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En Argentina, desde 2020, el aborto es ley. Sin embargo, grupos católicos pro-vida buscan la manera de conocer a personas gestantes que desean abortar y convencerlas de que no lo hagan. 


 

Es verano de 2020, en Argentina el aborto aún no es legal ―lo será desde el 30 de diciembre de ese mismo año― y Agostina Mileo, una investigadora científica feminista, tiene una misión encomendada por openDemocracy: infiltrarse y descubrir si es posible interrumpir un embarazo no deseado con ayuda de los Centros de Ayuda para la Mujer (CAM).

La duda surge porque hay una coincidencia entre los números telefónicos que aparecen en páginas supuestamente pro-aborto de redes sociales y los de los CAM, centros abiertamente pro-vida.

Los CAMs son los principales aliados en América Latina de Heartbeat International, una organización cristiana estadounidense que en las últimas cuatro décadas se ha convertido en una de las principales redes antiaborto del mundo. Nacieron en México en 1989 y desde entonces comenzaron a extenderse por todo el subcontinente latinoamericano.

En Argentina, los CAM son mayormente conocidos como Merced Vida. Estos no son los únicos centros anti-aborto del país, ya que hay otros como Gravida y Anima, pero los CAM / Merced Vida son los que tienen una mayor presencia en el territorio nacional, con alrededor de 40 centros, la mayoría afiliados a Heartbeat International.

No hay mucha información pública sobre la cantidad de casos manejados por estos centros en el país. Sin embargo, se sospecha que utilizan estrategias diseñadas por Heartbeat International, como la de buscar una fuerte presencia en Internet y redes sociales.

Esta fuerte presencia la utilizan de dos maneras. Por un lado, los CAMs tienen páginas webs y redes sociales donde comparten abiertamente su postura anti-aborto. Pero también tienen fuerte presencia de manera totalmente opuesta. Los CAMS tienen páginas webs y redes sociales donde se presentan como pro-aborto, solo para ganarse la confianza de mujeres embarazadas que desean o necesitan abortar y luego convencerlas de no hacerlo, muchas veces mediante desinformación, manipulación emocional o dilataciones innecesarias.

Con esta estrategia, buscan un mayor alcance. Con sus páginas y redes sociales oficiales apuntan a mujeres que entienden o comparten la postura anti-aborto, y que los buscan justamente por eso. Mientras tanto, con sus páginas y redes no-oficiales, las supuestamente pro-aborto, llegan a mujeres que sí quieren abortar, para luego tratar de convencerlas de que no lo hagan.

Eso es lo que, teléfono en mano y mentira en labios, Agostina se dispuso a confirmar en 2020.

Llamó a un número telefónico que aparecía en Hearbeat International, coordinó un turno en  Tucumán 1424 2C, un edificio sobrio ubicado en pleno centro porteño, sin señalización provida ni proaborto; y asistió al lugar con la excusa de que estaba embarazada producto de una violación de su pareja, por lo que quería abortar.

Allí le enseñaron videos con testimonios de gente que supuestamente había abortado y su vida quedó destruida para siempre, le dieron folletería con información y fotos para asustarla, la confundieron con la fecha de su última menstruación y le dijeron que la ayudarían con pañales y muebles si no interrumpía su embarazo. Allí, definitivamente, no la ayudarían en su objetivo. Sólo querían asustarla para persuadirla de abortar.

Eso fue a inicios de 2020, cuando en Argentina el aborto aún no era legal y sólo estaba despenalizado en caso de violación, riesgo para vida de la mujer o si esta era “idiota o demente” (sic), aunque ya en esos años, según el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), en el país se practicaban entre 460 mil y 600 mil abortos clandestinos cada año.

La investigación de Agostina tuvo un impacto importante en el país. Tras su publicación, la diputada progresista Mónica Macha dijo que no debía permitirse que estos centros operaran en las sombras y que era clave que “la justicia investigue el grado de legalidad de estos procedimientos”.

Cuatro años después, el aborto ya es legal en Argentina hasta la semana 14 del embarazo, pero los centros anti-aborto siguen operando libremente y basando parte de su trabajo en publicidad engañosa, desinformación y manipulación emocional.

Para probarlo, desde Distintas Latitudes llamamos al mismo número al que llamó Agostina Mileo en 2020. Ese número, hoy día, aparece tanto en la página de Instagram Embarazo no deseado, supuestamente pro-aborto, como en el directorio de un centro CAM/Merced Vida, afiliado a Heartbeat International.

***

El primer paso fue abrir el directorio de Heartbeat, filtrar por “Argentina”, agendar el número telefónico que aparece como “Cam Merced Vida” y escribirles con una historia inventada, tal como hizo Agostina cuatro años atrás.

