Conversamos con Sebastián Arévalo, uno de los jóvenes fundadores de la Fundación Pasos Libres, dedicada a la prevención de la trata y tráfico ilícito de personas. Arévalo es el representante regional del Traffik Analysis Hub (TAHub), una organización sin ánimo de lucro que utiliza la tecnología para recopilar y analizar información sobre la trata de personas a nivel mundial, con el fin de proponer soluciones más eficaces.


 

Sebastián Arévalo me saluda con una gran sonrisa a través de la pantalla. Le pregunto por su vida y me cuenta con toda naturalidad lo que ha hecho durante el año pandémico: “Trabajando súper juicioso con la Fundación. El año pasado se abrieron nuevas oportunidades y este año seguimos dándole duro. Es un reto cada año, pero ahí vamos.” 

La fundación de la que habla es Pasos Libres, una organización cofundada por él en 2018 que se dedica a la prevención de la trata de personas a través de la educación y la tecnología. Sebastián, quien tiene 27 años, es también el representante regional del Traffik Analysis Hub (TAHub), otra organización sin ánimo de lucro que utiliza la tecnología para recopilar y analizar información sobre la trata a nivel mundial, con el fin de proponer soluciones más eficaces.

Él se define a sí mismo como un líder. Este rol lo ha llevado a viajar representando su iniciativa alrededor del mundo y a conocer y compartir experiencias con otros líderes y jóvenes emprendedores de talla internacional. Tanto Sebastián como el resto de los fundadores de la Fundación Pasos Libres han sido reconocidos por realizar el primer DataJam mundial sobre trata de personas y, próximamente, estarán trabajando en conjunto con el Gobierno canadiense para prevenir este delito. 

Pero en la cotidianidad Sebastián es un joven como cualquier otro. Al hablar, refleja una cordialidad que seguramente es digna de su profesión: Política y Relaciones Internacionales. Fue ejerciendo esa carrera que decidió aportar un granito de arena para mejorar vidas. 

¿Cómo logran en Pasos Libres utilizar la tecnología y la innovación para ayudar a reducir el tráfico de personas?

Esa respuesta va en dos sentidos. Por un lado estamos utilizando la tecnología como un “pretexto” para aproximarnos a jóvenes y a expertos en la temática y transmitir conocimiento sobre  trata de personas. Debido a eso es que estamos desarrollando Hackatons y DataJams contra la trata desde 2018. En ellos juntamos a expertos de talla mundial y a jóvenes de diferentes áreas del conocimiento para aprender sobre esto y desarrollar soluciones de base tecnológica. 

Por otro lado, Pasos Libres es el representante regional del TAHub, que básicamente es el primer centro de datos mundial sobre trata de personas. Esta es una iniciativa creada por Stop The Traffik e IBM, una solución que recoge datos e información de organizaciones de todos los sectores para mapear  cómo funciona la trata y tener un entendimiento global del fenómeno que nos permita desarrollar estrategias de prevención. Así ayudamos a las organizaciones a combatirla a través de la inteligencia basada en datos.

Tú y tus compañeros comenzaron este proyecto muy jóvenes. ¿Cómo surgió la idea? ¿Hay algún motivo en particular que los llevara a inclinarse específicamente por esta problemática social?

Yo realicé las prácticas de la universidad en la Oficina de las Naciones Unidas contra la Droga y el Delito (UNODC), justamente en el área de lucha contra la trata de personas y el tráfico ilícito de migrantes. Allí no solo hice el típico trabajo de oficina. También conocí a víctimas, a organizaciones sin ánimo de lucro, que estaban trabajando y que trabajan actualmente en el tema, y me di cuenta de lo grande que era el delito.

Como muchas personas, yo creía que la trata era algo de unas noticias muy concretas, un tema del pasado. Pero cuando uno escucha que hay 40 millones de víctimas actualmente en el mundo, que es un negocio que produce 150 mil millones de dólares y que es supremamente invisibilizado, te dices: “tengo que hacer algo”. Yo sentía que podía hacerlo. 

