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El equilibrio entre las personas y el bosque es una de las principales preocupaciones de varias ONGs en la Amazonía brasileña, un territorio que ha acogido a miles de migrantes venezolanos durante los últimos años. Con la enseñanza de oficios y el estímulo a proyectos de conservación ambiental y agricultura familiar, integran a venezolanos para asegurar el futuro ambiental de la región.  


Por Liliana Rivas 

 

Frank Barreto siempre se ha considerado a sí mismo un peregrino. Tiene 44 años y gran parte de su vida ha transcurrido en los caminos que conectan los caseríos entre Bolívar y Delta Amacuro, al sur de Venezuela. Se crio en El Rosal, un pueblo de campo rodeado de naturaleza en Delta Amacuro, uno de los estados de la Amazonía venezolana territorio de pueblos indígenas como el warao. Frank no es indígena, pero creció rodeado del acervo cultural indígena. 

La vida lo llevó a San Félix, en el estado Bolívar; luego a Maturín; en Monagas; y finalmente un giro inesperado lo arrastró directo a Boa Vista, capital del brasileño estado de Roraima, puerta de entrada de cientos de migrantes venezolanos. De las más de 7,7 millones de personas que han salido de Venezuela, 510 mil 499 estaban en Brasil hasta noviembre de 2023, de acuerdo con estadísticas recientes de la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V). Pese a las diferencias culturales y de idioma, Brasil se ha convertido en el tercer país de acogida de migrantes venezolanos en la región.

Frank era electricista y el pilar económico de su familia en Venezuela. La crisis social y económica que ha afectado al país durante la última década, con una escalada sin precedentes de la inflación y una caída abrupta de la producción y el poder adquisitivo, lo obligó a migrar. Así, se convirtió en un migrante más, un rostro entre la multitud de venezolanos que buscan un nuevo hogar. Sin embargo, a pesar de la distancia, conserva un vínculo inquebrantable con su tierra natal: los extensos bosques que comparten Venezuela y Brasil, un recordatorio constante de sus raíces.

La Amazonía es una región compleja en donde convergen no sólo una amplia diversidad de ecosistemas, sino también un crisol de pueblos de diversas culturas y procedencias. Sostener un equilibrio entre las personas y la naturaleza en una frontera viva ahora mucho más concurrida debido a factores como la migración aunque parece una tarea muy difícil, no es imposible, o al menos eso considera el equipo de Famazonía, una fundación independiente que opera desde el inicio de la pandemia del lado brasileño de la frontera y a la que recurrió Frank en busca de ayuda para un nuevo comienzo.     

Famazonía opera en la Amazonía brasileña, ubicada en el extremo noroeste de Brasil, una zona protegida compuesta por nueve estados. Según un informe de febrero de 2023 de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), la localidad de Pacaraima, en el estado de Roraima concentra la mayor cantidad de entradas y salidas de venezolanos. De acuerdo con los registros del mismo año de la Policía Federal, 20% de los residentes activos de otra nacionalidad son venezolanos, más que ninguna otra. 

La fundación, con sede en el estado Amazonas de Brasil, tiene trazado como objetivo principal trabajar en contra de uno de los principales problemas ecológicos que afecta la región: la deforestación indiscriminada. “La deforestación es el núcleo de un problema mayor que denominamos impacto social. En la Amazonía habitan alrededor de 50 millones de personas, una realidad que no podemos ignorar”, comenta Joabe Cardoso, secretario general de la fundación. 

La Reserva Forestal Adolfo Ducke es un área protegida de 10.000 hectáreas de la selva-amazónica en las afueras de la ciudad de Manaus, Brasil. Cortesía Famazonía

El monitoreo del Proyecto Andino Amazónico revela que, en 2022, la Amazonía brasileña perdió 1,4 millones de hectáreas de bosque primario a causa de la deforestación por la ganadería y la expansión de la agroindustria, así como también el aumento de incendios en la región. 

Esta cifra representa un aumento del 20,5% con respecto a 2021 y la tasa más alta desde los años pico de 2002 a 2005. Sin embargo, la misma plataforma indica que la pérdida de bosques se redujo 55,8% entre 2023 (911.740 hectáreas) y 2022 (2.062.939 hectáreas). La comparación con 2020 (2.823.475 hectáreas) es aún más sorprendente, mostrando una caída de más de dos tercios (67,7%).

Pero no podía ser una lucha de un solo frente. Cardoso dice que había que abordar de alguna manera el tema social, así que comenzaron a hacer alianzas que les permitieran ampliar su alcance dentro de las comunidades. 

La ruta migratoria de Frank 

Frank llegó con su hijo hace dos años, luego de recibir el impulso por parte de familia y amigos que habían emigrado antes a Brasil. Partió desde Maturín hasta Bolívar y luego a Paracaima, Brasil. Su travesía duró 24 horas entre buses y caminatas. 

