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Una geografía para la resistencia es lo que pone en práctica el colectivo Geografía Crítica Ecuador. Hace cinco años que se aproximan a la geografía desde una perspectiva humana, entendiéndola como una ciencia social que estudia el espacio y cómo las sociedades producen y se reproducen en él. Para esto, sus nueve integrantes, del área de las ciencias sociales (politólogos, sociólogos y geógrafos), utilizan una herramienta clave de análisis y comunicación que llaman “contramapeo”.

Comenzaron su trabajo con el fin de hacer acompañamiento a comunidades en procesos de resistencia contra la industria extractiva, realizando mapas que mostraban los impactos de esta industria en las comunidades. Además de las poblaciones indígenas, actualmente acompañan con sus mapas la resistencia de los campesinos contra la agroindustria y la violencia de género.

A través de una llamada de Skype, Distintas Latitudes conversó con Melissa Moreano, una de sus integrantes para conocer más sobre el trabajo del colectivo Geografía Crítica y cuáles son sus líneas de acción:

¿Qué es la geografía crítica?

Manejamos dos niveles de actividad. Uno tiene que ver con la disputa académica de la geografía. En Ecuador, y en la mayor parte de América Latina, la geografía se ha reducido al sistema del mapa, utilizado para la planificación territorial del Estado. Nos interesa disputar ese sentido de la geografía a nivel teórico. Para nosotros la geografía es el estudio del espacio y cómo los cuerpos se mueven en ese espacio. En este sentido, nos aliamos con la propuesta que hace el feminismo latinoamericano sobre cuerpo como territorio, que parte de una reflexión profunda que se está haciendo en el continente sobre qué es el territorio.

Por otro lado, ponemos el contramapeo al servicio de las prácticas emancipatorias para las poblaciones en resistencia, identificando las zonas de sacrificio.

¿A qué te refieres con zonas de sacrificio?

En Ecuador, en los últimos años vimos el establecimiento de un Estado moderno que ha empezado a planificar el territorio de manera eficiente, designando espacios de una manera u otra, y a designar espacios de sacrificio. Este es un concepto que lo tomamos de Maristella Svampa: las zonas de sacrificio como zonas de extractivismo. La planificación territorial dedica estos espacios para la industria extractiva de cobre, o la extracción de petróleo, o la agroindustria. Todo esto en base a un discurso del desarrollo nacional. Estos espacios que se sacrifican para el bien nacional son habitados por poblaciones raciales y empobrecidas, principalmente son territorios indígenas. Ecuador estuvo en crisis desde los años 80 al 2000, sucediéndose gobiernos corruptos que no cumplían con sus promesas y que no hacían gasto social. En esta crisis llega al gobierno el expresidente Rafael Correa (2007-2017), cuando había mucho descontento social por las condiciones deplorables en las que estaba el país. Él llega con un discurso de progreso y de gasto social, en nombre de ese discurso ha llevado a cabo su propuesta, que se basa en un modelo de desarrollo extractivista.

Nuestro objetivo es ayudar a las comunidades con mapeos comunitarios, y con alfabetización de mapas. Todos estos procesos extractivos van acompañados de procesos de socialización de los estudios de impacto ambiental. Los ingenieros de las empresas llegan a las comunidades con muchos mapas que muestran lo que a ellos les conviene y ocultan información relevante para quienes viven allí. Un ejemplo: para los mapas de minería es vital poner las fuentes de agua que cruzan la concesión minera, para ver a qué comunidades abastece esa agua, y es un elemento que casi nunca ponen en sus mapas. El discurso que traen es que la concesión minera no afecta a las comunidades. Este es el gran conflicto, las comunidades nativas luchando para que no contaminen sus territorios y las empresas amparadas por el Estado diciendo que no les va a afectar porque tienen tecnología. Nuestro objetivo es proveer de herramientas para que las comunidades puedan enfrentarse a esa disputa con la información.

¿Para qué casos particulares han dado esta ayuda? ¿La campaña contra la concesión petrolera que se quiere instalar en el Parque Nacional Yasuní es uno de ellos?

En el Yasuní hemos hecho análisis, más que nada con los grupos ecologistas urbanos, porque la defensa del Yasuní ha sido bastante urbana, hay que decirlo. Produjimos un análisis en respuesta al discurso presidencial que sostiene que la concesión petrolera que se va a instalar dentro del parque nacional (lo que ya es ilegal en Ecuador, por lo que se tiene que modificar la legislación) solo afectará el 1% del territorio. Su lema era que la afectación iba a ser menos del 1×1000. Hicimos mapas mostrando que la afectación es mayor. Además, la amenaza de la petrolera ha generado guerras y tensión entre los dos clanes del pueblo Huaorani, que viven allí aislados de nuestra sociedad. Son dos grupos familiares que están distanciados.