Entonces, con un grupo de voluntarios que venían haciendo ejercicios de prevención y educación, montamos nuestro propio proceso en colegios de la localidad de Fontibón (Bogotá). Cuando empezamos a dictar estos talleres, los chicos realmente escuchaban a otros jóvenes, se abrían y participaban más. Lo más impactante fue que en unas semanas identificamos como unos 20 casos de explotación sexual, además de matrimonios forzados (en pleno Bogotá). Eso nos marcó mucho y nos hizo entender que el delito está más cerca de lo que creemos. 

El que estos jóvenes nos confiaran asuntos tan personales hizo que nos diéramos cuenta de que teníamos una posibilidad muy grande de hacer algo diferente. Una posibilidad de tomar todo ese conocimiento, información y experticia de las organizaciones y acercarla a ellos. Eso fue la inspiración para Pasos Libres y, de alguna  manera, la razón por la que nos iniciamos un poco jóvenes en este tema. 

Todos los miembros fundadores son politólogos. ¿Cómo terminaron trabajando con tecnología e innovación? 

Todos teníamos el deseo de utilizar nuestra profesión en temas sociales. Queríamos ver cómo tomar este conocimiento sobre diplomacia, política, y aterrizarlo en la comunidad. Adicionalmente, siempre nos había interesado entender y luchar contra el crimen organizado, construir paz desde un enfoque de seguridad humana más que policial. 

Estos elementos se sumaron en esa  experiencia concreta que te conté de Fontibón. Y eso nos llevó a decir: “Oiga, esta es la oportunidad para construir algo que nos apasione y contribuir con algo que siempre hemos querido.”

Ninguno de nosotros está directamente relacionado con el campo de la tecnología. Terminamos trabajando en este porque en 2018 tuvimos la oportunidad de conocer al gerente de Ciudadanía Corporativa de IBM Colombia. Justamente IBM estaba trabajando en ese momento en el tema de trata de personas. No había hecho nada en Colombia y  nos propusieron una alianza para realizar una Hackaton. 

IBM, por supuesto, tenía muy claro cuál era el formato de esas competencias. Nos dijeron: “Nosotros les ponemos los mentores, toda la gente que les enseñe cómo funciona esto, y ustedes se encargan de lo temático.” 

Cuando tuvimos esa primera experiencia, nos dimos cuenta de que podíamos utilizar el formato de estas competencias para involucrar a expertos en tecnnología y promover la temática de la trata. De ahí en adelante conocimos TAHub y nos hemos involucrado en temas de recolección y análisis de datos. 

Nosotros no “echamos código”, pero estamos involucrados en el campo de la tecnología desde la promoción y la creación de estos formatos de competencia. Y, obviamente, ya en términos operativos, en involucrar procesos de analítica y de ciencia de datos en los procesos internos de Pasos Libres. 

Hablando de las Hackaton, ¿qué sucede con todas estas ideas que surgen en las competencias?

Ese ha sido uno de los retos desde el primer año. En ese entonces creamos un  repositorio fijo para la competencia, donde guardamos toda la información de las propuestas y garantizamos que quede ahí para siempre. Pero realmente fue hasta el 2020 cuando pudimos diseñar una estrategia post-competencia para ayudar a los equipos.

Actualmente estamos trabajando en un plan de seis meses de desarrollo con las dos soluciones ganadoras del año pasado (una de Colombia y otra de Estados Unidos), en alianza con TAHub e IBM.

El modelo ha funcionado. Los equipos están súper comprometidos. Estamos avanzando de manera importante y la idea para los años que vienen es igual: tener el repositorio para las soluciones y buscar aliados que quieran continuar desarrollando esas propuestas. Queremos enfocar nuestros retos en resolver problemáticas que tienen organizaciones concretas que trabajen en el tema y tengan capacidad para desarrollar tecnología.

