias. Sin embargo, esta edición tiene un tinte distinto. Menos de un día antes el presidente había ordenado que los tradicionales desfiles que se realizan año con año en este lugar no se realizarían. Según Morales los hechos (una serie de protestas) del 14 de septiembre se habían tornado violentos y por eso suspendió toda actividad cívica. Solo existió un incidente que pasó a mayores. Un manifestante empujó al director de la Policía Nacional Civil, pero inmediatamente fue retirado y los ánimos en la Plaza Central se calmaron.

Lo que ofendió al gobierno fue que los manifestantes irrumpieran el escenario, dañaran parte de la tarima y todo el mobiliario instalado previo a celebrar el acto cívico para conmemorar la Independencia. Los asistentes dijeron estar inconformes porque se realizara esa festividad en medio de la convulsa situación política del país. Pero el Presidente tomó una determinación: suspender toda actividad programada.

Los estudiantes de nivel medio y básico no acataron esa decisión presidencial. Cada colegio o instituto desfiló por su cuenta, aunque la afluencia de bandas escolares fue menor que en otros años. Todos en calles distintas por el Centro Histórico. Frente al Palacio Nacional, Plaza Central y el Congreso era otra historia. La población se volcó a las calles en todo el día. No les importó que era día de descanso. Su compromiso de expresarse pudo más.

El Congreso está tomado

Son las 13:15 horas. Frente al Palacio Nacional están pocos manifestantes. Unas 50 personas se desprenden del grupo, gritan consignas, soplan sus vuvuzelas (una especia de trompeta) y levantan carteles en repudio a la corrupción. Todos caminan hacia el sur. A escasas cuadras está el Congreso. En menos de 45 minutos los diputados se reúnen ahí. El día anterior convocaron para una sesión extraordinaria. Adelantaron que derogarían las polémicas dos reformas al Código Penal que pasaron de forma exprés.

Frente al Congreso por la entrada principal está todo cerrado. El ambiente es de absoluta indignación. “No queremos sus disculpas, queremos sus renuncias”, vitorean cada vez más con más fuerza. La hora de la sesión se acerca. Este no es el único punto de concentración.

Un ciudadano levanta su cartel mientras escucha los mensajes que gritan al fondo. No es un mensaje cualquiera. Se trata de un especial del matutino Prensa Libre en el que se observa los 107 diputados que votaron a favor de las dos leyes. El medio los bautizó como “Los Próceres de la Impunidad”.

Alejandro Pineda es integrante de la Batucada, un grupo de manifestantes que lleva sus tambores y cánticos desde 2015 a cada protesta ciudadana. Para él la fuerza del movimiento es clave para detener las acciones del Legislativo y Ejecutivo. “Estamos totalmente furiosos, como pueblo indignados, avergonzados de lo que el congreso de la república haya pactado con la fuerzas oscuras con las mafias que tienen a este país de rodillas. Son la coalición por la impunidad que se han unido el presidente Jimmy Morales junto con las bancadas y detienen procesos de casos de corrupción que van tras ellos”, explicó.

Para Francisco Sánchez de los Colectivos hijos Guatemala hay un sentimiento generalizado de indignación ante las últimas medidas del Congreso. “Trataron de legalizar el uso de fondos provenientes del narcotráfico y crimen organizado dentro del sistema político. Esto evidencia cual es el vínculo histórico que existe entre las elites económicas los militares y los oligarcas en un sistema que no nos representa. Pedimos depuración inmediata del Organismo Legislativo y una reforma a la ley de los partidos políticos. No queremos las disculpas de los diputados queremos que se vayan”, manifestó.

El pasillo de la indignación

Del  lado oeste del Congreso los ciudadanos esperan con paciencia a los diputados. Hay dos vallas humanas de policías no armados que resguarda a cada ingreso de los funcionarios y otra fila de ciudadanos para evitar confrontación. Cuando ingresa un parlamentario va acompañado de la institución del Procurador de Derechos Humanos. Hay medidas extremas para evitar el contacto con la población.

Es una especie de pasillo, pero de la indignación y quizá hasta de humillación para los diputados. Uno a uno pasa abucheado, insultado y recriminado por sus actos pasados. El momento mayor llega cuando arriba Fernando Linares Beltranena, uno de los diputados opositores a la CICIG, que entre forcejeos y varias cámaras levanta tensión entre los asistentes. También pasa lo mismo cuando ingresan unos ocho diputados resguardados por una treintena de agentes de seguridad.

Mientras esperan a los diputados, un ciudadano sin identificarse lleva entre sus manos varias hojas. Le preguntan qué es y empieza a repartir. Los ciudadanos creen que se trata de la renuncia de algún diputado, pero no es así. Es una carta sin nombre que puede ser entregada a cualquier congresista para que presente su dimisión.

Marcha atrás al “error”

En el interior del Congreso los ánimos se elevaron también. 130 diputados asistieron a la sesión extraordinaria. Pocas en los últimos meses habían asistido esa cantidad. La intervención de Estuardo Galdámez, diputado oficialista y conocido por sobornar a un periodista, levantó todo tipo de reacciones de sus colegas.

Dijo sentirse indignado por los destrozos de los manifestantes, pero lo inaudito fue lo siguiente. “En este país no hay crisis. Las instituciones funcionan”, expresó de forma airada en el Congreso. Otros más hablaron sobre el precedente que estaban sentando, otros pidieron disculpas al distrito que los eligió y unos pocos hablaron que no era suficiente derogar esas leyes.