La respuesta tardó 35 minutos:

―Hola, soy Mica. Si te estás comunicando porque estás con un embarazado INESPERADO, te podemos ayudar. Te comento cómo trabajamos. Primero te damos un TURNO GRATUITO con nuestros especialistas, que evaluarán tu situación en base al tiempo de tu embarazo, edad, salud, embarazo, cesáreas, abortos anteriores, etc. para ayudarte a resolverlo SIN que corras riesgos. (…) Si querés un turno decime tu primer nombre y edad, fecha de última menstruación, en qué barrio vivís y cómo confirmaste tu embarazo.

―Hola, Mica. Sí, quiero un turno. Te paso los datos pero antes quiero saber: ¿interrumpir el embarazo es una posibilidad? Estoy asustada.

No respondieron ni sí ni no.

―Quedate tranquila. Tenemos centros en Capital Federal, La Matanza, Morón, San Martín. ¿Alguno te queda cómodo?

―Sí, Capital Federal. ¿Por dónde sería?

―Es cerca del obelisco. Si te parece, paso a las secretarias del Centro de ayuda tus datos para que coordines con ellas tu turno gratuito. Ellas prefieren llamar y ya van a tener tu información. Te dejo igual el número de contacto por si necesitas consultarles algo después de que te den tu turno. La dirección exacta te la dan cuando confirmes.

―Por favor no tarden mucho.

―Una última cosa importante: no hagas nada que te aconseje una amiga o leas por internet hasta no hablar con nuestros especialistas porque puede ser peligroso para tu salud. Cuidate!!!

Los tiempos de espera del llamado no concuerdan con los del periodismo (y, mucho menos, con los tiempos del aborto legal) por lo que, algunos días después, volví a llamar al número de Mica, el que aparecía en Heartbeat International.

No hubo respuesta, así que escribí a dos números más.

Primero, al del CAM Capital Federal, el contacto que Mica me había compartido por WhatsApp. Segundo, al del CAM San Isidro, un número que había en el contestador automático del número inicial.

Ya había dos hilos para tirar.

¿Qué respondieron desde cada lugar?

CAM Capital Federal: “No somos una clínica IVE”

―¡Hola! Me pasaron el número de teléfono de ustedes porque quiero interrumpir un embarazo. Me dijeron que pida turno con esta clínica. ¿Me explican el proceder y cuándo me lo podrían dar? Cuanto antes, por favor.

―Hola, ¿te hiciste el test?

―Positivo.

―Te comento: somos un centro de ayuda para mujeres con embarazos inesperados, no somos IVE (Interrupción Voluntaria del Embarazo). Intentamos ver cuál es la mejor alternativa según tu situación. La decisión es tuya, estamos para escucharte y brindarte contención en este momento. Podemos ofrecerte una consulta gratuita para poder hablar y ver de qué modo podemos ayudarte.

―Pero este número me lo pasaron de un número telefónico que saqué de una página de IVE. No entiendo. La página dice abortos y pastillas. ¿No hacen eso?

―Somos un centro de ayuda para embarazos inesperados, es un espacio de información y contención. No hacemos interrupción. No es una clínica.

https://www.instagram.com/embarazonodeseado. ¿Esta página es de ustedes? Es una página IVE. De ahí saqué el número que me dijo que hable con ustedes.

―No.

CAM Capital Federal: “La vida nos conectó por alguna razón”

Un día después de que el CAM Capital Federal admitiera vía WhatsApp no ser un centro IVE, el llamado disuasor para no abortar llegó igual.

Preguntaron por Martina, el nombre falso que había dado.

―Hola, Martina. ¿Cómo estás? ¿Podés hablar? Nosotras somos un centro de ayuda para mujeres con embarazos inesperados. No sé cuál es tu situación y si de alguna manera te podemos ayudar o por ahí no es lo que vos buscás.

―Sí, en realidad les quería hacer una advertencia. Yo hablé para interrumpir un embarazo con un número telefónico que después me pasó el contacto de ustedes para pedir un turno, pero cuando hablé con ustedes por WhatsApp me dijeron que no son un centro IVE.

―No, lo nuestro es un centro de ayuda. Lo que hacemos es ver la situación que está viviendo la persona (¿cuál es la tuya?) porque muchas veces la gente, frente a estos embarazos, ve todo negro, está en soledad, entonces buscamos poder dar una mano y ayudarte a buscar alternativas que no te lastimen, digamos. ¿Cuál es tu situación?

―Mi situación está decidida. Por eso buscaba un centro IVE. Lo que no entiendo es cómo llegué a ustedes si no son un centro de atención de estas características.

