Celia Limia es una bioquímica cubana con un máster en Virología, un Doctorado en Ciencias Biomédicas, que se ha dedicado a estudiar el cáncer desde distintas aristas, además está a punto de sacar su segunda titulación de Doctorado en una universidad en Francia y trabaja en un laboratorio, en Chile, de diagnóstico de biología molecular y biomarcadores tumorales. Todo esto, con 31 años.


 

En medio de una pandemia, cuarentena total en Santiago de Chile, y la incertidumbre de vivir un momento sanitario sin precedentes, Celia Limia (Bayamo, Cuba, 1989) estaba escribiendo su tesis de doctorado e investigando sobre el cáncer de piel, pero a nivel celular; específicamente el estudio de una proteína que está en nuestro organismo y que puede tener un papel importante y controversial en el desarrollo del cáncer, porque puede ser un promotor de tumores y también un supresor. 

Viviendo en Cuba asistió a un Congreso en Italia donde conoció a un profesor de la Universidad de Chile, quien le propuso postular a un doctorado en esta institución.  Lo hizo sin muchas expectativas por la alta competitividad de estas becas y finalmente fue seleccionada. 

Irse de Cuba fue difícil para ella, contarle a sus padres, sentir que estaba abandonando su trabajo y su vida allí era lo que más le preocupaba. Estar lejos de su familia es el talón de Aquiles de Celia, por mucho que profesional y personalmente haya logrado, la angustia de no poder ver a los suyos a diario es un precio que le ha tocado pagar. 

Es bioquímica, cubana y ya hace cinco años que vive en Chile con su esposo y su perrita Nala, quien es adoptada e interrumpió a cada tanto esta entrevista en busca de atención. 

Defendió su tesis de manera virtual, encontró trabajo en un laboratorio en Chile, y está a punto de sacar su segunda titulación de Doctorado en una universidad en Francia. Aunque parece que las hace todas, una “superwoman”, la pandemia, como a la mayoría, le causó estrés y ansiedad. Contarlo, ir a terapia y tratarse con compasión fue su fórmula para sobrevivirlo. 

Conversamos con Celia, sobre sus investigaciones, dónde se empieza a formar la brecha de género en las ciencias, y sus estrategias para lidiar con el estrés y sobrevivir a una cuarentena. 

En palabras simples, ¿de qué se encarga la bioquímica?

La bioquímica es una ciencia que se encarga de estudiar y de comprender el funcionamiento de los sistemas biológicos, desde las células, los tejidos, los órganos, pero desde un punto de vista molecular, siempre tratando de entender los procesos químicos y las bases moleculares.

Todo esto para comprender finalmente el funcionamiento de los seres vivos desde su génesis que son las moléculas.  Y el conocimiento que se obtiene a partir de esta ciencia se aplica en diferentes campos, ya sea en la biotecnología, farmacéuticas, diagnósticos de enfermedades y la búsqueda de posibles tratamientos, en la generación de vacunas e incluso en la agricultura.

¿Desde que comenzaste a estudiar mostraste interés por el cáncer?

No precisamente desde que empecé a estudiar, recuerdo que de la Universidad nos llevaban a visitar centros de investigación, para que fuéramos perfilando de qué iba a tratar nuestra tesis de pregrado. En una de esas visitas nos llevaron al Centro de Inmunología Molecular de Cuba y recuerdo que me pareció fascinante lo que hacían ahí. 

Existían diversos grupos de investigación que estaban enfocados al desarrollo del tratamiento para el cáncer desde un punto de vista inmunológico; es decir, tratando de reforzar la respuesta inmune, que es este mecanismo de defensa de nuestro cuerpo hacia las células tumorales. Y eso me atrapó. 

Finalmente me quedé haciendo mis prácticas de tercer año en este centro. Ese fue mi primer acercamiento, y ahí empecé a entender este campo del cual no me volví a separar

¿Cuál es la investigación o descubrimiento que siempre has querido hacer y aún no lo haces? 

A lo largo de mi carrera profesional he hecho investigaciones, como la de mi doctorado, que digamos son más básicas, porque ayudan a ampliar el conocimiento sobre una determinada célula, proteína, etc, y ese conocimiento luego puede servir para la búsqueda de tratamientos. Sin embargo, me gustaría continuar haciendo investigaciones que sean más aplicadas, que puedan contribuir directamente a los pacientes. Encontrar o estudiar la presencia de algún biomarcador que mejore el diagnóstico de un paciente con cáncer o descubrir un nuevo blanco terapéutico, algo que tenga un efecto más directo. 

¿Si tuvieras la capacidad de rediseñar las prioridades de desarrollo e investigación de todo el planeta hacia dónde te gustaría apuntar?

No sé si redirigir todas las prioridades a una sola investigación sea buena idea, pero si me gustaría que se valorara la relevancia de las investigaciones biomédicas, que se potenciara en todos los países por igual, porque en todos no sucede lo mismo. A Chile, por ejemplo, le falta potenciar la investigación de la ciencia. Esta situación de la pandemia ha demostrado qué defendernos y saber cómo responder ante estos acontecimientos, conocer la secuencia del virus para poder generar vacunas, poder entender los grupos de edades más afectados. Todo esto salva vidas y en este último año se ha visto la relevancia de que los gobiernos promuevan y brinden financiamiento a la ciencia.