Luego de cuatro meses en la frontera, decidió decirle a su esposa que también migrara aunque su futuro era incierto. “Necesitaba el apoyo de mi familia”, comenta. Allí, juntos, tuvieron el primer contacto con las organizaciones religiosas que, en el corazón de los bosques amazónicos, juegan un papel fundamental como mediadoras entre las comunidades, los grupos políticos, el gobierno y los grupos armados en la región.

Fue ADRA (Agencia Adventista de Desarrollo y Recursos Asistenciales) la organización que puso a Frank en línea directa con Famazonía, luego de ayudarlos a trasladarse a Boa Vista, donde pudieron establecerse mejor. “Yo solo era un migrante más, sin hablar el idioma, sin medios para sostenerse económicamente y con mi esposa angustiada por la falta de adaptación. Para mí, esta era una oportunidad para salir adelante”, relata.

Al llegar a Brasil, Famazonía ofrece a los migrantes venezolanos la oportunidad de adquirir nuevas habilidades y desarrollar su mano de obra a través de talleres de dos meses en oficios útiles: cerrajería, artesanía, entre otros. En el caso de Frank, le reforzaron sus conocimientos como electricista. Esto le permitió empezar a trabajar en el país, a la vez que le incentivó el aprendizaje del idioma portugués y les brindó el apoyo con guías legales para regularizar su situación migratoria. 

“No puedo imaginar lo que significa tener que dejar atrás tu país, tu cultura y tu familia”, expresa el secretario general de Famazonía. El programa se basa en la colaboración entre la población local y los primeros migrantes que llegaron al país y se han unido al proyecto. “Estamos preparando a sus hermanos y hermanas, y ver cómo funciona el proyecto realmente nos llena de emoción”, continúa.

Conservación y agricultura familiar

Sin perder de vista la realidad de los estados amazónicos, apoyan su trabajo social además en dos pilares fundamentales: la conservación y el desarrollo de proyectos enfocados en la agricultura familiar. Los resultados se materializan en cursos de capacitación para el cuidado del ambiente, buscando la estabilidad económica para las familias de la región. Famazonía demuestra cómo el medio ambiente puede ser una fuente de ingresos sin necesidad de deforestar, a través de proyectos de plantación que evalúan las necesidades de cada productor.

Atención a comunidades locales y migrantes en la escuela Neuza dos Santos Ribeiro Boa Vista, Brasil. Cortesía Famazonía

A través de esta iniciativa, la organización atiende a un promedio de 80 familias locales por año, lo que representa alrededor de 500 personas. Sin embargo, esperan llegar a al menos a 1.000 familias en los próximos dos años.

“Desde que iniciamos nuestras actividades hasta la fecha, hemos logrado un aumento del 40% en la producción. Se han enseñado y aplicado técnicas de gestión, aprovechamiento del suelo y de la lluvia e, incluso, se ha canalizado el agua de lluvia para ayudar en el cultivo. También se han proporcionado cajas de agua para almacenamiento y uso familiar. En cuanto a refugiados, pueblos indígenas y apoyo a comunidades aisladas, hemos podido atender a 80.000 personas en estos tres años”, comenta Sarah Mussury, coordinadora socioambiental de Famazonía.

Dentro de los bosques amazónicos, el ejército de Brasil se encarga de combatir principalmente el narcotráfico. Por esta razón, la organización también ha establecido vínculos con el gobierno, aunque sus fondos provienen de organizaciones privadas. Uno de sus socios estatales es la Cooperativa Mixta de Productores Rurales del Proyecto Asentamiento Tarumã Mirim (Copasa).

Gracias a esta alianza, Famazonía lleva adelante el proyecto “Santuario de Semillas”, en el que se cultivan plántulas que luego se trasplantan a las áreas de cultivo, tierras trabajadas por los agricultores locales. De esta manera, se reduce el tiempo de crecimiento de las plantas en un 50%. Esto garantiza que las plantas sanas se encuentren siempre en su máximo nivel de producción y desarrollo, mitigando así las plagas que pueden destruir el inicio de sus ciclos.

“No traemos nada del Bosque Atlántico a la Amazonía”, explica Joabe. “Las dos plantas más importantes que cultivamos en este momento son el açaí y el copoazú, una planta de la misma familia que el cacao utilizada para la elaboración de chocolate. Ambas son nativas de la región. Queremos expandirnos a dos estados más este año: Roraima y Pará. Estos estados representan desafíos y oportunidades únicas”.

Roraima, un estado clave para la expansión debido a su frontera con Venezuela, ofrece oportunidades para el desarrollo de proyectos futuros. En Pará, la situación es crítica: solo el 5% del bosque original permanece intacto. Las familias locales enfrentan problemas similares a los del Amazonas, pero sin soluciones claras. El proyecto de Famazonía tiene como objetivo ayudar a cultivar plantas nativas y reforestar la región, con la esperanza de restaurar el 90% del bosque original.

“Lo más importante es el conocimiento que les ofrecemos gratuitamente a todos sobre cómo cultivarlas utilizando los recursos que ofrece el bosque. Enseñamos cómo usar la lluvia a tu favor, cómo cuidar bien el suelo y cómo hacerlo sin necesidad de deforestar”, añade Joabe.