―Claro, estos caminos extraños, estas vías extrañas. Vos sabés que hoy en día en cualquier salita y cualquier hospital te podés hacer un aborto, es legal, pero nosotros sabemos cómo queda una mujer después de eso e intentamos buscar alternativas que no te lastimen. Vos me decís que estás decidida pero… ¿es tu primer hijo? ¿tenés vínculo con el padre? ¿estás sola?

―Primer hijo. Tengo vínculo. No estoy sola. No estoy en condiciones de afrontar un hijo ahora.

―Oíme, Martina: ya que la vida nos unió… ¿te molesta que lo charlemos cinco minutos?

La charla no duró cinco minutos, duró media hora y pasó por todos los mismos lugares que la charla que tuvo Agostina como infiltrada en Tucumán 1424 2C, cuatro años atrás, cuando el aborto no era legal.

Sin imágenes ni videos, porque era una conversación telefónica, quien estaba del otro lado aseguraba conocer a muchísimas mujeres que abortaron quedaron destruidas. Decía que aunque hoy el aborto es legal, nadie habla de las consecuencias psicológicas; afirmaba que mucha gente “tapa” lo que pasa post-intervención y mencionaba todo el tiempo que se estaba gestando un bebé.

“Según mis cálculos, estás como de ocho semanas. Si tuvieras 35 años, hubieras buscado por cinco años el bebé y fuera deseado, me estarías mostrando la ecografía y me dirías que es un embarazo de ocho semanas. Como no es deseado, pensás que no es un bebé pero tienes una existencia dentro tuyo”, decía.

También decía que entendía que la situación podía ser difícil (“sé cómo está el país”) pero que ellos podían ayudar: “Mirá, nosotros, si la persona decide seguir adelante con el embarazo y tiene necesidad económica, nos comprometemos a darle pañales hasta que el nene tiene un año, ropita, cuna, cochecito (todo usado, pero nos comprometemos) y le vamos a dar un lugar de contención. Tenemos algunas psicólogas y acompañamos”.

Cada vez que volvía a mencionar cómo había llegado a este número teléfonico si estaba buscando un número para abortar, quien estaba del otro lado cambiaba el tema. Decía que por “cosas de la vida”, que por “caminos extraños”, y hacía alguna pregunta más para convencer y dilatar.

La llamada terminó con una promesa de su parte: “¿lo pensás unos días? No hagas nada. Tomate un tiempo. En dos días te vuelvo a llamar”.

¿El CAM San Isidro haría lo mismo? ¿Admitiría no ser un centro IVE de entrada y luego te llamaría para disuadir? Sólo quedaba probar.

 

CAM San Isidro: dilación y a esperar

Una, dos, tres veces y el resultado es el mismo: tono telefónico constante, una llamada que no se concreta, un contestador automático que dice que en minutos te atenderán.

Los tiempos del CAM San Isidro tampoco concuerdan con el periodismo y, mucho menos, con la desesperación de alguien que busca ayuda para abortar.

Horas después, un mensaje de Whatsapp, la oportunidad perfecta para conocer si este CAM diría lo mismo que el de Capital Federal:

―Hola. Me llamaste.

―Hola. Sí, me pasaron este número desde otro contestador automático. Estoy buscando un centro IVE para abortar pero me avisaron que ustedes no lo son. Perdón las molestias.

Nosotros atendemos a las chicas que quieren interrumpir sus embarazos.

―¿Mediante pastillas o con qué método? ¿Es un lugar seguro?

Te van a hacer una entrevista y después verás los pasos a seguir. Si querés te coordino un turno y consultás. Estamos en Márquez y Panamericana. ¿De cuánto estás?

―Ah, me queda un poco lejos.

―¿Querés en capital? Te paso el contacto.

―Lo que pasa es que hablé con el centro de capital y me dijeron que no son centro IVE (centro de interrupción voluntaria del embarazo).

―Ellas te dan toda la información. Decime tu nombre y te van a contactar.

En San Isidro no dijeron en ningún momento, como en el CAM Capital Federal, que no realizan abortos. Tampoco dijeron que sí. Ante la pregunta de los métodos, la respuesta era una entrevista previa. Preferían dilatar.

Las maneras de cooptar de estas redes, sus métodos y qué hace el feminismo con ellas.

Según pudo averiguar Agostina en 2020, hay dos formas de caer en los Centros de Ayuda a la Mujer: por un lado, podés ser víctima de estos grupos pro-vida buscando ayuda en los perfiles falsos pro-aborto que crean en redes sociales, o podés llegar por recomendación de una Iglesia u organización cristiana.