Claro, hay otros casos de éxito muy interesantes que han surgido debido a la calidad de propuestas que se han presentado. Por ejemplo, una líder del equipo ganador del 2019 está haciendo su maestría en la Universidad de los Andes sobre la solución tecnológica que plantearon en la competencia. Recientemente se ganó una beca en la Universidad de Harvard, donde va a seguir desarrollando su modelo matemático. 

Hay muchos chicos que crearon organizaciones, que constituyeron empresas para abordar temas y asuntos sociales desde la trata de personas. Estamos en el trabajo de recolectar todas esas historias, porque son igualmente muy valiosas. 

Me estabas hablando de los métodos que usan desde el TAHub para recolectar la información y analizarla. ¿En qué momento llegaron a la conclusión de que el machine learning era la mejor alternativa para esto?

El TAHub es una iniciativa que se ha desarrollado durante los últimos cuatro, cinco años. Llegamos a esa idea porque Stop The Traffik, una de las organizaciones fundadoras, había identificado el problema que tenemos en Latinoamérica (y que tienen en todo el mundo). Y es que no había datos de calidad, o no se estaban analizando, y entonces todos los datos se volvían solo cifras. “Tenemos tantas víctimas nuevas, tantos grupos criminales desarticulados, tantas personas presas”.

Ellos empezaron a experimentar recogiendo información a través de una aplicación que crearon y a construir estrategias de prevención basadas en esa información. Pero uno de los retos era cómo recoger información a nivel mundial suficientemente rápido, porque si se hace de manera manual es muy lento. La inteligencia artificial nos permite analizar grandes volúmenes de datos de manera continua, pero también analizar de manera mucho más rápida la información de las organizaciones que la recogen manualmente.

Sebastián Arévalo, el joven colombiano que busca disminuir la trata de personas a través de la tecnología

Sebastián Arévalo es uno de los fundadores de Pasos Libres, una organización que previene la trata de personas a través de la educación y la tecnología.

La migración no es un fenómeno tecnológico, y muchas veces es difícil seguirle el rastro a estas dinámicas físicas en el mundo virtual. ¿Cómo crees que se puede reducir la brecha entre la tecnología y el mundo “real” para permitirles a ustedes tener un rastro más fácil de seguir y poder ayudar a más personas?

Esa es una muy buena pregunta porque, como dices, una cosa es lo que pasa en la vida real y otra lo que nos revelan las cifras. Y esto ocurre precisamente porque muchas de las organizaciones que atienden a la población migrante no saben cómo registrar lo que ven. O bien tenemos un montón de información, historias y sucesos, noticias, que no se convierten en información estructurada que finalmente pueda ser analizada. 

Entonces, se trata de crear capacidad en las organizaciones que trabajan con ellos todo el tiempo, para ayudarlos a recolectar esa información. Que entiendan que no se hace únicamente por un tema burocrático, sino que eso puede convertirse en una base sobre la cual ellos pueden construir estrategias de prevención y atención eficaces.

Por otro lado, es súper importante reconocer que la tecnología por sí misma no es la solución a ningún problema. Es un medio, no un fin. Iniciativas como el TAHub no llegan a Latinoamérica para reemplazar el trabajo de ninguna organización, sino para potenciar el trabajo que ellas hacen con la comunidad. Se trata de continuar y aumentar los esfuerzos para que podamos trabajar con las comunidades, construir tejido social y tomar acciones en el territorio.

El tráfico de personas conlleva muchas otras situaciones muy difíciles, tanto para las víctimas directas como para sus seres cercanos. Trabajando tanto tiempo en este tema, ¿cuál ha sido la experiencia más dura y cuál la más reconfortante?

Yo creo que la experiencia más difícil es realmente cuando uno sale a hacer ejercicios de prevención, sigue identificando casos y encuentra grandes barreras para poder ayudar a las personas. Finalmente, Pasos Libres no es una organización que hace asistencia a víctimas (yo admiro muchísimo a las organizaciones que lo hacen porque es una gran responsabilidad). 