¿Cómo ha sido ser mujer en un campo tradicionalmente dominado por hombres?

Es un campo tradicionalmente dominado por hombres, si, yo lo veo en los jefes de laboratorio, los profesores del doctorado; las mujeres en cargos han sido pocas. Igual cada vez más se trata de encontrar esa paridad de género. Por ejemplo, hice mi doctorado doble, acá en Chile y en una universidad en Francia, y allá mi tutor propuso un jurado y como no se cumplía la paridad de género no se lo aprobaron y tuvo que rearmarlo. Sin embargo, en mi defensa en Chile no fue así, en mi comisión de doctorado eran tres hombres y una mujer, y no pasa nada.  

Yo personalmente si lo pienso no he sufrido tanto porque creo que las diferencias se empiezan a notar a partir de donde estoy ahora o quizás un poco más hacia adelante. O sea, mientras estudiaba mi pregrado y luego maestría y doctorado, si me pongo a pensar, la mayoría éramos mujeres. Creo que recién llegó al punto limitante, donde empieza a favorecerse la presencia de hombres que es justamente cuando se empieza a poder tener cargos en la universidad, o aspirar a ser investigador principal. Porque empiezas a tener una edad donde quieres tener hijos, y ese es uno de los puntos limitantes para las mujeres hoy en día. Tengo compañeras que salieron embarazadas, y para los jefes es como, “el peor error de tu carrera”, porque, claro, como estás en una competencia en cuanto a ganarte un proyecto, un cargo, es un campo muy competitivo donde te exigen un curriculum muy amplio, y que una mujer se desvincule un año, lo ven como una desventaja. 

Creo que esto sucede cada vez menos pero efectivamente es un tema aún. Y la relación familia-trabajo es la que más afecta hoy en día.

¿Eres feminista? ¿Tienes alguna idea de cómo incentivar a las niñas a que estudien carreras vinculadas a las Ciencias?

Es que depende, por ejemplo, hay carreras como las ingenierías, que uno si ve esa diferencia marcada en las aulas, y eso tiene que ver con la crianza, con no perpetuar ciertos estereotipos, hay que incentivar a las niñas a que conozcan de mujeres que han hecho grandes aportes a las ciencias. 

Pero, en el caso de mi carrera, en específico, como te decía anteriormente toda la etapa de estudiante estuvo marcada por aulas donde había más mujeres que hombres, entonces yo creo que el paso limitante comienza a ser a la hora de ganar puestos en las universidades, convertirse en jefas, ahí puede estar lo difícil hoy y desde mi punto de vista puede tener que ver con las desventajas del sistema a la hora de garantizar que a las mujeres no les signifique  un problema la maternidad. Hay que implementar leyes que favorezcan que las mujeres puedan ocupar puestos directivos. Ahí yo pondría el foco. 

 ¿Cómo lidia Celia con el estrés?

El año pasado, que estaba en mi último año de doctorado, y con la cuarentena, pandemia, fue bien fuerte. Pero una de las cosas que más me ayudó y que incorporé en mi rutina fue hacer ejercicios, escuchar audios de meditación, hacer cosas que me relajen y me gusten, recientemente me puse a dibujar. Cocinar, también me relaja, escuchar música. Entender también de dónde viene el estrés, tratar de conocerme. Estoy haciendo terapia; aprendí que es súper sano cuando uno no puede encontrarle solución a algún conflicto, buscar ayuda, con una psicóloga, terapeuta, a mí me ha servido para ver las cosas desde otro punto de vista. En Cuba creo que no tenemos tanta cultura de buscar ayuda psicológica y aquí aprendí que es súper necesario.

¿Cómo sobreviviste al encierro y a la pandemia?

Sobreviví con terapia, cocinando, con pilates, con música. Sobreviví dejándome estar mal los días que lo estaba, sobreviví con compasión conmigo misma. Había días que me sentía mal y decía “no voy a ser tan productiva, si no me siento bien” y lo aceptaba y lo dejaba ser. Comunicándolo también. Me pareció sano e importante la posibilidad de transmitirle lo que yo estaba sintiendo en ese momento a mis jefes, por ejemplo. Cuando no estaba bien les decía que iba a ir más lento, que estaba con ansiedad, y lo decía sin vergüenza, porque creo que al hacerlo les hacía tomar conciencia a ellos también de lo que estábamos viviendo, entonces para mií era importante manifestarlo. Todos estamos pasando por lo mismo, ¿por qué no decirlo entonces?

 

Ilustración de portada: Alma Ríos.
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Silvia Oramas

Licenciada en Periodismo en la Universidad de la Habana y Máster en Periodismo de Investigación, Datos y Visualización por la Universidad Rey Juan Carlos. Investigadora en el área de reportajes de CHV Noticias y CNN Chile. Hizo el factchecking para el episodio de El Hilo “Cinco días y 38 años de Álvaro Uribe”. Profesora ayudante de Periodismo Digital en la Universidad Diego Portales. Voluntaria en la ONG Chicas Poderosas. Hizo el factchecking de la segunda edición del proyecto Violentadas en Cuarentena de Distintas Latitudes.

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