En 2024, en Argentina, los perfiles falsos pro-aborto no están muy activos en redes. Embarazo No Deseado, por ejemplo, no postea desde 2023, aunque su cuenta sigue activa. Pero el modus operandi de los CAMs sigue siendo el mismo: dilatar la decisión, asustar, convencer de no abortar.

El programa de Salud Sexual de la Provincia de Buenos Aires conoce este modus operandi y asegura a Distintas Latitudes que las denuncias sobre estos lugares empezaron a llegarle mayoritariamente después del 30 de diciembre de 2020, cuando se aprobó la ley del aborto legal.

Giselle Stablum, médica generalista y coordinadora del acceso al aborto del Programa, contó a este medio que conocen de la existencia de estos centros en municipios como Lanús o San Miguel, en Provincia de Buenos Aires. No obstante, dice que es difícil desmantelarlos ya que  las mujeres que pasaron por esos lugares deben hacer una denuncia legal y, por lo general, no lo hacen por temor o  vergüenza.

De todas maneras, a través de charlas con sus víctimas, el Programa ha podido documentar el proceder de estos supuestos centros de ayuda.

“La folletería que entregan estos lugares no está firmada por nadie y, por lo que sabemos, estos espacios contactan a las víctimas por redes sociales (Facebook o Google) y lo que hacen es dilatar la situación para que, cuando la decisión esté tomada, ya no se pueda ejecutar. Un modus operandi que encontramos fue este: el de dilatar, dilatar, dilatar”.

El programa de salud sexual de la Provincia de Buenos Aires no es el único que conoce la existencia de estos sitios. También lo hacen organizaciones feministas como Socorristas en Red, la Red de Profesionales de la Salud por el Derecho a Decidir o Amnistía Internacional.

Sin embargo, al ser consultados sobre estos lugares, estas organizaciones coinciden en algo: no se dedican a desmantelarlos porque su trabajo es garantizar el aborto legal y acercar a las personas a los centros correctos, no perseguir o mapear a quienes quieren engañarlas.

Julieta Bazán, de la Red Profesionales por el Derecho a Decidir, dice al respecto: “Nosotras, como red, conocimos estas organizaciones a partir de la demanda que tenemos en el consultorio de salud sexual integral. Cuando damos cuenta de estos lugares, elevamos el caso a la Justicia para que intervenga y damos aviso al Ministerio de Salud de la Nación y al Programa de Salud Sexual de la Provincia de Buenos Aires”.

Para hacer frente a estos centros, crearon un recursero online público de lugares seguros (y feministas) para abortar. “Chequeamos que estos efectores garanticen abortos feministas, lo que quiere decir abortos con buen manejo del dolor, sin violencia obstétrica y con profesionales que no decidan por vos, que no te obliguen a ver el producto de la expulsión ni descarguen su ideología o religión en la persona que va a abortar”.

Argentina, los CAMS y el aborto: 2024, la realidad actual

Es 2024, el aborto es legal en Argentina pero, como comprobó Distintas Latitudes, la situación no es muy distinta a 2020 en cuanto a los CAMs. Los números telefónicos que aparecen en el directorio de Heartbeat International siguen en funcionamiento y, al llamarlos, no dicen de entrada que no te ayudarán a abortar.

Además, el Presidente Javier Milei, que asumió el 10 de diciembre del año pasado, se ha expresado en numerosas ocasiones en contra del aborto, al que califica de “asesinato agravado por el vínculo” y Rocío Bonacci, diputada nacional por la Libertad Avanza (el partido gobernante en el momento), presentó en febrero de 2024 un proyecto para derogar la ley de Interrupción Voluntaria del Embarazoaunque luego tuvo que salir a aclarar que era iniciativa suya personal y no del Poder Ejecutivo en su totalidad―.

Ya dijo Simone de Beauvoir que “bastará una crisis política, económica o religiosa para que los derechos de las mujeres vuelvan a ser cuestionados. Estos derechos nunca se dan por adquiridos, debéis permanecer vigilantes toda vuestra vida”. ¿Será más fácil para los grupos antiaborto operar en la realidad actual, mientras los grupos feministas deben ocuparse de garantizar un derecho que podría no estar realmente asegurado, aunque desde fines de 2020 el aborto sea legal? 

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Esta investigación fue realizada con el apoyo de la International Women’s Media Foundation (IWMF) como parte de su iniciativa de Derechos Reproductivos, Salud y Justicia en las Américas.

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Argentina, 1993. Periodista y productora de contenidos digitales. Disfruta las crónicas periodistícas tanto como un buen producto audiovisual. Hoy es jefa de redes sociales en El Destape web y radio. Fue coordinadora de producción digital en C5N y trabajó en otros medios nacionales como IP Noticias o medios regionales como Distintas Latitudes y Radio La Pizarra.