Mónica es una trabajadora del sector salud que vivió la llegada de la pandemia de Covid 19 en uno de los hospitales más grandes de la Ciudad de México. Su conmovedor relato nos habla de una triple lucha: por salvar la vida de los pacientes, por evitar contagiarse pese al riesgo e inseguridad laboral y por dignificar al gremio.


 

Por Sandra Romero Flores y Marisol Sofía Yañez García

Esta pieza audiovisual fue producida durante el programa de capacitación TechCamp MX 2021, una iniciativa de Chicas Poderosas México en alianza con la Embajada de Estados Unidos en México.

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México es el país de América con la cifra más alta de muertes por Covid 19 en trabajadores de la salud. De marzo de 2020 a septiembre de 2021, se contabilizaron 4 mil 433 fallecimientos en este sector. Este dato no pasó desapercibido a nivel internacional, pues la Organización Panamericana de la Salud ubicó a México como el primer lugar, con más de 4 mil defunciones entre el personal sanitario.

Desde el inicio de la pandemia, trabajadoras y trabajadores de diversos centros hospitalarios expresaron el temor de enfrentar sin los insumos adecuados a un virus del que poco se conocía. Con el paso de las semanas se manifestaron para exigir el equipo necesario. 

Aún sin el equipo pertinente, las trabajadoras de la salud se comprometieron a la atención de miles de pacientes, aunque ello significara poner en riesgo su vida y la de sus familias. Esta situación las llevó incluso a sacrificar sus propios ingresos, pues de su precario sueldo debieron destinar una parte para la adquisición de equipo de protección.

La presencia femenina en el sector salud es mayoritaria y las mujeres asumen la carga adicional de trabajo, pues no solo brindan atención médica, sino también acompañan a sus pacientes en cuestiones personales, domésticas y familiares. 

“No solamente es la atención o trabajo que tienes que realizar en el área profesional, sino la atención a los hijos, la atención a los papás, a todas esas áreas domésticas en donde nos han reclutado a las mujeres.

“La saturación de camas fue terrible, veíamos llegar a las personas pidiendo ser hospitalizadas y ya no en condiciones en donde pudiera dársele una esperanza a los familiares sino que llegaban en muy malas condiciones”.

Así, ante la emergencia, empleados sanitarios desarrollaron mecanismos organizativos para enfrentar de forma menos agresiva el impacto de lidiar con miles de contagios y muertes.

Con la pandemia, el personal sanitario catapultó la lucha por condiciones laborales dignas que había quedado en el olvido. Las comisiones de seguridad e higiene volvieron a ser exigidas, como una forma de honrar a sus compañeras y compañeros fallecidos y que el ritmo vertiginoso y estresante de la atención médica no les permitió llorar.

 

 

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