Al final lo que habían adelantado sucedió. Los 130 diputados votaron a favor de derogar y archivar las dos leyes que vivieron por 48 horas. Pero que causaron una indignación de la mayoría de sectores. El presidente Morales no tuvo que recurrir al vetar los acuerdos.

Alrededor de las 16:00 horas los diputados concluyeron su sesión. La Policía Nacional Civil tenía alrededor de 400 agentes para resguardar los alrededor del Congreso a su salida. Los delegados del Procurador de Derechos Humanos y de las Naciones Unidas observaban ante cualquier eventualidad. En eso los manifestantes decidieron organizarse.

Todos corren para el parqueo, se cambian de ropa, a los treinta minutos los diputados han llamado a la PDH, Ministerio de Gobernación para auxilio.

Nadie se va hasta que renuncien

“Hoy les vamos a dar una lección a los diputados, para que aprendan a no reírse del pueblo. No actuaremos con violencia, pero no los dejaremos salir hasta que renuncien”, dijo una de las manifestantes a través de su megáfono. Con el paso de los minutos el plan empezó a surtir efecto. Todo acceso al Congreso fue rodeado por manifestantes.

Durante las siguientes ocho horas la manifestación se mezcló entre tensión, alegría y en el interior del Congreso se caldearon los ánimos de los diputados.

Cuando los diputados supieron que a las afueras nadie los dejaba salir, algunos empezaron a desesperarse. Otros prefirieron encerrarse en sus oficinas o reunirse en el hemiciclo como si se tratara de otra sesión plenaria. Según reporteros presentes los diputados solo esperaron, pero algunos empezaron a perder la cordura.

Por ejemplo el diputado Fernando Linares envió un video en el que aseguraba que se encontraba “secuestrado en el Congreso”. Su colega Patricia Sandoval también repitió lo mismo, pero fue más allá. Aseguró a medios que entre los manifestantes había algunos que estaban “drogados”.

Pero si esto no fuera suficiente. Los parlamentarios Jaime Regalado y Manuel Conde dieron un paso más y tacharon de terroristas a los manifestantes, quienes pedían tres cosas claras durante toda la noche: 1) la renuncia de los diputados que votaron a favor de los dos acuerdos; 2) reactivar el antejuicio de Jimmy Morales, y  3) reformar la Ley Electoral y de Partidos Políticos.

Afuera todo transcurrió en calma según testimonios de los reporteros, ciudadanos y observadores que a eso de las 23:00 se encontraban en el lugar.

Policía reprime a la población y periodistas

Todos los policías que resguardaban el Palacio Legislativo estaban desarmados. Pero minutos después llegaron las Fuerzas Especiales de la Policía. El objetivo era sacar a los 130 diputados del Congreso. Para ello llevaron tres buses. Al arribar desplazaron a los manifestantes y utilizaron gas pimienta para dispersar.

La versión del periodista Jaime Montenegro de Emisoras Unidas, las imágenes de la televisora Guatevisión, la de algunos asistentes que presenciaron los hechos consultados por Distintas Latitudes y las fotografías que circularon por redes sociales coinciden: los antimotines reprimieron y agredieron a algunos de los manifestantes.

Las 11:30 de la noche los diputados salieron con la cara cubierta, agachados y corrieron a los buses mientras los manifestantes eran separados a la fuerza sin que estos hayan provocado a los policías.

“El ambiente era de gas pimienta, gritos de miedo y angustia. Una mujer antimotín sacó de la escena de una manera agresiva a tres niños. Estaban asustados. Les dije que no tuvieran miedo”, narra Maryam Chávez, quien se encontraba a escasas cuadras del Congreso. Ella vio a los antimotines llegar y corrió para apoyar a sus compañeros que manifestaban.

El director de la Policía Nacional Civil y el ministro del Interior calificaron de exitosa el operativo y justificaron actuar así, porque según ellos, los diputados podían correr algún tipo de riesgo. A la media noche los legisladores fueron trasladados a la sede central de la Policía y posteriormente cada quien se trasladó por su cuenta a su casa.

El Procurador de Derechos Humanos, Jordan Rodas, repudió cómo procedió la Policía al momento de extraer a los diputados. También los medios de comunicación se quejaron de que los policías no los dejaron trabajar. Una periodista resultó herida y al menos tres más resultaron afectados por el gas pimienta.

Esto apenas empieza

Si bien los ciudadanos no lograron que los 107 diputados que votaron a favor de las reformas renunciaran, sí tienen claro que las movilizaciones no cesarán. Al menos dos colectivos convocaron a un paro nacional para este miércoles 20 de septiembre. Entre ellos figura la Asociación de Estudiantes Universitarios de la Universidad de San Carlos que llamó a paralizar labores en esa casa de estudios. La única universidad estatal del país reúne a no menos de 200 mil estudiantes.

La Corte de Constitucionalidad amparó a los manifestantes y pidió a las autoridades de seguridad para que respeten las protestas pacíficas. El presidente Jimmy Morales envió un comunicado vía redes sociales en el que dice que acatará la orden. Lleva casi un mes sin hablar con la prensa a raíz de la crisis que él mismo desató.

Los focos siguen sobre el Congreso para verificar si aún persiste el plan de reformar la Ley Orgánica del Ministerio Público y así destituir a la Fiscal General Thelma Aldana. También si Morales pedirá a la ONU la destitución de Iván Velásquez, pues ya no puede expulsarlo del país.

Toda esta batalla decisiva estará por verse. Esto apenas empieza.

Deja un comentario