La integración, pilar para el desarrollo sostenible

En noviembre de 2023, Famazonía, en colaboración con Aldeias Infantis SOS, llevó a cabo una visita al Jardín Botánico de Musa, en Manaos, con niños y adolescentes migrantes y refugiados venezolanos como parte del proyecto “Súper Panas”. Este refugio acoge a niños y niñas que han sufrido abusos físicos y psicológicos.

Niños realizan actividad de prevención de maltrato infantil. FAMAZONIA en colaboración con Aldeias Infantis SOS criancas a través del proyecto Super Panas con migrantes venezolanos. Cortesía Famazonía

Según el último informe “La infancia en peligro” de Unicef, cerca de 9.000 refugiados y migrantes indígenas venezolanos residen en Brasil y la mitad de esta población son niños, niñas y adolescentes. 

Solo 20% de los niños, niñas y adolescentes warao venezolanos (el mayor grupo de migrantes indígenas en Brasil) asisten a la escuela, de acuerdo con OIM, lo que representa aproximadamente la mitad de la tasa promedio de asistencia escolar de los migrantes venezolanos no indígenas.

Frank relata lo duro que es el primer contacto para los niños: “Cuando llegamos mi esposa estaba desesperada, decía que en la escuela donde mi hijo menor iba a estudiar no le iban a entender nada, pero en el amor estaba la fortaleza, y en ser pacientes. Ahora mi hijo estudia y habla portugués como el resto de sus hermanos”.

Esta iniciativa con Aldeias Infantis SOS fue solo un hito en el proyecto ambiental de la fundación, que cree que este tipo de iniciativas pueden ser una herramienta para la integración social de los desplazados, incentivando además la preservación ambiental de la región. Famazonía se sostiene actualmente con trabajo voluntario, pero espera integrar en el futuro una base sólida de migrantes que puedan contribuir a su causa socioambiental.

“Una de las mayores dificultades de los proyectos es la locomoción y la donación. Muchos de nuestros proyectos se encuentran en comunidades muy alejadas de nuestra capital, por lo que tenemos que tomar un coche, un barco o una canoa para visitarlas, comprender el área y sus necesidades”, comenta Sarah.

Germán Pirela, antropólogo del Grupo de Investigaciones de la Amazonía (GRIAM), explica que los humanos y el ambiente están interconectados. La conservación no solo se limita a la naturaleza, sino que también abarca aspectos sociales, culturales, económicos y políticos, pues se trata de territorios habitados. 

“Es crucial considerar siempre a las comunidades locales, pues son ellas quienes gestionan y preservan su territorio. Sin duda, la integración puede ser un objetivo, pero dependerá del interés y conocimiento de las comunidades migrantes sobre estos temas, su viabilidad, la sostenibilidad de esa acción y que esto resulte verdaderamente beneficioso para ellos”, concluye.

Joabe Cardoso, secretario de Famazonía, encontró a una familia venezolana ―padre, niños pequeños y esposa enferma― que llevaban caminando tres meses mientras conducía por el bosque. Les ofreció un aventón. “Cuando la gente escucha Famazonía, piensa que cuidar a las personas en la naturaleza es algo lejano. El desafío es entender que el bosque no está aislado de la realidad. ¿Quiénes somos los humanos y la naturaleza? Ese es nuestro mayor reto”, comenta.

Aunque extraña mucho su país, Frank no descarta la posibilidad de integrarse a la división central y ecológica del proyecto: “Creo que sería muy positivo para nosotros (los migrantes) poder colaborar con la iniciativa ambiental. Claro, para ser voluntarios tendríamos que estar más estables, pero imagínate si esto nos puede ayudar económicamente, siento que muchos se sumarían también”. 

La resolución de la crisis política y económica en Venezuela resulta incierta a corto y mediano plazo; lo que pronostica que el tránsito migratorio hacia el noroeste de Brasil puede continuar transformando el corazón de la selva por algunos años más. Integrar a los migrantes en los proyectos que abogan por la conservación y preservación de la naturaleza puede generar un impacto humanitario más plausible en el tiempo. Para esta iniciativa, la integración hombre-bosque es la única posibilidad para un futuro próspero en la región. 

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Estudiante de comunicación social de la Universidad de los Andes que desde una ciudad pequeña decidió ejercer como periodista independiente. Empezó a escribir y escuchó más allá de los problemas diarios. Colabora con los medios digitales Cinco8 y Caracas Chronicle, forma parte de la Red de Periodistas Venezolanas y del proyecto “El Bus TV”, fue becaria de la Escuela Virtual CONNECTAS de periodismo de investigación en América Latina y el Caribe. Forma parte de la Red Mexicana de Periodistas de Ciencia como miembro correspondiente. Ha cubierto temas socioeconómicos, de desarrollo científico y ambiental. Confía en el periodismo de investigación que se apoya en la ciencia y tiene un impacto positivo en la sociedad. Principiante en fotografía documental.

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