Cuando tú identificas casos, tratas de ponerlos en conocimiento de las autoridades y empiezas a cruzarte con un montón de barreras para hacer las denuncias y encontrar organizaciones que puedan ayudar a las víctimas. Eso puede ser de las cosas que frustran más: darnos cuenta de que abordamos una parte importante del delito, pero que hay otros aspectos, como la asistencia, que siempre van a chocar, porque son temas muy difíciles. Y es frustrante sentir que no se puede ayudar a las personas como se debería. 

Por otro lado, creo que son varias cosas reconfortantes que nos han pasado. En las competencias, por ejemplo, ver que a la gente realmente le importa el tema, que se da cuenta de que puede  tomar acción, que quedan motivados para hacer las cosas de manera diferente y que, independientemente de que ganen o no la competencia, descubren que tienen un rol potente y se vuelven promotores del tema. 

Otra situación reconfortante es lo que estamos haciendo con el TAHub: dejar de trabajar un poco directamente con muchas comunidades afectadas, pero para volver y contribuir de una manera mucho más potente. Creamos y damos acceso gratuito a una herramienta tecnológica que no ha creado ni siquiera el gobierno, y que las organizaciones como la nuestra no tienen capacidad para crear. Ahora pueden ver el potencial que ellos tienen con sus datos y lo importantes que son como ejecutores. 

Es una sensación increíble y yo creo que en un corto plazo vamos a empezar a tener una incidencia importante.

Si pudieras cambiar una cosa que directamente se viera reflejado en que el mundo fuera un mejor lugar (así sea algo radical o políticamente incorrecto), ¿qué crees que cambiarías?

¡Esa pregunta es súper difícil! Tiene una parte que se podría hacer y otra que es muy romántica. Creo que si realmente uno pudiera hacer que la empatía fuera algo obligatorio y que todas las personas la adquirieran de alguna manera mágica, sería increíble.

Muchos problemas del mundo son por falta de empatía. Cuando hablamos de trata de personas, por ejemplo, de trata en la cadena de suministro, todos tenemos ropa o consumimos productos que tienen trata de personas detrás. 

Hay gente que sabe que eso pasa pero simplemente no es empática, porque las víctimas están lejos o no las vemos. Si todos fuéramos más conscientes del cambio que podemos hacer con solo variar nuestro comportamiento, tender una mano, ayudar al menos a una persona en nuestro día a día, eso cambiaría muchísimas cosas. 

Si la gente  por lo menos pudiera cambiar sus hábitos un poquito y no consumir marcas que han sido denunciadas por este tipo de problemáticas (entérese aquí cuánto afectan sus hábitos a la esclavitud), se podría hacer una transformación gigante, ¿no?

Igual en la calle: muchas veces se encuentran personas que están pidiendo ayuda, o que se ven angustiadas o tristes, y simplemente nadie tiene el coraje o la voluntad de preguntarles qué sucede y si se las puede ayudar. Creo que si la gente se pusiera en los zapatos de los otros, el sufrimiento de muchos podría disminuir de una manera gigantesca.

Y si pudiera hacer algo ya más realista, creo que sería que, independientemente de la institución educativa o del sector, se hablara de trata de personas y de lo cercana que es. Así podríamos identificar todas esas formas cotidianas que podemos ver día a día, y cómo simplemente con cambios en nuestros hábitos, o con saber a quién alertar y cómo hacerlo, podríamos salvar millones de vidas en el mundo. 

Sebastián Arévalo, el joven colombiano que busca disminuir la trata de personas a través de la tecnología

Arévalo es también representante regional del Traffik Analysis Hub (TAHub), ONG sin ánimo de lucro que utiliza la tecnología para recopilar y analizar información sobre la trata de personas a nivel mundial. Foto: Facebook.

Esta iniciativa te ha llevado a conocer personalmente a varios líderes y representantes mundiales, incluido el Dalai Lama. ¿Cuál es la persona que más te ha marcado y por qué?

Yo creo que no hay ninguna persona en particular. Es la suma de todas las personas que he conocido lo que de alguna manera marca lo que Sebastián Arévalo es como profesional, lo que mis colegas en Pasos Libres son como profesionales, y lo que ha marcado a mi organización. 