¿Cuáles son sus líneas de acción?

El apoyo a las comunidades indígenas que mencioné, y estamos empezando a trabajar con campesinos por el tema de la agroindustria. Otra línea es la de la violencia contra las mujeres, mapeando los casos de femicidios a nivel nacional.

¿Cómo funciona el contramapeo?

Es una herramienta que hemos ido definiendo. Empezamos mezclando capas de información, porque en la cartografía tienes que ver qué capas pones y qué es lo que no eliges mostrar. Es una cuestión de poder. En la cartografía hegemónica no se muestran los territorios indígenas, pero sí tienes los ríos, las ciudades, los cultivos. Falta mostrar dónde está la gente, qué es lo que les falta, qué les afecta, cuáles son sus lugares de resistencia, y los puntos donde se ejerce la violencia estatal. A través de eso que llamamos contramapeo, logramos mostrar esa información oculta. En los mapas de la violencia contra las mujeres se muestra cuántas mujeres han sido asesinadas por su género en Ecuador, los índices de violencia sexual o doméstica, la criminalización del aborto.

Se usa toda esa potencia del mapa como soporte de comunicación para mostrar datos que generalmente no se muestran o no se cruzan. A raíz de que empezamos a trabajar en la geografía feminista ha habido un fuerte debate entre las feministas que cuestionan el mapa como un instrumento de poder masculino.

¿Cómo?

Uno de los cuestionamientos que se le hace al mapa es que es un instrumento cartesiano, como una herramienta lógica y plana. Porque el mapa muestra y oculta al mismo tiempo. Para mostrar otras formas, por ejemplo, cómo los cuerpos habitan los espacios, tienes las metodologías del cuerpo-territorio-tierra, de recorrer los espacios haciendo mapas sensoriales y mentales, capturar todas esas otras experiencias que tenemos las personas cuando ocupamos un espacio. En el contramapeo hemos encontrado la riqueza de este otro mapa. Por ejemplo, la potencia que tiene el mapa para ver todas las mujeres que han sido asesinadas en Ecuador, nos hemos dado cuenta de la fuerza que puede tener esta imagen a nivel nacional.

También es muy chévere esta metodología de cuerpo-territorio que estamos trabajando con el colectivo hermano ‘Miradas críticas del territorio desde el feminismo’. Entendemos al cuerpo como un territorio, en el tema de la violencia contra las mujeres siempre lo hemos entendido así. Es la violencia estatal a nivel territorio-tierra. Cuando hacemos un mapa mostramos los asesinatos de líderes antimineros, o dónde ha habido militarización. Pero ahora esa violencia estatal también se localiza en los cuerpos cuando existen femicidios y el Estado no actúa, o cuando se criminaliza el aborto. En esta mirada de cuerpo-territorio, también vemos que la violencia del extractivismo impacta de manera diferencial en hombres y mujeres, cómo cada uno ocupa el territorio de forma diferente. Estamos explorando estas metodologías que están dando vuelta el continente en un intercambio regional. Una de las exponentes es Lorena Cabnal en Guatemala.

Una forma de trabajar el cuerpo-territorio es cuando trabajamos con un grupo de personas de una comunidad, pedirles que dibujen su silueta en una hoja y que marquen dónde les duele físicamente, o dónde se aloja un dolor pasado. Así empiezas a preguntarte a qué se debe eso, y a conectarlo con algún trauma comunitario. El cuerpo habita un territorio y se interconecta con él.

Comentaste que van a presentar un mapa de la criminalización del aborto en Ecuador…

El 28 de septiembre es el día internacional por la despenalización del aborto y vamos a presentar el mapa de la criminalización del aborto en Ecuador que revela cosas muy impresionantes. Desde que se lanzó el nuevo código penal integral en Ecuador hace dos años, se criminaliza al aborto y al médico que lo practica, por lo que ha habido un aumento de denuncias de médicos a mujeres que abortan. Son muchas las mujeres en procesos de judicialización por haber abortado, eso es violencia estatal y criminalización de la pobreza porque las mujeres judicializadas son mujeres populares. Esperamos que este proceso de mapeo ayude en el camino para que América Latina despenalice el aborto en todas sus causales.

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Florencia Pagola (1988) periodista uruguaya. Trabajó en La Diaria. Desde 2015 es una de las integrantes de la Red Latinoamericana de Jóvenes Periodistas, iniciativa inédita para impulsar el periodismo regional y destacar nuevos talentos. Twitter: @FlorPagolaLuc

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