Mencionaste al Dalai Lama. Esa fue una experiencia muy linda. Conocerlo a él fue algo increíble, pero creo que lo que más me marcó de esa experiencia fueron todos los chicos  que tuve la oportunidad de conocer. 

Ese era un intercambio con varios constructores de paz de diferentes países que están viviendo conflictos fuertes, y tenían unas historias impresionantes. Chicos que literalmente habían nacido como refugiados en otros países y que aún así se habían levantado para construir organizaciones de la nada, sin recursos, sin apoyo, para ayudar a sus comunidades. Chicos que habían sido víctimas del conflicto armado y que estaban trabajando en procesos de paz aun cuando les habían matado a sus papás o los habían secuestrado. 

Eran historias impresionantes. Yo me decía: “Son ejemplos de vida que no mucha gente conoce, chicos que realmente están marcando la diferencia trabajando con pasión”. 

Siempre he conocido personas con historias muy interesantes, con luchas súper fuertes, y creo que la sumatoria de todo eso es lo que inspira a uno día a día a hacer las cosas bien. Entonces, más que una persona en particular, yo diría que lo más impactante es toda esa sumatoria de historias, todas esas experiencias y consejos que te dan esas personas.

¿Qué le diría el tú actual al tú de hace años cuando ni siquiera habías comenzado la fundación?

Yo le diría: “¡comienza antes!” 

Realmente me hubiera gustado involucrarme en esto antes. En la universidad tengo que reconocer que era un estudiante juicioso, pero no era una persona que me involucrara en muchas cosas. Por lo menos no al comienzo. Después fue que creció este interés de utilizar mi carrera para temas sociales, de trabajar con la comunidad.

Pero al inicio no me involucraba en absolutamente nada de esto, y viendo muchas historias de chicos que tienen 15, 16, 12 años y sí lo están, uno podría hacer cosas maravillosas.

Yo creo que si uno aprende el valor de ayudar, de involucrarse y dar de su tiempo y su conocimiento para el bien de las demás personas, es una experiencia que te cambia para toda la vida y te impulsa a hacer más. Todos podemos contribuir con una causa desde diferentes áreas. Creo que eso le diría el Sebastián de ahora al de antes: “Involúcrate más, en más cosas, ayuda más, aprende más. Esas experiencias nunca se van a olvidar.”

Y para finalizar, puede que haya alguna persona que lea esta entrevista y haya sido o conozca a alguien víctima de trata. ¿Qué organizaciones tú conoces y recomiendas para que las personas puedan contactar en busca de algún tipo de apoyo?

En Colombia, Renacer y Espacios de mujer son organizaciones con un trabajo increíble en la asistencia a víctimas. Tengo entendido que trabajan con víctimas de diferentes tipos de trata de personas, pero principalmente víctimas de explotación sexual. Son organizaciones increíbles que estoy seguro que los van a asistir, a entender y orientar.

Por supuesto, también están las autoridades. En el caso de niños, niñas y adolescentes, el ICBF es una muy buena línea de atención. Y para personas adultas, en la Fiscalía tienen una línea donde siempre recepcionan casos de trata. Pero Renacer y Espacios de mujer son un gran punto de partida, pues son organizaciones que asisten a  víctimas, que prestan orientación, que contribuyen a construir proyectos de vida y que los pueden orientar en todo el proceso de reconstruir o recuperar sus derechos y salir adelante. 

Y en el resto de Latinoamérica hay varias. Por ejemplo, en Perú, CHS Alternativo; en México, El Pozo de vida, una organización increíble, con unos procesos de prevención y asistencia  a víctimas líderes a nivel mundial.

Imagen de portada: Rocío Rojas
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Vanessa Sarmiento

Comunicadora social y periodista. Experiencia en locución, edición y docencia en el área audiovisual y radial. Integrante del Colectivo Radial y Cultural Localízate, enfocado en comunicación comunitaria. Trabajó en Rutas del Conflicto y actualmente se encuentra en el área multimedia de CONNECTAS.

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